Buenos Aires-12 de Febrero de 2026-Total News Agency-TNA — En una sesión extraordinaria maratónica que se extendió por más de trece horas y rozó las dieciséis según los tramos finales de votación, el oficialismo de La Libertad Avanza y los bloques dialoguistas lograron aprobar en el Senado el proyecto de reforma laboral impulsado por la administración de Javier Milei. La iniciativa obtuvo 42 votos afirmativos y 30 negativos, con 72 legisladores presentes, y quedó ahora en manos de la Cámara de Diputados, donde el Gobierno buscará convertirla en ley sin que el texto sea reabierto con modificaciones que obliguen a una segunda revisión en la Cámara alta.
La votación en general marcó el punto de inflexión político para el oficialismo en el inicio del año parlamentario: libertarios y aliados consiguieron relegar al kirchnerismo, sostener la disciplina interna y llegar al umbral de respaldo necesario para una media sanción de alto impacto. Sin embargo, el tramo decisivo se jugó en la votación en particular, con 26 títulos que obligaron al armado oficialista a operar con precisión para evitar deserciones y administrar cambios que ingresaron en las últimas 48 horas, en medio de idas y vueltas de la Casa Rosada que tensaron a los aliados.
Entre los retoques de último momento, el Gobierno descartó el artículo que contemplaba un alivio en Ganancias para grandes empresas, un punto que, en la lectura política, evitó un costo fiscal adicional y descomprimió reclamos de provincias por recursos. Al mismo tiempo, el Ejecutivo incorporó guiños para contener a sindicatos y cámaras empresariales, con la continuidad de aportes compulsivos, aunque con topes más bajos que en los borradores iniciales. También se mantuvo el 6% destinado a obras sociales, un elemento clave para el sistema de salud sindical y uno de los ejes de negociación para morigerar el conflicto con el mundo gremial.
Otro capítulo sensible fue el Fondo de Asistencia Laboral (FAL), vinculado al esquema de indemnizaciones. El oficialismo defendió que el fondo no sustituye el régimen vigente, pero sí busca amortiguar costos y reducir litigiosidad. En la discusión se introdujeron cambios para moderar el diseño original, y se abrió un debate sobre su administración y control. En paralelo, se ajustaron plazos para estatutos sectoriales que el Gobierno había intentado desarmar: el esquema pasó de una intención inicial más rupturista a un cronograma gradual, con ventanas de adaptación que terminaron en un año, según lo aprobado.
La jornada incluyó un componente institucional que generó controversia: el oficialismo incorporó como anexo el traspaso de la justicia laboral a la Ciudad de Buenos Aires, un movimiento cuestionado por la oposición por haber ingresado “por la ventana”, sin un tratamiento específico previo en comisiones ni ampliación formal del temario de extraordinarias. Ese agregado, además, reactivó tensiones internas en la conducción parlamentaria y fue leído como un nuevo cortocircuito entre la vicepresidenta Victoria Villarruel y la jefa del bloque libertario en el Senado, Patricia Bullrich, quien además actuó como miembro informante y titular de la comisión de Trabajo.
El debate en el recinto exhibió el contraste de posiciones. Desde el oficialismo y los aliados se insistió en que la reforma apunta a dar previsibilidad y seguridad jurídica, reducir la “industria del juicio” y bajar el temor empresario a litigios que, argumentaron, frenan contrataciones y empujan a la informalidad. Enfrente, el kirchnerismo advirtió que una reforma flexibilizadora no garantiza creación de empleo y anticipó que, si el proyecto se convierte en ley, impulsará cuestionamientos judiciales por entender que vulnera principios del derecho laboral.
La discusión también se calentó con cruces personales. En el tramo final, Patricia Bullrich protagonizó un enfrentamiento verbal con el jefe del bloque opositor, José Mayans, en un intercambio que reflejó el nivel de polarización del debate. Hacia el cierre, Villarruel se retiró del recinto y la conducción quedó en manos del presidente provisional, Bartolomé Abdala, mientras el oficialismo consolidaba los últimos artículos con mayorías que variaron título a título, pero se mantuvieron suficientes para sostener el texto.
Mientras tanto, en el exterior del Congreso, las movilizaciones sumaron tensión política al debate, con incidentes que incluyeron agresiones a las fuerzas de seguridad y episodios de violencia callejera. Para el Gobierno, el escenario refuerza la apuesta por acelerar el tratamiento en Diputados, donde el oficialismo buscará blindar el proyecto y evitar modificaciones que devuelvan el expediente al Senado y dilaten la sanción definitiva.
Con la media sanción ya obtenida, el Ejecutivo se encamina a una negociación intensa en la cámara baja para asegurar números, sostener a los bloques dialoguistas y cerrar fisuras sobre puntos sensibles como aportes compulsivos, el diseño del FAL y el anexo sobre justicia laboral. La reforma laboral, que el Gobierno presenta como una pieza central de su agenda de transformación, entra así en su etapa decisiva: el trámite en Diputados definirá si la administración de Javier Milei convierte esta media sanción en su primera gran ley laboral desde el retorno de la democracia.

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