La habana-26 de febrero de 2026-Total News Agency-TNA Estados Unidos elevó el tono diplomático frente a Cuba tras el operativo de la Tropa Guardafrontera contra una lancha rápida con matrícula de Florida que, según la versión oficial cubana, dejó cuatro tripulantes muertos y seis heridos. El secretario de Estado Marco Rubio aseguró que Washington responderá “en consecuencia” cuando disponga de todos los elementos y pueda contrastar el relato de La Habana con “información independiente”, en un episodio que vuelve a encender una relación bilateral ya sometida a máxima fricción.
Rubio habló ante la prensa en una cumbre de la Comunidad del Caribe (CARICOM) en San Cristóbal y Nieves y evitó especular sobre el uso de la fuerza. Pero dejó un mensaje nítido: el Gobierno de Donald Trump no tomará decisiones con un único relato de origen cubano. “Quiero saber qué ocurrió. Vamos a averiguar exactamente qué sucedió”, señaló, y remarcó que, hasta el momento, lo que trascendió públicamente proviene de las autoridades de Cuba. También dijo que no mantuvo conversaciones con el Gobierno cubano por este caso y descartó cualquier participación de personal del Estado estadounidense en el intercambio de disparos.
Uno de los puntos más sensibles para Washington es el acceso a los sobrevivientes. Rubio confirmó que la embajada estadounidense en La Habana solicitó ver a los heridos y entrevistarlos, ya que se presume que podrían ser ciudadanos estadounidenses o, al menos, residentes en Estados Unidos. Esa gestión consular apunta a despejar dos incógnitas clave: quiénes iban a bordo, cuál era el objetivo real de la incursión y bajo qué circunstancias se desató el fuego.
Del lado cubano, el Ministerio del Interior (MININT) sostuvo que el incidente ocurrió en la mañana del miércoles, cuando se detectó una embarcación “infractora” dentro de aguas territoriales con folio FL7726SH. De acuerdo con el comunicado, una patrullera con cinco efectivos se aproximó para identificarla y la lancha abrió fuego, hiriendo al comandante de la unidad cubana. La respuesta de los guardafronteras, siempre según La Habana, provocó la muerte de cuatro ocupantes y lesiones a otros seis, que quedaron bajo atención médica.
Cuba sumó un componente explosivo: afirmó que los ocupantes “tenían intenciones de realizar una infiltración con fines terroristas”. En ese marco, informó la incautación de armamento y equipo táctico, entre ellos fusiles, armas cortas, artefactos explosivos de fabricación casera tipo molotov, chalecos antibalas, miras telescópicas y uniformes de camuflaje. Según la misma versión, los involucrados serían cubanos residentes en Estados Unidos, lo que abre un capítulo de enorme sensibilidad política: el de las redes del exilio duro y los antecedentes de acciones clandestinas o violentas contra el régimen.
En Florida, el episodio generó una reacción inmediata. El fiscal general James Uthmeier anunció la apertura de una investigación y lanzó un mensaje ideológico que eleva la tensión: sostuvo que el Gobierno cubano “no puede ser confiable” y prometió responsabilidades. La decisión agrega presión interna sobre la administración Trump, en un estado donde la agenda cubana suele traducirse rápidamente en demandas políticas concretas.
En paralelo, distintos reportes periodísticos en Estados Unidos señalaron que la embarcación no pertenecía a la Guardia Costera ni a la Armada estadounidense, sino que se trataría de una lancha civil de uso habitual, compatible con tareas pesqueras o traslados rápidos. Ese dato es central para la diplomacia norteamericana: refuerza la idea de que no se trató de una operación oficial y, al mismo tiempo, obliga a reconstruir quién financió, organizó y ejecutó la salida desde Florida.
El incidente se produce en un contexto de tirantez creciente: Washington aumentó la presión económica sobre la isla y vinculó la crisis energética cubana a decisiones del Gobierno comunista. Rubio insistió en ese punto al afirmar que Cuba necesita cambios “drásticos” para abrir espacio a la libertad económica y, eventualmente, política. Para La Habana, en cambio, la prioridad es sostener que actuó en defensa de su soberanía y que frenó una incursión armada con fines desestabilizadores.
Por ahora, el caso queda atrapado entre dos narrativas enfrentadas y un dato imposible de ignorar: hubo muertos en el mar, hay sobrevivientes bajo custodia y las próximas horas estarán marcadas por la pulseada por la evidencia. Estados Unidos promete verificación propia y una respuesta posterior; Cuba busca cerrar filas alrededor de su versión. En el medio, el Caribe vuelve a convertirse en tablero de una disputa que nunca terminó de apagarse.



