Buenos Aires-17 de Marzo de 2026-Total News Agency-TNA- La presentación de Cristina Fernández de Kirchner ante el Tribunal Oral en lo Criminal Federal N°7 por la Causa Cuadernos dejó una escena tan política como previsible: lejos de una declaración orientada a despejar hechos concretos, responder cargos o someterse al interrogatorio del tribunal, la ex presidente utilizó su intervención para lanzar una dura arremetida contra el ex juez Claudio Bonadio, el fiscal Carlos Stornelli y el sistema judicial en su conjunto. En los hechos, su paso por Comodoro Py terminó pareciéndose más a una proclama propagandística que a una defensa técnica con efectos jurídicos palpables, ya que rechazó contestar preguntas y volvió a encuadrar el expediente en la lógica de la persecución política.
Durante la audiencia, Cristina Kirchner calificó de “mafiosas” las prácticas de jueces y fiscales, sostuvo que en la causa hubo un “manejo criminal” de la figura del arrepentido y afirmó que se fraguaron pruebas para detener personas. También cuestionó que Stornelli siga siendo fiscal y condicionó cualquier eventual respuesta a preguntas a que antes sean citados otros protagonistas políticos y judiciales, entre ellos el ex presidente Mauricio Macri y el ministro Luis Caputo. El tribunal, por su parte, le respondió que su compromiso es administrar justicia “humana, con fortaleza, prudencia y coraje”, en una señal de que no dejó pasar sin más el tono de la exposición.
El punto central es que la audiencia se produjo después de que el TOF 7 rechazara los planteos preliminares de las defensas de 68 imputados y resolviera continuar con las indagatorias presenciales desde el 17 de marzo. Según informó el sitio oficial del Ministerio Público Fiscal, en el debate se juzga a la ex mandataria, ex funcionarios, choferes y empresarios por integrar, liderar u organizar —según cada caso— una asociación ilícita que entre 2003 y 2015 habría recaudado dinero de empresas de construcción, energía y transporte a cambio de contratos estatales. El tribunal ya había rechazado objeciones sobre la validez de los cuadernos de Oscar Centeno, la constitucionalidad del régimen del imputado colaborador y otros pedidos de nulidad formulados por las defensas.
Por eso, más allá del impacto político de sus palabras, la intervención de Cristina Kirchner no alteró por ahora el cuadro procesal: el juicio sigue adelante, las nulidades ya fueron desestimadas en esta etapa y la ex presidente optó por no responder preguntas sobre los 204 hechos de coimas que, según recordó la acusación, se le atribuyen. Esa decisión fortaleció la lectura de sus detractores: que fue a hablarle a su núcleo militante, no al expediente. De hecho, tras regresar a su domicilio en Constitución, volvió a saludar a la militancia que la había acompañado, completando una jornada con fuerte impronta política y escasa densidad defensiva en términos estrictamente judiciales.
En paralelo, volvió a instalarse el debate sobre la magnitud económica de la corrupción atribuida al ciclo kirchnerista. Distintas estimaciones ubican el perjuicio acumulado en una cifra cercana a los 42.500 millones de dólares, En la causa Vialidad hay una determinación judicial de decomiso y restitución por 684.990 millones de pesos, monto que al tipo de cambio oficial de mediados de 2025 equivalía a alrededor de 535 millones de dólares.
Así, la audiencia de este martes dejó una postal conocida del kirchnerismo: victimización política, denuncia de lawfare, descalificación del tribunal y nula voluntad de someterse a un verdadero contraste judicial. En un proceso que apunta a uno de los mayores escándalos de corrupción de la historia argentina reciente, Cristina Kirchner no declaró en sentido sustantivo: habló, denunció, agitó y se retiró, segun el manual del corrupto socialismo del siglo XXI. El juicio, en cambio, siguió donde estaba: en el terreno incómodo de los hechos, las pruebas y las responsabilidades





