Por Daniel Romero*
Buenos Aires, 23 de enero de 2026 – Total News Agency-TNA-A 37 años del asalto al Regimiento de Infantería Mecanizado N.º 3 de La Tablada, uno de los episodios más violentos y controvertidos de la recuperación democrática argentina, persisten interrogantes sobre el trasfondo político, las fallas de inteligencia y los vínculos nunca esclarecidos entre sectores del poder civil y los responsables del ataque. El aniversario vuelve a poner en primer plano el asesinato del jefe del cuartel y de otros efectivos caídos durante los combates, en un hecho que marcó a fuego el final del gobierno radical de Raúl Alfonsín.

Bajas por la defensa de “La Tablada” encabezadas por el Tte Coronel Fernández Cutielos.
El copamiento, ocurrido los días 23 y 24 de enero de 1989, fue ejecutado por el Movimiento Todos por la Patria (MTP), organización armada liderada por Enrique Gorriarán Merlo. La acción se produjo en un contexto de devastación económica, descomposición política e institucional y pérdida acelerada de autoridad del gobierno radical, que atravesaba una crisis terminal en plena campaña electoral. En los años 70, Gorriaran Merlo fue uno de esos “jovenes idealistas” responsable de ataquea a cuarteles militares y atentados donde tambien morían civiles.

Alfonsin ingresó al RIM III custodiado por militares
En ese escenario, Enrique Nosiglia ocupaba el Ministerio del Interior, con injerencia directa sobre la seguridad interior, la Policía Federal y los circuitos de inteligencia política. Su rol lo convertía en una figura central en la gestión del orden interno en los meses finales de la administración Alfonsín, cuando el Estado mostraba severas dificultades para controlar la conflictividad social y los riesgos de desestabilización.

El ataque del MTP fue presentado inicialmente por sus autores como una acción preventiva frente a un supuesto golpe de Estado de los sectores militares conocidos como “carapintadas”. Sin embargo, esa versión se derrumbó en cuestión de horas. Esa misma mañana quedó en evidencia que no existía ningún levantamiento militar en curso y que la autoría del asalto correspondía a una organización armada de izquierda. El Ejército y las fuerzas de seguridad reprimieron el ataque, lo desbarataron y recuperaron el control del cuartel tras intensos combates, en los que murieron militares, policías y atacantes.

Dos heridos en combate por La tablada, El Coronel Nanni y Comisario Re de la Provincia de Bs As
Diversas reconstrucciones históricas sostienen que, en las primeras horas, se intentó instalar políticamente la hipótesis de una autoría militar. Según esos análisis, el objetivo habría sido vincular el hecho a los carapintadas, un sector castrense enfrentado al alfonsinismo y señalado en la campaña electoral como cercano al entonces candidato presidencial peronista Carlos Menem. De haberse consolidado esa narrativa, el impacto político habría sido devastador y potencialmente letal para la candidatura que finalmente triunfó en mayo de 1989.

Uno de los ejes más sensibles que rodean a La Tablada es la relación previa entre Enrique Nosiglia y algunos integrantes del MTP. Investigaciones periodísticas y testimonios posteriores señalaron contactos políticos y canales de diálogo entre referentes del MTP —en particular Francisco “Pancho” Provenzano— y ámbitos del poder radical. Esos vínculos, nunca probados judicialmente, alimentaron sospechas sobre el grado de conocimiento previo que pudo haber existido respecto de la capacidad operativa del grupo y sobre alertas que habrían sido subestimadas en un momento de extrema fragilidad institucional.
En este nuevo aniversario, se suma un testimonio que da cuenta de cómo la hipótesis de la autoría militar fue descartada en tiempo real. Quien escribe, entonces con fuentes directas con militares y policias identificados con el sector “carapintada” y conocimiento del funcionamiento real del MTP, confirmó en la mañana del 23 de enero de 1989 que los atacantes no pertenecían a ese sector militar sino que eran miembros del MTP. Esa información fue transmitida en una llamada telefónica realizada a las 8:30 Hs a “Tata” Yofre, quien por entonces integraba el equipo político de la campaña presidencial de Carlos Menem. La comunicación permitió descartar tempranamente una narrativa que, de prosperar, habría tenido consecuencias políticas de enorme alcance. Luis Barrionuevo, que se encontraba en el mismo hotel y aseguraba que los atacantes eran “carapintadas”, le dijo a Yofre, “vos dedicate al periodismo”, lo que no entendia Barrionuevo, hoy día estrecho amigo y socio de Nosiglia, es que eso era lo que hacia quien luego sería Secretario de Inteligencia de Carlos Menem.

La opacidad del episodio se profundizó con un hecho posterior que aún hoy genera controversia: la muerte del entonces jefe de la Policía Federal Argentina, Juan Ángel Pirker, quien apareció sin vida en su despacho, oficialmente por un paro cardíaco. En ámbitos políticos y periodísticos se sostuvo que Pirker conocía información sensible sobre alertas previas, vínculos y movimientos relacionados con La Tablada, lo que convirtió su fallecimiento en un episodio rodeado de sospechas que nunca fueron esclarecidas de manera concluyente.
A casi cuatro décadas del asalto, La Tablada sigue siendo una herida abierta en la historia democrática argentina. Si bien los responsables materiales fueron juzgados y condenados, la verdad completa sobre las responsabilidades políticas, los contactos previos y el manejo de la inteligencia estatal continúa sin emerger plenamente. En este nuevo aniversario, el recuerdo de los militares y fuerzas de seguridad asesinados vuelve a poner en primer plano un episodio donde la violencia, la crisis y las sombras del poder se entrelazaron en uno de los momentos más oscuros del final del alfonsinismo.
*Daniel Romero: Ex asesor de inteligencia-Director de Total News Agency

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