Buenos Aires, 8 de marzo de 2026-Total News Agency-TNA-. La revista británica The Economist volvió a posar su mirada sobre la Argentina de Javier Milei y dejó un diagnóstico tan favorable como inquietante: reconoció avances concretos del Gobierno en materia de reformas, inflación, actividad y acumulación de reservas, pero al mismo tiempo alertó que esos éxitos parecen haber potenciado la arrogancia y la agresividad política del Presidente, además de remarcar que la principal incógnita de esta etapa pasa por el empleo y la calidad de la recuperación.
El artículo, publicado esta semana bajo el título “Javier Milei aggressively celebrates a string of successes”, toma como eje la apertura de sesiones ordinarias del Congreso del 1 de marzo y describe una escena en la que el mandatario alternó anuncios institucionales con fuertes ataques verbales contra la oposición. Para la publicación, el contexto ofrecía una oportunidad ideal para que Milei exhibiera una imagen más presidencial, más serena y orientada a tender puentes con nuevos aliados. Sin embargo, la conclusión del semanario fue otra: lejos de moderarse, el jefe de Estado endureció el tono y convirtió un momento político favorable en una nueva demostración de confrontación.
La descripción no es menor viniendo de una revista que, en los últimos meses, observó con interés varias de las transformaciones impulsadas por el oficialismo. The Economist sostuvo que el Presidente acumuló “unos meses excelentes” y que tenía motivos para mostrarse orgulloso. Pero inmediatamente añadió que ese éxito pareció alimentar su costado más altivo y agresivo. La publicación remarcó que, pese a haber prometido en 2025 una moderación en los insultos, Milei volvió a cargar en el recinto contra el peronismo y otros adversarios con expresiones de alto voltaje político.
Ese enfoque coincide con lo que ya habían reflejado otros medios internacionales tras el discurso. Reuters consignó que Milei utilizó la apertura legislativa para anunciar nuevas reformas tributarias, electorales y penales, luego de la reciente aprobación de la reforma laboral, considerada por el oficialismo como uno de sus mayores triunfos políticos de la nueva etapa parlamentaria. En paralelo, la Associated Press y El País destacaron el tono confrontativo de la intervención presidencial y la decisión de aprovechar el nuevo equilibrio de fuerzas en el Congreso para profundizar el rumbo reformista.
Lo más interesante del artículo de The Economist es que no se queda en la crítica al estilo. También hace una descripción puntual de las dos caras del Presidente: por un lado, un reformista decidido a desmontar rigideces del modelo argentino; por otro, un dirigente que acompaña muchas de esas decisiones con una narrativa furiosa, personalista y a veces cercana a la paranoia política. Esa dualidad, según la revista, se vuelve más visible precisamente cuando el Gobierno atraviesa un momento relativamente favorable.
En esa línea, el semanario británico considera que uno de los mayores logros recientes fue la aprobación de la reforma laboral. Según su interpretación, los cambios introducen mayor claridad sobre los costos de desvinculación, reducen incertidumbre empresaria y buscan acotar la litigiosidad que durante años afectó a las compañías. Esa mirada dialoga con el argumento oficial: que el viejo sistema encarecía la contratación, empujaba a la informalidad y bloqueaba la generación de empleo registrado.
Pero ahí aparece el corazón de la advertencia. Para The Economist, el problema ya no es sólo estabilizar variables macroeconómicas o conseguir victorias legislativas. La pregunta decisiva es si la economía argentina está generando empleos suficientes y, sobre todo, empleos de calidad. En este punto, el artículo marca una preocupación central: la recuperación no es homogénea y sectores dinámicos como el agro o la energía, aunque son fundamentales para el ingreso de divisas, no tienen la misma capacidad de absorción laboral que la industria, el comercio o la construcción.
Ese señalamiento encuentra respaldo en datos recientes. La Secretaría de Trabajo informó que en noviembre de 2025 el total de trabajadores registrados rondó los 12,85 millones, con una variación mensual negativa de 0,1%, mientras que el empleo asalariado privado quedó en torno a 6,19 millones, también con retroceso mensual. A la vez, la Encuesta Permanente de Hogares del INDEC mostró para el tercer trimestre de 2025 una tasa de desocupación de 6,6%, pero distintos análisis vienen observando una recomposición del mercado laboral más apoyada en formas de autoempleo, informalidad o trabajo independiente que en un crecimiento robusto del empleo asalariado formal.
La revista también se detiene en otro punto muy seguido por los mercados: las reservas y el financiamiento. Allí reconoce que el Banco Central finalmente comenzó a recomponer activos internacionales, algo reclamado desde hace tiempo por inversores y analistas. Sin embargo, advierte que el Gobierno todavía enfrenta dudas sobre la velocidad de esa acumulación y sobre la solidez del régimen cambiario. En otras palabras, la mejora existe, pero aún no alcanza para despejar por completo el escepticismo financiero.
Ese análisis se conecta con la próxima ofensiva del oficialismo en Nueva York, donde el Gobierno buscará seducir a fondos e inversores en el evento conocido como Argentina Week. La propia agenda del encuentro muestra hasta qué punto la administración libertaria considera clave consolidar la confianza externa: habrá presentaciones de funcionarios, empresarios y referentes financieros de primera línea, con el objetivo de mostrar a la Argentina como un destino más previsible para el capital internacional.
Otro pasaje importante del artículo se enfoca en la política monetaria y cambiaria. The Economist observa que, pese a la presión de parte del mercado, el Gobierno no parece dispuesto a liberar totalmente el tipo de cambio en el corto plazo por temor a movimientos bruscos. También sugiere que la comunicación oficial sobre política monetaria no siempre resulta del todo clara y que eso alimenta cierta volatilidad en las tasas y en las expectativas. Es un punto sensible, porque buena parte del crédito político acumulado por Milei descansa en la percepción de que evitó una crisis mayor y comenzó a ordenar el frente macroeconómico, pero todavía no logró consolidar un esquema plenamente estable y fácil de leer.
En el plano social, la publicación británica introduce una advertencia que en Buenos Aires varios despachos oficiales siguen con atención. Aunque sostiene que los votantes que acompañaron al Presidente en las legislativas de octubre continúan respaldándolo y que su nivel de aprobación sigue siendo competitivo, también detecta señales de malestar que podrían crecer si la economía deja de mostrar mejoras visibles o si el costo social de las reformas se vuelve más palpable. Menciona, en ese sentido, la conflictividad sindical y la reacción contra la reforma laboral como un anticipo de tensiones que pueden escalar.
La conclusión del artículo no es una descalificación total ni un respaldo sin matices. Más bien funciona como una radiografía dura y bastante precisa del momento político: Milei llega fortalecido, con logros que incluso observadores extranjeros consideran en parte sensatos, pero con un estilo de confrontación que podría volverse en su contra si la economía pierde impulso o si el empleo no acompaña. En esa lógica, la frase presidencial según la cual las nuevas industrias compensarán la demanda laboral que pierdan las viejas actividades aparece como una promesa decisiva. Para The Economist, buena parte del futuro político del mandatario dependerá de la velocidad con que esa promesa deje de ser una apuesta y se convierta en una realidad comprobable.




