Washington, 7 de enero de 2026 – Total News Agency-TNA- La captura de Nicolás Maduro por fuerzas de Estados Unidos y su traslado a Nueva York para enfrentar cargos federales no solo alteró de manera drástica el escenario político venezolano, sino que también puso en jaque las ambiciones estratégicas de China en América Latina, particularmente en Venezuela, uno de los principales pilares de la expansión económica y geopolítica de Pekín en el hemisferio occidental.
Durante más de dos décadas, China construyó una relación privilegiada con Caracas basada en préstamos multimillonarios, acuerdos energéticos de largo plazo y una presencia creciente en sectores clave como infraestructura, telecomunicaciones y transporte. Venezuela se convirtió en uno de los socios estratégicos más importantes de Pekín en la región, tanto por el volumen de sus reservas petroleras como por su alineamiento político con proyectos alternativos al liderazgo estadounidense.
La operación estadounidense que derivó en la captura de Maduro representa un golpe directo a esa arquitectura. Con el líder chavista fuera de juego y un gobierno interino en proceso de transición bajo fuerte influencia de Washington, los contratos energéticos, los proyectos de infraestructura y los mecanismos financieros que China había tejido con el régimen venezolano quedaron en una situación de extrema fragilidad. Analistas internacionales coinciden en que la ausencia de Maduro debilita severamente la capacidad de negociación de Pekín en Caracas y amenaza con reconfigurar el control sobre los flujos de petróleo venezolano.
En los últimos años, China había asegurado acceso preferente al crudo venezolano, muchas veces como forma de repago de los créditos otorgados al país sudamericano. Ese esquema fue clave para sostener tanto la economía venezolana como la estrategia china de diversificación de proveedores energéticos. La captura de Maduro y el posterior avance de Estados Unidos sobre la comercialización y distribución del petróleo venezolano ponen en riesgo ese acceso privilegiado y reducen la influencia china sobre uno de los principales activos estratégicos del país.
El impacto va más allá de Venezuela. Pekín había utilizado su relación con Caracas como una plataforma para consolidar presencia en América Latina y el Caribe, en competencia directa con Estados Unidos. La caída del régimen chavista complica esa proyección regional y expone los límites de la estrategia china en un escenario donde Washington decidió intervenir de manera directa para reafirmar su control sobre el hemisferio occidental.
Desde la Casa Blanca, la captura de Maduro es presentada como una señal inequívoca de la doctrina impulsada por el presidente Donald Trump: Estados Unidos no tolerará la expansión de potencias rivales en lo que considera su “patio trasero”. La ofensiva contra el liderazgo venezolano, combinada con sanciones, incautaciones de petroleros y el control de las ventas de crudo, envía un mensaje explícito a China sobre los límites de su influencia en la región.
Especialistas en geopolítica advierten que, sin Maduro, China pierde a su aliado más sólido en América Latina y enfrenta un escenario de mayor incertidumbre para sostener sus intereses estratégicos. Si bien Pekín intentará preservar su presencia mediante acuerdos con otros gobiernos latinoamericanos, la pérdida de Venezuela como socio preferencial reduce su capacidad de negociación y su margen de maniobra frente a una Estados Unidos decidido a consolidar su hegemonía regional.
El nuevo tablero regional muestra una competencia más abierta entre ambas potencias. Mientras Washington refuerza su control político, financiero y energético sobre Venezuela y proyecta esa influencia al resto del continente, China se ve obligada a diversificar alianzas y replantear su estrategia en una región donde su expansión ya no enfrenta solo resistencias diplomáticas, sino también acciones directas de poder.
En síntesis, la captura de Maduro no solo profundiza la crisis venezolana, sino que representa un revés estratégico de gran magnitud para China en América Latina y un punto de inflexión en la disputa geopolítica hemisférica, con Estados Unidos decidido a marcar los límites de la influencia extra-regional en su área de interés histórico.
Fuentes consultadas: análisis de medios internacionales, reportes de política exterior de EE.UU., informes de centros de estudios geopolíticos y energéticos.

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