Kiev, 14 diciembre 2025-Total News Agency-TNA–En un nuevo y contundente golpe contra el sistema energético y la población civil de Ucrania, Rusia lanzó durante la noche un ataque masivo compuesto por más de 450 drones kamikaze y al menos 30 misiles de distinto tipo, incluidos los hipersónicos Kinzhal, según confirmaron este sábado tanto Kiev como Moscú. El uso de este arsenal —particularmente los Kinzhal, capaces de volar a velocidades superiores a Mach 10— representa uno de los episodios más agresivos de las últimas semanas y subraya el objetivo ruso de degradar la infraestructura crítica ucraniana en pleno invierno, una táctica reiterada desde 2022 y que busca quebrar la resistencia de la población.
Moscú justificó el ataque alegando que se trató de una “respuesta a acciones terroristas de Ucrania contra objetivos civiles en territorio ruso”. El Ministerio de Defensa afirmó que se dirigió contra “instalaciones energéticas y militares”, pero la descripción oficial contrasta con los reportes de Kiev y con el histórico patrón de la ofensiva rusa, que ha repetido ataques deliberados sobre infraestructura civil, pese a negar sistemáticamente estos objetivos. Como es habitual en la doctrina del Kremlin, se presenta la agresión como represalia, aun cuando los blancos más afectados vuelven a ser centrales eléctricas, subestaciones y áreas urbanas.
El presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, denunció que “más de una decena de instalaciones civiles” fueron alcanzadas, dejando a miles de personas sin suministro eléctrico en siete regiones del país, entre ellas Odesa, Mikolaiv y Zaporiyia. El mandatario remarcó que el objetivo principal del ataque fue otra vez el sistema energético, una estrategia rusa que busca dejar sin calefacción ni electricidad a millones de civiles en pleno invierno, afectando hospitales, escuelas y servicios esenciales. Señaló además que “es importante que todos vean ahora lo que hace Rusia, pues claramente no se trata de poner fin a la guerra”.
Zelenski informó que durante las últimas horas Rusia utilizó más de 450 drones de ataque Shahed, lanzados en oleadas sucesivas para saturar las defensas ucranianas, y alrededor de 30 misiles, entre ellos Kinzhal, Kalibr y misiles balísticos S-300 reconvertidos para ataques terrestres. La simultaneidad del ataque por aire y por misiles obliga a Ucrania a dispersar su defensa antiaérea, un punto crítico mientras el país reclama más baterías Patriot y sistemas europeos como IRIS-T y SAMP/T para contrarrestar la ofensiva rusa.
El presidente ucraniano viajará durante el fin de semana a Berlín, donde se reunirá con líderes europeos y con representantes de Estados Unidos. Zelenski insistirá en la necesidad urgente de reforzar la defensa aérea, dotar al país de misiles de largo alcance —incluidos ATACMS adicionales— y aumentar la presión internacional sobre Moscú para impedir una nueva campaña devastadora contra infraestructura civil.
El ataque de la noche del viernes ocurre en medio de un invierno que se proyecta como el más difícil desde el inicio de la invasión y cuando Ucrania intenta sostener su sistema energético bajo un esquema de reparaciones continuas, parches temporarios y un consumo que debe ser racionado en zonas críticas. Las autoridades ucranianas advirtieron que, si continúan ataques de esta magnitud, será inevitable ampliar los cortes programados y trasladar población vulnerable lejos de las áreas más afectadas.
Mientras Rusia sigue intentando presentar la ofensiva como una respuesta defensiva, la realidad en el terreno muestra un patrón sostenido de ataques contra infraestructura civil, confirmando la estrategia que TNA ha documentado durante toda la guerra: Moscú busca quebrar la capacidad de resistencia interna de Ucrania, apuntando a viviendas, centrales eléctricas y centros urbanos, mientras Kiev responde defendiendo su territorio frente a una agresión que se mantiene sin variaciones en su carácter ofensivo.
Fuentes consultadas: Deutsche Welle, AFP, Reuters, The Kyiv Independent, Ukrinform.

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