Buenos Aires-12 de Febrero de 2026-Total News Agency-TNA — La sesión que terminó con la aprobación en general de la reforma laboral en el Senado dejó, además del resultado parlamentario, una escena de máxima tensión política y verbal entre el oficialismo y el bloque de Unión por la Patria. La jefa de la bancada de La Libertad Avanza, Patricia Bullrich, fue la última oradora antes de la votación y utilizó su intervención para cruzar con dureza al formoseño José Mayans, jefe del interbloque peronista, tras las críticas del opositor al Gobierno y al presidente Javier Milei y luego de que el senador comparara la “ley de modernización laboral” con una frase asociada a los campos de concentración nazis.
Con tono serio y en un discurso breve, Bullrich agradeció a la presidenta del cuerpo, Victoria Villarruel, y afirmó que hablaría “no” para responder personalmente a Mayans sino “al Cuerpo”, luego de lo que calificó como “insultos y agravios” contra el Presidente y el Ejecutivo. En esa línea, lanzó una frase destinada a instalar un contraste político y judicial: sostuvo que “la única persona que está presa en la Argentina” es la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner, y agregó que se trata de un caso que —según su postura— “hace quedar muy mal en el mundo” a la Argentina por tratarse de una condena por corrupción. El pasaje encendió reacciones en el recinto y elevó el tono del intercambio en el tramo final de una jornada marcada por discusiones reglamentarias, cambios de último minuto y acusaciones cruzadas.
La temperatura escaló cuando Bullrich fue interrumpida desde la banca de Unión por la Patria. La senadora mendocina Anabel Fernández Sagasti, sentada cerca de Mayans, intervino durante la exposición y la jefa libertaria reaccionó de inmediato: “Callate la boca porque no podés hablar. Estoy hablando yo”, en una frase que resonó en el recinto y que luego reforzó con un pedido directo a la conducción: reclamó que Villarruel “ponga orden”. El episodio sintetizó el clima de confrontación de la sesión extraordinaria y dejó expuesta la dureza del cierre político antes de la definición.
El detonante del enojo oficialista había sido una comparación formulada por Mayans instantes antes, al cuestionar el contenido y el trámite del proyecto. El senador sostuvo que el texto se denomina “ley de modernización laboral” y lo vinculó con la expresión “el trabajo libera”, asociada históricamente a campos de concentración, para advertir —en su interpretación— sobre el uso de eufemismos y promesas que, a su juicio, encubren un retroceso. En medio de ese tramo, Bullrich pidió una interrupción, pero Mayans no la concedió. Le respondió que lo dejen hablar y, ante la insistencia, marcó que no lo interrumpan porque, de lo contrario, él haría lo mismo cuando ella hablara. En otra frase que graficó el clima de la Cámara, le advirtió que “acá no está la policía”, en alusión a lo que consideró una intención de cortar su discurso.
Más allá del cruce, Mayans dedicó buena parte de su intervención a denunciar supuestas irregularidades en el tratamiento. Habló de un “avasallamiento” del reglamento del cuerpo y cuestionó la velocidad del trámite, al sostener que el tratamiento “exprés” de una reforma de alto impacto institucional constituye un “mal ejemplo” si “en la casa de las leyes no se cumple la ley”. Además, calificó como “inconstitucional” la dinámica de modificaciones y criticó que el proyecto no haya sido consensuado con sectores opositores y con la CGT, señalando que —según su relato— se incorporaron decenas de cambios en la madrugada para asegurar quórum y votos. En ese marco, denunció una “ensalada” normativa y afirmó que se trabajó “a las apuradas”, con un método que consideró una falta de respeto hacia la ciudadanía.
La respuesta de Bullrich buscó, en cambio, encuadrar el debate como una disputa de fondo sobre el modelo laboral y político. Planteó que la reforma se inscribe en una “batalla” legislativa largamente intentada en gobiernos democráticos anteriores y apuntó contra lo que el oficialismo describe como una estructura obsoleta y una “telaraña” normativa que, en su visión, impide avanzar hacia un mercado de trabajo más previsible. En esa lógica, el choque discursivo del cierre reflejó el estado de polarización con el que el proyecto salió de la Cámara alta y anticipó un trámite en Diputados atravesado por la misma dinámica: negociación voto a voto, controversias reglamentarias y un debate público que excede el texto de la reforma y se proyecta como disputa política mayor.





