Morón, 18 de febrero de 2026-Total News Agency-TNA-Un avión Lockheed C-130H Hércules de la Fuerza Aérea Argentina, matrícula TC-66, regresó de emergencia a su base de la I Brigada Aérea tras sufrir una falla técnica cuando volaba hacia Natal, en Brasil, escala previa para continuar rumbo a Europa en una misión logística vinculada a la obtención de repuestos para la flota de cazas F-16 adquiridos por la Argentina. La aeronave, identificada como TC-66 “Polo Sur”, había despegado a primera hora del martes desde el área de El Palomar/Morón, pero debió girar de manera imprevista sobre el Océano Atlántico frente a la costa sur brasileña y retornar al país, tras un vuelo que se extendió por casi seis horas y que despertó preocupación en ámbitos militares y aeronáuticos por el perfil de la operación y el rol estratégico del aparato.

El episodio quedó expuesto públicamente por el seguimiento en plataformas de rastreo aéreo y por la difusión posterior de imágenes en redes sociales. En las últimas horas circuló un video de la aproximación y toma de pista que mostró un dato relevante: el motor número 1 —el turbohélice ubicado más a la izquierda, mirando desde la cabina hacia adelante— estaba detenido y con la hélice en posición de “bandera”, un procedimiento de seguridad que reduce al mínimo la resistencia aerodinámica cuando un motor es apagado o deja de entregar potencia, mejorando la estabilidad y el control del avión durante el regreso y el aterrizaje.
De acuerdo con reconstrucciones coincidentes, el Hércules partió cerca de las 8:02 y se dirigió hacia el noreste, cruzando Uruguay y luego internándose en el espacio aéreo brasileño. Tras sobrevolar áreas de Rio Grande do Sul y Santa Catarina, el avión avanzó hacia la latitud del estado de Paraná, prácticamente frente a la zona de Curitiba, donde se registró el cambio de plan: la aeronave viró hacia el sur, dejó atrás su proyección hacia Natal y enfiló de regreso a Buenos Aires. El giro se produjo cuando ya se encontraba sobre el mar, a la altura aproximada de la costa cercana a Florianópolis, según reportes de seguimiento del vuelo.
En redes especializadas se informó además un descenso brusco en altitud: el aparato habría pasado de unos 21.000 pies a 14.000 en pocos minutos antes de estabilizarse, manteniendo una velocidad de crucero cercana a los 230 nudos. En esos mismos reportes apareció una hipótesis operacional: problemas con el sistema de fluidos hidráulicos, un componente crítico en este tipo de aeronaves por su incidencia en mandos de vuelo, tren de aterrizaje y superficies de control. La Fuerza Aérea no confirmó esa falla específica, pero sí admitió una “novedad” técnica que impidió continuar la trayectoria prevista.
En un comunicado breve, la Fuerza Aérea Argentina precisó que el C-130H “debió regresar a su base de origen por una falla técnica”, y señaló que la misión había sido ordenada por el Comando de Adiestramiento y Alistamiento. La institución destacó que la tripulación detectó la anomalía en forma inmediata, aplicó los procedimientos operativos correspondientes y concretó un aterrizaje “correcto” sin mayores complicaciones, resguardando la seguridad del personal y de la aeronave. El retorno quedó completado cerca de las 14:34, cuando el avión tocó pista nuevamente en El Palomar, ya en configuración de emergencia con el motor afectado fuera de servicio.
El trasfondo de la operación explica el interés que generó el incidente. Distintos reportes indicaron que el destino final del vuelo era el Reino de Dinamarca, con el objetivo de trasladar repuestos y otros elementos logísticos para sostener la incorporación y el alistamiento de los F-16 comprados por la Argentina. En ese marco, el TC-66 no es un avión más: es uno de los Hércules de mayor protagonismo en misiones de apoyo estratégico, abastecimiento y despliegue, clave para cubrir distancias largas y sostener operaciones en entornos complejos.
La aeronave “Polo Sur” está asociada además a operaciones de alta visibilidad: transporte de provisiones y equipamiento hacia la base Marambio en la Antártida, misiones de rescate y repatriaciones. En el plano logístico de la modernización aérea, el mismo TC-66 fue utilizado para trasladar a la Argentina el primer F-16 arribado desde Dinamarca en diciembre de 2024, un antecedente que subraya el peso del avión como eslabón en la cadena de incorporación del sistema.
El episodio deja dos lecturas simultáneas dentro del ámbito de defensa. La primera, operativa: los procedimientos de seguridad funcionaron y el regreso se ejecutó sin daños personales reportados. La segunda, estructural: la dependencia de una flota limitada de transportes pesados para misiones críticas —incluida la obtención de repuestos y material para el programa F-16— expone vulnerabilidades cuando aparece una contingencia técnica. Con el avión ya en tierra, se aguarda el diagnóstico definitivo del motor afectado y del sistema asociado, así como la reprogramación de la misión logística, en un momento donde la disponibilidad real de medios suele ser tan decisiva como el anuncio de las compras.
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