Por L A
Introducción
El crecimiento acelerado de los centros de datos impulsados por IA en México está provocando un aumento en el uso de energía proveniente de combustibles fósiles, debido a que el país no cuenta con suficiente capacidad de energías renovables para abastecer esta nueva demanda.
Aunque el gobierno mexicano anunció un plan para agregar 28 GW de capacidad eléctrica hacia 2030, de los cuales el 80% provendría de energías renovables, este crecimiento no ocurre al ritmo que exige la industria, que avanza mucho más rápido.
Presión de Big Tech y megaproyectos
El reportaje destaca que gigantes tecnológicos extranjeros están impulsando proyectos de enorme escala, como la inversión de CloudHQ por 4.800 millones de dólares y un consumo proyectado de 900 MW, uno de los mayores complejos de centros de datos en México.
Esta magnitud de inversión les otorga un poder negociador significativo que se refleja en declaraciones como la de su COO, quien afirma que la energía limpia “no siempre tiene la velocidad que necesitamos”.
Desde un enfoque crítico, esto muestra:
- La industria tecnológica está imponiendo su ritmo y necesidades por sobre las capacidades locales.
- Las decisiones energéticas se están moviendo hacia una lógica de “urgencia corporativa”, no de sostenibilidad nacional.
- La vulnerabilidad del sistema mexicano abre la puerta a que Big Tech priorice soluciones rápidas pero sucias.
Este patrón ya se observa en otro contexto según el informe: Estados Unidos, bajo medidas recientes, ha reforzado la industria del carbón para alimentar nuevos centros de datos.
Debido al déficit de energía limpia, estas compañías están recurriendo a:
- Generadores de gas,
- Diesel,
- Incluso mayor uso de petróleo,
para cubrir la demanda energética del boom global de la IA.
Aceleración del uso de combustibles fósiles
El fenómeno se vuelve un tira y afloja entre la expansión de la IA y la crisis climática. La necesidad urgente de más energía está acelerando el consumo de fuentes fósiles, justo cuando el mundo busca reducirlas.
Expertos citados en el reportaje señalan que esta situación se replica a nivel mundial, no solo en México.
Impactos locales
De acuerdo con los testimonios recogidos, el crecimiento desordenado de estos proyectos está provocando:
- Cortes de luz en comunidades cercanas,
- Aumento de la contaminación,
- Tensiones sobre una red eléctrica mexicana que no está preparada para la demanda futura.
La transición energética que avanza demasiado lento frente al boom de la IA
Críticamente, se revela una brecha estructural:
- El Estado planifica a escala decenal.
- La industria digital se mueve a escala anual o incluso trimestral.
El resultado es que la infraestructura renovable queda sistemáticamente atrás, empujando a las empresas a abastecerse con gas, petróleo y diésel, como confirma el reportaje.
Esto desnuda un problema clave: la política energética mexicana no está calibrada para soportar la magnitud del impulso tecnológico actual.
Impactos sociales directos: comunidades pagando el costo del progreso tecnológico
- Los beneficios económicos y tecnológicos se concentran en corporaciones globales.
- Los costos inmediatos recaen en comunidades locales, que sufren interrupciones eléctricas y mayor contaminación.
- México corre el riesgo de repetir un patrón histórico: atraer inversión extranjera a costa de externalidades negativas locales.
Expertos citados indican que lo que ocurre en México es solo una manifestación local de una tensión global entre la IA y los objetivos climáticos, donde la demanda energética está empujando el uso de combustibles fósiles incluso en países comprometidos con su reducción. [tigmx.com]
Esto refuerza un punto clave:
La IA no es intrínsecamente “limpia”: su infraestructura requiere enormes cantidades de energía cuyo origen puede contradecir los discursos de sostenibilidad.
México, con un sistema eléctrico más frágil que el de países desarrollados, amplifica esta tensión y la hace más visible y urgente.
Críticamente, esto revela que no se trata de un problema tecnológico, sino político y regulatorio:
- Falta una política energética integrada que anticipe el crecimiento de la IA.
- Falta exigir a las empresas compromisos vinculantes de energía renovable.
- Falta incorporar a las comunidades en procesos de planificación.
Mientras estas condiciones no cambien, el país seguirá profundizando una dependencia de infraestructura contaminante para sostener una industria que se vende como el futuro.
Conclusión
El artículo expone una contradicción central:
Mientras México se compromete a expandir sus energías renovables, la carrera global por más infraestructura de IA está forzando una dependencia creciente de energía sucia, con consecuencias inmediatas para comunidades y para los objetivos climáticos.
El “futuro limpio” prometido por la IA está siendo alimentado por energía sucia, y México se está convirtiendo en un laboratorio de este conflicto.
La expansión tecnológica sin una estrategia nacional robusta reproduce dependencias, agrava desigualdades y genera impactos ambientales inmediatos. El verdadero problema no es la IA, sino la falta de gobernanza capaz de integrar innovación, infraestructura y sostenibilidad.
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