Buenos Aires-19 de Febrero de 2026-Total News Agency-TNA- El paro general de 24 horas convocado por la CGT contra la reforma laboral que se debate en la Cámara de Diputados impactó de lleno este jueves en la movilidad, con un cuadro dominado por la paralización casi total de trenes y subtes, un funcionamiento parcial y fragmentado de colectivos en el AMBA y una mayor demanda de alternativas privadas, especialmente autos por aplicación. La medida, que la central obrera definió sin movilización formal, terminó convirtiéndose en una jornada de “paro activo” por la decisión de organizaciones sociales y fuerzas de izquierda de sostener cortes y concentraciones en accesos clave, lo que agregó tensión operativa en horarios sensibles.
En la práctica, el mapa del transporte quedó dividido entre lo que no funciona, lo que funciona a medias y lo que opera con normalidad, con el elemento decisivo de la disponibilidad real de colectivos. En primer lugar, el segmento más afectado fue el ferroviario: no hay trenes en las principales líneas metropolitanas por la adhesión de los gremios del sector, un golpe directo a la columna vertebral del traslado diario hacia la Ciudad de Buenos Aires. La paralización se notó con fuerza en terminales como Constitución, que amanecieron con una postal inusual de andenes vacíos y flujo reducido, y con trabajadores que buscaron alternativas para no perder el presentismo o para evitar descuentos.
A la par, tampoco funciona el subte en la Ciudad, con estaciones cerradas y circulación nula en todas las líneas, lo que empujó a una parte de los usuarios hacia colectivos que sí circularon, bicicletas y vehículos particulares. El efecto combinado de trenes y subtes fuera de servicio explicó que, aun con menor movimiento general por el paro, se observara tránsito relativamente intenso en avenidas de acceso y corredores porteños, especialmente en los tramos donde la gente intentó resolver viajes cortos que usualmente dependen del transporte público masivo.
El punto central de la jornada estuvo en los colectivos, que operaron con servicio parcial. Aunque la UTA confirmó adhesión al paro, la circulación no se cortó por completo: un grupo amplio de líneas mantuvo el servicio, con predominio de unidades pertenecientes al grupo DOTA. Según información empresarial difundida en la mañana, DOTA sostuvo que sus recorridos operaron “en modalidad de día hábil” con la excepción de la línea 60, que habría reducido frecuencia por adhesión de choferes. En la calle, eso se tradujo en paradas con filas dispares: en algunos corredores céntricos pasaron unidades con baja ocupación, mientras que en nodos del conurbano se concentraron pasajeros ante la falta de alternativas.
Dentro de las líneas que siguieron en funcionamiento en el AMBA, se reportó circulación de las siguientes: 7, 8, 9, 20, 21, 24, 25, 28, 31, 32, 44, 50, 51, 56, 57, 60 (con servicio reducido), 74, 75, 76, 78, 79, 84, 87, 91, 99, 100, 101, 106, 107, 108, 111, 115, 117, 127, 128, 130, 134, 135, 146, 150, 158, 161, 164, 168, 177, 188, 263, 271, 283, 299, 370, 373, 384, 385, 388, 403, 405, 410, 429, 435, 503, 514, 520, 523 y 570. También se informó prestación —en algunos casos limitada— en otras líneas fuera de DOTA, entre ellas 80, 151, 194, 237, 277, 302, 303, 326, 327, 336, 392, 540, 541, 542, 543, 544, 548, 549, 550, 551, 552, 553, 561 y 562. Aun con esas excepciones, el cuadro dominante fue de recorridos incompletos, frecuencias más espaciadas y una cobertura insuficiente para reemplazar la ausencia de trenes y subtes.
Donde el paro mostró un giro de mercado inmediato fue en las aplicaciones de transporte. En la Ciudad y el conurbano, los autos por app trabajaron con normalidad y registraron un incremento de demanda desde temprano. El salto se explicó por la combinación de escaso transporte público disponible y necesidad de sostener actividades esenciales. En varios puntos se repitió el mismo patrón: trabajadores que fueron a estaciones o centros de transbordo, esperaron sin éxito y terminaron migrando a la app pese al mayor costo. También se vio un movimiento adicional de combis y servicios contratados por empresas para trasladar personal, un esquema que suele activarse en jornadas de paro para asegurar operación mínima.
En términos federales, el paro también impactó en el transporte urbano de varias capitales. En Córdoba, por ejemplo, se reportó paralización del transporte urbano y cierre de dependencias públicas, con bancos sin atención, mientras parte del comercio decidió abrir con dotación reducida. En el NEA, el acatamiento del transporte en provincias como Corrientes fue alto, y en Posadas se registró interrupción del servicio urbano y del tren internacional hacia Encarnación, en una jornada atravesada por la disparidad entre el movimiento comercial y la movilidad restringida.
Con el correr de las horas, el balance quedó claro: no funcionan trenes ni subtes, los colectivos funcionan de manera parcial con un listado importante de líneas operativas pero lejos de la normalidad, y las aplicaciones funcionan como principal válvula de escape para sostener traslados individuales. La movilidad, en definitiva, fue el termómetro más visible del paro: menos gente en la calle, pero con mayor dependencia de alternativas pagas y con focos de tensión donde se intentó convertir la huelga en protesta territorial.
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