Buenos Aires, 28/11/2025 – Total News Agency – TNA.- El Gobierno de Javier Milei dio un paso decisivo en su plan de contención fiscal al publicar en el Boletín Oficial una resolución que redefine el esquema de subsidios energéticos para electricidad, gas natural y garrafas, con vigencia a partir de enero de 2026. La medida, que reemplaza la segmentación por ingresos con un sistema focalizado en consumos básicos, implicará aumentos en las tarifas para el 45% de los hogares argentinos –unos 7,5 millones de usuarios– y la pérdida total de bonificaciones para 140.000 familias de ingresos medios. En un contexto de inflación proyectada por encima del 40% para el año entrante, el Ejecutivo estima un ahorro de USD 1.000 millones, pero opositores y asociaciones de consumidores alertan sobre un impacto “devastador” en la canasta familiar, con facturas que podrían escalar hasta un 50% en meses pico de consumo.
La Resolución 484/2025, firmada por la secretaria de Energía, María Carmen Tettamanti, y dependiente del Ministerio de Economía liderado por Luis Caputo, introduce el nuevo Régimen de Subsidios Energéticos Focalizados (SEF). Este modelo elimina las tres categorías previas (N1 altos ingresos, N2 medios y N3 bajos) y el Programa Hogar, unificando a 3,3 millones de beneficiarios bajo reglas simplificadas. Solo dos grupos de usuarios: aquellos con subsidios para bloques de consumo esenciales –definidos por necesidades estacionales y regionales– y el resto, que abonará la tarifa plena sin descuentos. Los hogares vulnerables mantendrán una cobertura base del 50% en los meses de mayor demanda, pero el grueso de la población media y alta enfrentará el costo real de la energía, con precios mayoristas estabilizados en USD 3,80 por millón de BTU para gas (frente a los USD 2,90 de verano y 4,50 de invierno actuales) y USD 75 por MWh para electricidad.
El impacto en las facturas será inmediato y progresivo. Según proyecciones oficiales de la Secretaría de Energía, en los meses de alta demanda eléctrica (junio-septiembre), el 35% de los usuarios pagará menos de $22.000 mensuales, el 66% por debajo de $44.000 y el 81% no superará los $67.000, asumiendo consumos promedio. Para gas, el subsidio del 50% se limitará a abril-septiembre, dejando octubre-marzo sin bonificación base –salvo una transición temporal–. Para atenuar el shock, 2026 contará con una bonificación extraordinaria del 25% adicional en enero: elevando el descuento total al 75% en luz y 25% en gas (que usualmente no recibe ayuda en verano). Este plus se reducirá 2% mensual hasta extinguirse en diciembre, una “tasa de salida gradual” que el Gobierno califica de “progresiva” para evitar saltos abruptos. Sin embargo, analistas independientes estiman que, para un hogar típico de clase media en Buenos Aires con consumo de 300 kWh/mes en luz y 800 m3/año en gas, la factura combinada podría trepar de $15.000 actuales a $25.000-30.000 en invierno, un salto del 60-100% ajustado por inflación.
La focalización no discrimina por ingresos, sino por consumo: bloques subsidiados equivalen a 250 kWh/mes en electricidad para hogares promedio, y volúmenes estacionales en gas que preservan las necesidades de regiones patagónicas o frías –pendientes de definición en el Presupuesto 2026–. Usuarios de garrafas (GLP de 10 kg) recibirán un subsidio directo equivalente a media garrafa mensual todo el año, más una adicional en invierno, acreditada vía billeteras virtuales como Mercado Pago tras compra electrónica. Quienes excedan los límites pagarán el 100% del costo real, reflejado en facturas desagregadas que mostrarán el PIST (Precio de Referencia Integrado al Sistema de Transporte) para gas y PEST (Precio Estabilizado de Temporada) para luz, eliminando subsidios cruzados. Para industrias y comercios, el precio del gas se mantendrá estacional (USD 4,50 invierno, 2,90 verano), pero con menos distorsiones.
El anuncio, que abre una consulta pública de 15 días hábiles en www.argentina.gob.ar/subsidios para recibir aportes de usuarios y entidades, responde a la meta fiscal de recortar el gasto en subsidios del 0,65% del PBI en 2025 al 0,5% en 2026 –equivalente a USD 3.000 millones anuales–. “Queremos alinear el precio que paga el consumidor con el costo de producir esa energía”, justificó el viceministro de Economía, Daniel González, en una reciente exposición ante Diputados. La depuración del Registro de Acceso a los Subsidios Energéticos (RASE) detectó irregularidades por USD 2.590 millones, incluyendo 370.000 solicitudes a nombre de fallecidos y accesos indebidos en barrios privados. Usuarios actuales no necesitarán reinscribirse –su data migrará automáticamente–, pero deberán actualizar vía declaración jurada si cambian condiciones. Desde enero, la inscripción será obligatoria en el portal oficial.
La medida profundiza el ajuste mileísta en servicios públicos, tras aumentos del 500% en 2024 para N1 y revisiones mensuales del 4% en 2025. Opositores como el kirchnerismo y la CTA denuncian una “quita salvaje” que agrava la pobreza energética, afectando al 76% en electricidad y 79% en gas que pasarán a cubrir solo el 24% y 21% del costo real, respectivamente. Asociaciones de defensa del consumidor, como el Observatorio de Tarifas, advierten que el 60% de la población –dependiente de subsidios– podría enfrentar cortes en verano por infraestructura vulnerable, pese a garantías oficiales de “no cortes generalizados”. Economistas independientes, como los de la UTDT, proyectan que el ahorro fiscal se diluirá si la inflación supera el 50%, pero celebran la “transparencia” en facturas que exponen el costo real del sistema.
En un país donde el 40% de los hogares ya gasta más del 10% de sus ingresos en energía, este recorte reaviva el debate sobre equidad: ¿priorizar el déficit fiscal o amortiguar el impacto en la clase media? Mientras el FMI aplaude la “ruta de salida gradual”, las calles porteñas murmuran sobre boletas que, como el invierno, llegarán frías y caras. El Ejecutivo, por su parte, insiste: “Subsidios solo a quienes los necesitan, cuando los necesitan”. La consulta pública, que cierra en diciembre, podría atenuar el golpe –o no.

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