Buenos Aires, 26 de marzo de 2026-Total News Agency-TNA-. El Banco Central de la República Argentina resolvió bajar desde el 1 de abril en cinco puntos porcentuales el esquema de encajes bancarios y dar así una señal clara de relajación monetaria orientada a reanimar la actividad. En los hechos, la decisión implica no prorrogar el incremento transitorio que regía desde agosto de 2025 y que elevó al máximo en décadas la exigencia de inmovilización sobre parte de los depósitos. La medida alcanza a cuentas corrientes, cajas de ahorro, cauciones y fondos money market, incluidos los instrumentos que utilizan billeteras virtuales para remunerar saldos, y apunta a que los bancos dispongan de más liquidez para prestar en un contexto de crédito todavía débil y economía necesitada de remonetización.
La decisión muestra un giro de prioridades. El propio programa “Objetivos y Planes 2026” del BCRA ya había anticipado que la autoridad monetaria avanzaría en una “normalización” de los encajes reconociendo su efecto sobre el equilibrio monetario y la intermediación financiera. Ahora ese movimiento se concretó al dejar caer la sobretasa temporaria de cinco puntos que vencía el 31 de marzo. Para las cuentas a la vista, eso supone pasar de un encaje del 50% al 45%, con una integración que, según los reportes especializados, podrá realizarse en parte en efectivo y en parte con títulos públicos, devolviendo margen operativo a los bancos luego de varios meses de fuerte inmovilización de fondos.
El trasfondo económico ayuda a entender la decisión. Los datos más recientes del BCRA muestran que los préstamos al sector privado seguían en niveles de crecimiento muy moderados y que el sistema financiero venía operando en un escenario de tasas todavía altas y mayor prudencia crediticia. A la vez, distintas coberturas económicas reflejaron que la mora en los hogares ya superó el 10% en enero, con picos de 13,2% en préstamos personales y 11% en tarjetas de crédito, un deterioro que llevó a las entidades a endurecer condiciones y a cuidar más el riesgo. En ese marco, liberar encajes aparece como una forma de abaratar fondeo y empujar otra vez el crédito al consumo y a empresas, dos motores que el Gobierno necesita reanimar para intentar quebrar la inercia recesiva que todavía afecta a varios sectores.
Pero la contracara de esa apuesta es evidente. Los encajes no sólo funcionan como colchón prudencial del sistema financiero; también son una herramienta monetaria que ayuda a contener la cantidad de pesos en circulación. Por eso, al optar por aflojarlos, el Banco Central privilegia hoy la actividad sobre la desinflación en un momento en que el frente de precios no está completamente resuelto. La inflación de febrero fue de 2,9%, según los datos oficiales, y varias consultoras privadas ya proyectan para marzo un registro otra vez por encima del 3%, en un contexto además atravesado por la suba internacional del petróleo por la guerra en Medio Oriente. El riesgo, entonces, es que una mayor liquidez empuje la demanda y alivie el crédito, pero a la vez complique la aspiración oficial de seguir perforando el piso inflacionario.
En términos políticos y de gestión, la señal de Santiago Bausili es nítida: después de meses de sesgo fuertemente contractivo, la autoridad monetaria empieza a ceder algo de rigidez para acompañar la reactivación. No se trata de un volantazo ni de una expansión agresiva, pero sí de una admisión implícita de que la estabilización, por sí sola, no alcanza si no consigue traducirse en más crédito, más consumo y más movimiento en la economía real. El problema es que esa elección tiene costo. Desde abril habrá más margen para prestar, pero también menos red de contención monetaria. Y en una Argentina donde la memoria inflacionaria sigue intacta, cada punto de liquidez que se libera obliga a demostrar rápidamente que no se transformará otra vez en presión sobre precios.





