Buenos Aires-10 de marzo de 2026-Total News Agency-TNA- La interceptación de comunicaciones encriptadas atribuidas a Irán encendió alarmas en los organismos de seguridad de Estados Unidos y volvió a colocar en el centro de la escena el riesgo de operaciones clandestinas vinculadas al terrorismo internacional. Según un alerta federal difundido entre agencias policiales y de inteligencia, las transmisiones cifradas podrían haber sido utilizadas como señal de activación para posibles “células dormidas” ubicadas fuera del territorio iraní.
El informe, basado en un análisis preliminar de señales detectadas por organismos de inteligencia, señala que la transmisión habría sido emitida desde Irán y retransmitida a través de distintos países poco después de la muerte del líder supremo Alí Jamenei, fallecido el pasado 28 de febrero durante los ataques conjuntos lanzados por Estados Unidos e Israel contra objetivos del régimen iraní.
De acuerdo con los especialistas que analizan la señal interceptada, se trataría de un mensaje codificado destinado a receptores que poseen una clave específica para descifrar su contenido. Este tipo de comunicaciones es utilizado históricamente por redes de espionaje y estructuras clandestinas porque permite transmitir órdenes breves sin recurrir a internet ni a sistemas de telefonía que puedan ser rastreados.
Aunque las autoridades estadounidenses aclararon que no existe por el momento una amenaza concreta asociada a un objetivo específico, el alerta ordena reforzar el monitoreo de radiofrecuencias y la vigilancia sobre movimientos sospechosos que pudieran estar vinculados con redes operativas clandestinas.
El temor de los organismos de seguridad se vincula con la posibilidad de que Teherán busque responder de manera indirecta a la ofensiva militar que en los últimos días golpeó a estructuras estratégicas del régimen. En ese escenario, la activación de agentes previamente posicionados en distintos países podría constituir una herramienta de represalia asimétrica.
Las denominadas “células dormidas” son estructuras clandestinas que permanecen inactivas durante años, integradas por individuos que viven aparentemente integrados a la vida civil hasta recibir instrucciones para ejecutar operaciones específicas.
Para la Argentina, este tipo de advertencias internacionales no puede ser interpretado como un fenómeno lejano. El país ya sufrió en su propio territorio los efectos del terrorismo islamista impulsado por Irán y ejecutado por la organización Hezbollah, responsable de los dos ataques más graves de la historia argentina reciente.
El primero fue el atentado contra la Embajada de Israel en Buenos Aires en marzo de 1992, que dejó 29 muertos y más de 200 heridos. Dos años después, el 18 de julio de 1994, la explosión de la sede de la AMIA provocó 85 muertos y centenares de heridos, convirtiéndose en el atentado terrorista más devastador registrado en el país.
Las investigaciones judiciales argentinas, así como diversos fallos judiciales posteriores, atribuyeron la decisión estratégica del ataque a la cúpula del régimen iraní, mientras que la ejecución operativa fue adjudicada a la estructura terrorista Hezbollah, organización vinculada a la Guardia Revolucionaria iraní.
En ese contexto histórico, la actual escalada geopolítica en Medio Oriente y la advertencia sobre posibles redes clandestinas obligan a la Argentina a mantener una mirada especialmente atenta. Más aún cuando el gobierno del presidente Javier Milei ha adoptado una posición internacional claramente alineada con Estados Unidos e Israel frente al régimen iraní. Similar a la qué aplicó el ex Presidente Menem.
Durante su reciente visita a Nueva York, el mandatario argentino reiteró su respaldo a las acciones destinadas a frenar la capacidad militar de Irán, al que definió como un régimen que financia el terrorismo internacional y amenaza la estabilidad global.
Ese posicionamiento político, sumado al antecedente de los atentados de 1992 y 1994, coloca a la cuestión de la seguridad antiterrorista en un plano de especial sensibilidad para el país.
Analistas en materia de seguridad advierten que, frente a un escenario internacional cada vez más volátil, la Argentina debería reforzar sus mecanismos de inteligencia, cooperación internacional y control de eventuales redes de apoyo logístico vinculadas al extremismo.
El antecedente de la Triple Frontera, las investigaciones sobre financiamiento de organizaciones radicalizadas en la región y los propios ataques sufridos en territorio nacional forman parte de un contexto que obliga a no minimizar las advertencias surgidas desde los organismos de seguridad internacionales. En aquel momento, la SIDE tenia agentes preparados y con cierta experiencia, asi todo, la direccion de contrainteligencia, que venia siguiendo a Moshen Rabbani, uno de los implicados y agregado cultural de la embajdad de Iran en Buenos Aires. Rabbani fue fotografiado intentando adquirir una camiontea Traffic, como la utilizada en el atentado a la AMIA, pero este logró burlar al entonces jefe de departamento Horacio Antonio Stiusso, quien no pudo explicar jamas como se “le escapó la tortuga”. Hoy dia los cuador de inteligencia son menos experimentados.
La alerta difundida en Estados Unidos no habla todavía de un ataque inminente. Pero sí vuelve a recordar que, en el tablero de la confrontación global, las guerras modernas no siempre se libran únicamente en el frente militar. En muchas ocasiones se trasladan silenciosamente a otros territorios, a través de redes clandestinas que permanecen latentes durante años.
Para la Argentina, país que ya conoce las consecuencias devastadoras de ese tipo de operaciones, la prudencia y la prevención deberían ser herramientas indispensables.



