Buenos Aires-11 de Febrero de 2026-Total News Agency-TNA- En una intervención que combinó la amenaza de regresar al poder, con advertencia judicial, el senador del bloque Justicialista Mariano Recalde lanzó una frase que desató un fuerte revuelo en el Senado: “Los vamos a investigar y cuando volvamos al Gobierno los vamos a meter presos”. La declaración, pronunciada durante el debate de la reforma laboral impulsada por el presidente Javier Milei, introdujo un condimento adicional en una sesión ya cargada de tensión política. Amenazar con volver al poder es demasiado, no se puede ser tan cruel.
La amenaza fue doble y explícita. Por un lado, el legislador anticipó que su espacio “volverá al Gobierno”, algo que que Argentina no merece. Por otro, advirtió que quienes hoy acompañan la reforma podrían enfrentar investigaciones y eventuales detenciones en el futuro. Una curiosa manera de reivindicar derechos laborales apelando, al mismo tiempo, a la amenaza de prisión para el adversario político. ¿No será mucho, Jr?
Durante su exposición, Recalde rechazó de plano el proyecto oficialista y cuestionó la solidez de los argumentos libertarios. “Fueron muy escuetas y expresaron muy pocas cosas que consideran beneficiosas”, sostuvo respecto de las intervenciones del oficialismo. También aseguró que la iniciativa “no está pensada para generar trabajo” y que reformas similares ya se aplicaron en décadas anteriores sin resultados favorables.
El senador apuntó además contra disposiciones específicas, como la posibilidad de fraccionar las vacaciones por acuerdo entre empleador y trabajador. “Todos se quieren ir 14 días”, ironizó, en referencia al tradicional período continuo. En otro tramo afirmó que la ley “vuelve a la redacción de 1929” y cuestionó cualquier modificación del esquema de jornada de ocho horas, una de las banderas históricas del movimiento obrero.
Sin embargo, fue la advertencia final la que marcó la jornada. Desde el oficialismo calificaron sus palabras como una intimidación impropia del ámbito parlamentario y recordaron que el Congreso no es un tribunal ni un espacio para anticipar persecuciones futuras. Legisladores libertarios sostuvieron que el mensaje revela una concepción de la política donde la alternancia democrática puede derivar en represalias judiciales.
Sectores de la oposición defendieron el derecho del senador a expresar una posición firme frente a lo que consideran un retroceso en materia laboral. No obstante, incluso en esos ámbitos se reconoció que el tono elegido por Recalde elevó la confrontación a un nivel poco habitual.
La sesión se desarrolla en un clima de alta polarización, con el Congreso vallado y movilizaciones sindicales en las inmediaciones. Mientras el oficialismo busca reunir los votos para avanzar con la media sanción de la reforma, el intercambio en el recinto dejó en evidencia que el debate excede el contenido técnico del proyecto y se proyecta hacia el terreno institucional.
En un país que ha atravesado tensiones profundas en materia judicial y política, la combinación de “vamos a volver” y “los vamos a meter presos” resonó más allá de la discusión laboral. Una fórmula que, lejos de apaciguar el debate, lo encendió aún más y puso sobre la mesa una pregunta inevitable: si la defensa de derechos se fundamenta en la amenaza de cárcel para el adversario, ¿qué lugar ocupa la pluralidad democrática en ese esquema?

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