Por Darío Rosatti
Buenos Aires-11 de Abril de 2026-Total News Agency-TNA-. El conglomerado opositor que gravita alrededor del kirchnerismo, el peronismo, el sindicalismo duro, los movimientos sociales y parte de la dirigencia territorial empezó a detectar una ventana política que hasta hace pocos meses parecía lejana. El desgaste que genera el caso Manuel Adorni en distintos frentes, sumado a señales económicas menos lineales que las exhibidas por la Casa Rosada, les devolvió aire a sectores que ahora buscan volver a mostrar músculo en la calle, en el Congreso y también en los tribunales. La convocatoria de la CGT a una movilización a Plaza de Mayo para el 30 de abril, en la antesala del Día del Trabajador, aparece como la postal más visible de ese intento por reagrupar fuerzas dispersas detrás de un objetivo común: erosionar al gobierno de Javier Milei y sacarle la iniciativa política.
La ofensiva no es únicamente callejera. En el plano sindical, la central obrera llega fortalecida por haber conseguido primero una cautelar que dejó en suspenso una parte sustancial de la reforma laboral impulsada por el oficialismo, aunque en las últimas horas el Gobierno logró un guiño judicial al correrse esa disputa hacia otro fuero que podría revisar aquella suspensión. Aun con esa pulseada abierta, la señal política ya fue emitida: la CGT volvió a instalarse como actor de confrontación y el Frente de Sindicatos Unidos convocó para el 1° de mayo un plenario de más de 1.500 delegados con el argumento de consolidar un programa común frente al ajuste, la caída del salario y la pérdida de puestos de trabajo. En ese tablero, la combinación de presión sindical, judicialización y movilización busca reconstruir una centralidad opositora que durante largos meses había quedado desdibujada por el shock libertario.
En paralelo, los movimientos sociales también intentan volver a ocupar un lugar de mayor volumen en la confrontación con el oficialismo. El cierre del programa Volver al Trabajo, la transición hacia esquemas de vouchers y la discusión por los recursos para la economía popular reactivaron protestas, cortes y asambleas, mientras la UTEP y otras organizaciones buscan respaldo en gobernadores, intendentes y estructuras sindicales para no quedar encapsuladas en una protesta de baja intensidad. En ese marco, el frente anti-Milei procura que la marcha de fines de abril no sea un hecho aislado sino el comienzo de una secuencia de presión sostenida. La idea que sobrevuela en esos sectores es simple: si el Gobierno ya no luce invulnerable, hay que empujarlo sobre sus puntos más sensibles.
Allí aparece el factor Adorni, hoy convertido en el problema político más incómodo de la administración nacional. La investigación judicial por presunto enriquecimiento ilícito, las medidas de prueba sobre sus viajes y su patrimonio, el levantamiento del secreto fiscal y bancario dispuesto sobre el jefe de Gabinete y su esposa, más las citaciones y testimonios vinculados con la compra de su departamento y el vuelo a Punta del Este, alimentaron una agenda que la oposición intenta explotar sin descanso. En Diputados, el oficialismo logró bloquear un pedido de interpelación, pero el tema ya ingresó de lleno al debate parlamentario y, al mismo tiempo, recalibra la interna de La Libertad Avanza en la Ciudad de Buenos Aires. Para el peronismo y el kirchnerismo, el caso tiene una virtud política evidente: golpea a un funcionario muy cercano al Presidente, erosiona el discurso de superioridad moral del oficialismo y ofrece un punto de reunión para sectores opositores que hasta ahora venían fragmentados.
En la economía, el cuadro es más ambiguo y justamente por eso se volvió más aprovechable para la oposición. Los datos oficiales muestran que la actividad todavía crece: el INDEC informó para enero una suba interanual del 1,9% y un avance mensual desestacionalizado del 0,4%. También la inflación de febrero se ubicó en 2,9%, lejos del descontrol del pasado reciente, y el REM del BCRA proyecta para 2026 un crecimiento promedio del 3,3% y habria que sumar qué el BCRA logró otro punto favorable, compró ésta semana más de 400 millones de dólares. A eso se sumó en los mercados una baja del riesgo país hacia la zona de 570 puntos tras la mejora global de esta semana. Pero ese cuadro convive con otras señales menos favorables: previsiones de inflación que todavía tardarían en perforar claramente el 2%, tensión en las provincias por la caída de la recaudación y un clima social en el que el propio Milei habló de “meses duros” y pidió paciencia. En otras palabras, no hay derrumbe económico, pero sí suficiente ruido como para que la oposición intente instalar que el ciclo de luna de miel terminó.
Ese es el punto central que hoy une a un espacio opositor heterogéneo: no necesariamente comparten liderazgo, programa ni método, pero sí la percepción de que el Gobierno dejó de ser inmune. Algunos lo expresan con prudencia y otros sin eufemismos, como ocurrió con voces del peronismo que ya plantearon abiertamente que Milei no debería llegar fuerte a 2027. El escándalo Adorni, el reordenamiento sindical, la reactivación de los movimientos sociales y ciertos tropiezos económicos le dieron a ese universo una bocanada de oxígeno que no tenía. La gran incógnita es si ese aire alcanzará para construir una amenaza real o si, una vez más, la oposición volverá a chocar con su propia dispersión. Por ahora, lo único claro es que el oficialismo enfrenta por primera vez en muchos meses una acumulación simultánea de desgaste político, judicial y social.





