Palm Beach, Florida-22 de Febrero de 2026-Total News Agency-TNA- Un hombre armado con una escopeta y un bidón de combustible intentó ingresar durante la madrugada al complejo Mar-a-Lago, la residencia y club privado del presidente Donald Trump en el sur de Florida, y fue abatido por agentes del Servicio Secreto y un efectivo de la oficina del sheriff local tras negarse a soltar el arma y avanzar dentro del perímetro de seguridad. El episodio, ocurrido cerca de la 1.30 del domingo, reactivó el máximo nivel de alerta alrededor de la figura presidencial en un país marcado por antecedentes recientes de violencia política y amenazas contra autoridades.
De acuerdo con los reportes oficiales y reconstrucciones preliminares divulgadas por fuentes de seguridad, el intruso fue observado en el acceso norte del predio con una escopeta y un recipiente de combustible. En ese momento, y aprovechando el movimiento de otro vehículo que salía, logró vulnerar la primera línea de control e ingresar al área protegida, lo que activó el protocolo de intervención inmediata. Agentes del Servicio Secreto y un diputado del Sheriff del Condado de Palm Beach le ordenaron repetidas veces que dejara el arma y el bidón. La secuencia se precipitó cuando, según las autoridades, el hombre levantó la escopeta en posición de disparo: allí se produjo la respuesta armada que terminó con su muerte en el lugar.
El individuo fue identificado como Austin Tucker Martin, de 21 años, oriundo de Cameron, en Carolina del Norte. Distintos reportes señalaron que su familia lo había denunciado como desaparecido el sábado, pocas horas antes del incidente, y que su madre había impulsado una búsqueda contrarreloj a través de redes sociales. Con el paso de las horas, emergieron perfiles y publicaciones atribuidas al joven que lo describen como un artista que solía dibujar y pintar escenas de campos de golf de la región de Sandhills, incluida el área de Pinehurst, una referencia que llamó la atención de los investigadores por el vínculo simbólico con el mundo del golf asociado a Trump.
Las autoridades indicaron que en el vehículo del atacante se hallaron elementos compatibles con la hipótesis de una intrusión preparada, incluida una caja vinculada al arma. Al mismo tiempo, remarcaron que por ahora no hay una motivación confirmada y que se trabaja para determinar cómo viajó desde Carolina del Norte hasta Florida, si actuó solo, dónde obtuvo el armamento y si tuvo algún contacto previo con fuerzas de seguridad o servicios de salud. En un pedido inusual por su amplitud, se solicitó a residentes de la zona que revisen cámaras de seguridad privadas para aportar imágenes que permitan reconstruir su recorrido y los minutos previos al intento de ingreso.
El presidente Donald Trump no se encontraba en Mar-a-Lago en el momento del ataque: estaba en Washington, en la Casa Blanca, donde el sábado por la noche se realizó la cena con gobernadores. Sin embargo, la alarma no se atenúa por su ausencia puntual. Mar-a-Lago es un punto sensible del dispositivo de custodia presidencial: un espacio de estadías habituales, de actividad política y social, y de alta exposición. Por eso, la tentativa de irrupción —con arma larga y combustible— fue interpretada en el entorno de seguridad como un evento crítico, aunque el episodio haya terminado en cuestión de minutos.
La portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, destacó públicamente la rapidez del Servicio Secreto y sostuvo que la acción evitó un desenlace mayor. En paralelo, el director del FBI, Kash Patel, informó que la agencia asignará los recursos necesarios a la investigación, que quedó bajo conducción federal con apoyo local. El énfasis en la investigación no solo apunta a establecer los hechos, sino también a descartar vínculos, intencionalidades políticas o planes más amplios.
El caso ocurre en un contexto de tensión acumulada: en los últimos años se registraron incidentes de alto impacto vinculados a amenazas contra Trump, incluido el ataque en un acto de campaña en Butler, Pensilvania, en 2024, y un episodio posterior en el que se frustró un intento de atentado cuando el entonces candidato se encontraba en un campo de golf. A eso se suman reportes recientes de detenciones de individuos armados en cercanías de edificios federales. La suma de antecedentes obliga a leer el intento de ingreso a Mar-a-Lago no como una rareza aislada, sino como otro recordatorio de un clima interno donde el extremismo, la inestabilidad individual y la violencia se mezclan con facilidad.
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