Buenos Aires-12 de Febrero de 2026-Total News Agency-TNA — Una escena inesperada quebró por segundos la lógica de bloques en la Cámara de Diputados: la diputada oficialista Lilia Lemoine, de La Libertad Avanza, aplaudió públicamente a Juan Grabois luego de que el legislador de Unión por la Patria reclamara avanzar con un proyecto para imponer un narcotest obligatorio a altos funcionarios del Poder Ejecutivo, legisladores nacionales, jefes policiales y jueces, incluidos magistrados de la Corte Suprema. El gesto, breve pero visible, fue seguido por otros aplausos desde bancas del oficialismo y quedó registrado en el cierre de una intervención cargada de tensión, reproches al Gobierno y cruces permanentes en el recinto.
La situación se produjo al final de una cuestión de privilegio en la que Grabois desplegó una exposición confrontativa, con acusaciones políticas y referencias a la marcha realizada en las inmediaciones del Congreso contra la reforma laboral votada en el Senado. El diputado, referente de Patria Grande, abrió su intervención con una crítica directa a los operativos de seguridad y sostuvo que en la represión de protestas “compiten entre jurisdicciones para ver quién es más sádico e inhumano”. También cuestionó la eficacia del Estado frente al narcotráfico y lanzó una frase que buscó instalar como idea-fuerza: que se “meten con la gente movilizada” mientras, según su mirada, los narcos cuentan con ventajas y tolerancia del poder.
En ese marco, Grabois redirigió el discurso hacia el eje drogas y política y pidió insistir con un proyecto impulsado por la diputada Natalia Zaracho para que el narcotest sea un requisito obligatorio y generalizado en la cúspide del Estado. Enumeró el alcance que, a su entender, debería tener la medida: “todos los diputados”, “todos los senadores”, jefes policiales, funcionarios “del presidente para abajo” en el gabinete y jueces, incluyendo a los integrantes del máximo tribunal. El planteo, formulado como una exigencia de control y transparencia, incluyó además una carga política: propuso el narcotest como herramienta para detectar vínculos, encubrimientos o financiamiento irregular asociado al narcotráfico.
Fue en el instante en que cerró esa enumeración cuando se produjo el gesto más llamativo: Lemoine comenzó a aplaudir con una sonrisa, en un movimiento que desconcertó a los presentes y, según relataron cronistas parlamentarios, arrastró a otros legisladores del oficialismo a acompañar el aplauso. El propio Grabois, sorprendido por el respaldo puntual, retomó la palabra para redoblar la provocación política: preguntó por qué no se incorpora ese debate y sostuvo que el narcotest permitiría “ver quién financia a los narcos”. Luego, agradeció expresamente a Lemoine por haber aplaudido el reclamo.
La intervención del diputado opositor estuvo atravesada por interrupciones y gestos de desaprobación. En particular, el legislador libertario Álvaro Martínez lo cruzó durante gran parte del discurso con gritos, ademanes y comentarios desde su banca, en una dinámica que elevó el tono del recinto y que obligó a reiterados llamados al orden. La secuencia dejó una postal contradictoria: el oficialismo cuestionando la exposición por su tono y contenido, mientras una de sus figuras más visibles convalidaba —al menos en ese punto— el núcleo de la propuesta.
El episodio se dio en una jornada parlamentaria donde la Cámara avanzaba con una agenda de fuerte sensibilidad política, con debates vinculados a reformas y temas de seguridad, en un clima de polarización que suele dejar poco espacio para coincidencias públicas. Por eso, el aplauso de Lemoine no sólo funcionó como gesto personal: también evidenció que la discusión sobre controles antidrogas en la dirigencia puede abrir grietas transversales, especialmente cuando se formula como demanda de “igualdad ante la ley” o como respuesta simbólica a la sospecha social sobre el poder.
En el plano político, el planteo de Grabois apuntó a golpear al Gobierno por lo que denominó “narcocapitalismo”, una etiqueta con la que buscó asociar negocios ilegales y complicidades institucionales. Desde el oficialismo, en tanto, el apoyo puntual de Lemoine fue leído en el recinto como una forma de devolverle la carga: si el narcotest es para todos, también alcanza a quienes acusan. Con todo, el momento dejó una conclusión inmediata: aun en sesiones dominadas por el conflicto, hay propuestas capaces de forzar coincidencias inesperadas, aunque duren apenas un aplauso.





