Por Nicolás J. Portino González
Buenos Aires-16 de Marzo de 2026-Total News Agency-TNA-. Usted, que observa con los ojos desorbitados cómo el tótem de la estación de servicio marca USD 1.51 el litro de Premium, asiste al final de una ilusión. No importa si la manguera es celeste o amarilla; el precio es un espejo de la misma crueldad técnica.
Permítame bajarle los datos a la fosa, allí donde la geología se encuentra con la estafa política. Porque lo que sucede desde aquel hallazgo inicial de Charles Edwin Weaver en 1931, pasando por la “reinvención” del 2010, hasta este presente de marzo de 2026, es la crónica de un boludeo nacional con categoría de exportación.
La Superioridad de la Roca: El “Mármol” Argentino: Miremos los números fríos, esos que el político no sabe leer:
- Vaca Muerta (Argentina): Superficie de 30,000 km2. Espesor de roca madre de hasta 450 metros. Calidad del crudo: 35-45 grados API (Petróleo liviano, dulce, una delicia para cualquier refinería).
- Permian (EE. UU.): Espesor de 30 a 60 metros.
- Faja del Orinoco (Venezuela): Crudo extrapesado de 8-10 grados API. Es brea. Es un castigo extraerlo y un suplicio refinarlo.
Tenemos la mejor “esponja de piedra” del mundo. Nuestra roca es cinco veces más gruesa que la norteamericana. Deberíamos estar inundando el globo de energía barata, pero aquí estamos, pagando el litro a precio de perfume importado.
Desde 2012, con la nacionalización de YPF, entramos en la liturgia del caño. Mientras el mundo avanzaba a la velocidad de un Tesla, nosotros nos pasamos una década discutiendo si el gasoducto se llamaba Néstor Kirchner, si lo hacían los chinos, los techines o si lo pintaban de naranja o azul.
Mire a los vecinos. Brasil, con el Pre-salt a miles de metros bajo el mar, perforó el Atlántico y hoy es una potencia exportadora con una estrategia de Estado, no de facción. Chile, sin un solo pozo de importancia, diseñó una red logística que nos hace parecer principiantes. Nosotros, mientras tanto, “boludeábamos” con la burocracia del caño mientras el gas se quedaba ahí abajo, riéndose de nuestra impericia.
Hoy, marzo de 2026, el Estrecho de Ormuz está bloqueado. El 20% del petróleo mundial está atrapado por los juegos de guerra de Irán y sus vecinos. El Brent vuela por las nubes.
En este escenario, Vaca Muerta es un búnker energético. Estamos lejos de los misiles, lejos del fanatismo religioso, en una zona de paz. Nuestro petróleo es el más seguro del planeta.
Lógica Liberal: Si tengo abundancia y el mundo tiene escasez, exporto el excedente caro y mantengo mi mercado interno barato para que mi industria vuele.
Lógica Argentina: Cobramos el precio interno como si estuviéramos en medio del desierto libio, pero mantenemos la presión fiscal del 72%.
Usted se pregunta: ¿Por qué YPF vale lo mismo que Shell? Porque en nuestro a sobre actuación de quedar bien con el mercado, hemos decidido que no hay “ventaja competitiva” para el soberano. Se aplica la “Paridad de exportación”: si afuera vale 100, adentro vale 100.
Pero hay un detalle que el liberalismo de cotillón olvida mencionar: los impuestos.
De esos USD 1.51, el 72% es un festín para el Estado. Entre IVA, Impuesto a los Combustibles Líquidos (ICL), Ingresos Brutos, tasas municipales y el “impuesto por respirar cerca del pozo”, usted no está comprando nafta; está pagando el déficit de un Estado que sigue teniendo porosas manos.
Es la paradoja de la abundancia. Tenemos la 2ª reserva mundial de gas shale (802 Tcf) y la 4ª de petróleo shale (27 mil millones de barriles).
Si fuéramos serios, el combustible en Argentina debería ser el motor de la economía, no su freno de mano. Pero no. Preferimos ser “coherentes con el mundo” mientras el sueldo medio argentino es una fracción del de un operario en Texas o en Noruega.
Usted, mi querido amigo, se siente un “pelotudo” porque el sistema lo trata como tal. Le dicen que “no hay plata” mientras camina sobre trillones de dólares en energía. Le dicen que la “competencia” va a bajar los precios, pero YPF y Shell se miran de reojo y marcan el mismo número en el tablero, como si se tratara de un cartel con bendición oficial.
Un paisaje, digamos, de una obscenidad técnica impecable. Nos pasamos la vida discutiendo el nombre del caño y terminamos con el caño pero, puesto en el…bolsillo.




