Buenos Aires-19 de Febrero de 2026-Total News Agency-TNA La sesión de la Cámara de Diputados que abrió el tratamiento de la reforma laboral impulsada por el gobierno de Javier Milei arrancó este jueves con un clima de máxima tensión política y una escena que se volvió viral en redes: un cruce a los gritos entre la diputada oficialista Lilia Lemoine y la legisladora de Unión por la Patria Florencia Carignano, quien desenchufo los microfonos para frenar la sesión, en medio de la discusión por el plan de labor y la modalidad de votación definida por la presidencia del cuerpo. El episodio, difundido por la propia Lemoine, se transformó en una postal del tono con el que ingresó el Congreso a un debate que divide al oficialismo, a los bloques dialoguistas y a la oposición.
El conflicto estalló apenas alcanzado el quórum, cuando diputados de Unión por la Patria y del Frente de Izquierda se acercaron a la zona de la presidencia para reclamar por la votación “a mano alzada” del esquema de labor parlamentaria con el que el oficialismo pretendía ordenar la discusión. El presidente de la Cámara, Martín Menem, sostuvo el procedimiento y avanzó con la votación, lo que detonó gritos, pedidos de palabra y exigencias para que la definición fuera nominal, en un contexto en el que la oposición denunció un intento de “acotar” el debate y condicionar el trámite legislativo.
En ese marco, las imágenes que circularon durante la tarde exhibieron a Carignano protagonizando un fuerte intercambio en el recinto, con señalamientos del oficialismo de que la diputada habría manipulado conexiones y micrófonos vinculados al funcionamiento técnico de la sesión. Para La Libertad Avanza, el episodio implicó una conducta “inaceptable” que debía ser sancionada; para sectores opositores, se trató de un capítulo más del caos inicial generado por la disputa reglamentaria. En el registro audiovisual se escucha a Lemoine increpar a su par y remarcar que la escena había quedado “grabada”, frase que se convirtió en consigna del cruce y amplificó la controversia.
La tensión escaló aún más cuando la diputada Cecilia Moreau pidió la palabra y encaró a Menem con una acusación directa: sostuvo que el titular de la Cámara intentaba forzar una reconsideración del plan de labor pese a que, reglamentariamente, requería una mayoría agravada. Moreau insistió en que la votación debía ser nominal y advirtió que la oposición buscaría dejar constancia política del procedimiento aun si no lograba imponerlo. El intercambio, con gritos de fondo y bancas agitadas, terminó de fijar el clima de confrontación que dominó el inicio del debate.
Finalmente, la moción impulsada por el peronismo para modificar el plan de labor fue rechazada por 136 votos contra 107, y el esquema propuesto por el oficialismo quedó firme. Ese formato organizó tiempos de exposición y cantidad de oradores por bloque, y dispuso que la votación del proyecto se realizara por títulos, con un paquete de artículos agrupados para acelerar la definición. Desde el oficialismo sostuvieron que la sesión debía ordenarse para evitar una discusión “interminable”; la oposición replicó que el recorte de tiempos y el rechazo a una votación nominal implicaban una degradación del debate legislativo sobre derechos laborales.
El trasfondo político fue tan relevante como el reglamento. El Gobierno llegó al recinto con dictamen de mayoría y con un poroteo ajustado sostenido por aliados y bancadas provinciales, mientras sectores dialoguistas buscaban enmiendas de último momento en puntos sensibles del texto. La sesión se habilitó con quórum fino, en una arquitectura de apoyos donde el papel de los gobernadores y de los bloques intermedios volvió a ser decisivo. Ese escenario alimentó la estrategia de la oposición de convertir la discusión procedimental —votación nominal, uso de la palabra, tiempos— en un campo de disputa tan central como el contenido del proyecto.
En paralelo, el tratamiento legislativo se dio en una jornada atravesada por el paro general convocado por la CGT, que elevó la presión social y aportó un marco de conflictividad al debate parlamentario. Con el video como símbolo del arranque, la reforma laboral quedó instalada no solo como una discusión técnica sobre el régimen de trabajo, sino como un choque político de alto impacto dentro y fuera del recinto, en un Congreso que expuso fracturas profundas sobre el rumbo del Gobierno y el alcance de sus reformas.
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