Pekín, 31 se enero de 2026 – Total News Agency-TNA-Una purga sin precedentes en la cúpula de las Fuerzas Armadas de la República Popular China dejó al descubierto una crisis profunda en el liderazgo militar, con implicancias que exceden la interna del régimen y proyectan riesgos estratégicos regionales, particularmente sobre Taiwán. Destituciones silenciosas, acusaciones de corrupción estructural y, en su punto más grave, presuntas filtraciones de secretos nucleares a Estados Unidos, configuran un escenario de inestabilidad inédita en el Ejército Popular de Liberación.
Según reconstrucciones de analistas internacionales y material audiovisual especializado, la purga alcanzó a figuras centrales del alto mando, entre ellas el general Zhang Youxia, hasta hace poco uno de los hombres más influyentes del aparato militar chino. Su desplazamiento marcó un quiebre interno de alto impacto: Zhang Youxia ocupaba un rol clave como vicepresidente de la Comisión Militar Central, el máximo órgano de conducción de las fuerzas armadas, y era además uno de los pocos generales con experiencia real de combate, adquirida durante la guerra con Vietnam, un antecedente cada vez más excepcional dentro de la actual cúpula castrense.
Junto a él, también quedó bajo la lupa el general Liu Zhenli, otro nombre de peso dentro de la jerarquía militar. La caída y el desplazamiento de estas figuras dejó en evidencia fracturas internas profundas que el régimen venía disimulando bajo el discurso de estabilidad y disciplina absoluta.
De acuerdo con fuentes citadas por especialistas en defensa, la purga no responde únicamente a la narrativa anticorrupción del Partido Comunista Chino, sino que estaría ligada a luchas de poder internas, redes de lealtades personales y una creciente desconfianza del liderazgo político hacia sus propios generales. En ese marco, el control ideológico habría primado sobre la competencia profesional.
El aspecto más delicado del escándalo es la acusación de traición. Investigaciones internas habrían detectado que uno de los generales purgados utilizó su posición para construir una red paralela de poder, manipular ascensos mediante sobornos y, en el punto más grave, filtrar información técnica sensible vinculada al armamento nuclear chino a Estados Unidos. De confirmarse, el episodio representaría una vulneración directa al núcleo estratégico del Estado chino, muy por encima de un caso clásico de corrupción administrativa.
El impacto de estas denuncias sacudió a toda la élite militar. La purga dejó vacantes puestos clave y redujo el círculo de conducción efectiva a apenas dos figuras en los niveles más altos, una situación que analistas militares describen como estructuralmente riesgosa para una potencia que se prepara para escenarios de alta intensidad.
La crisis se ve agravada por el envejecimiento del liderazgo, la escasez de cuadros con experiencia operativa real y la falta de recambio confiable, lo que plantea serias dudas sobre la capacidad de mando, control y planificación estratégica del Ejército Popular de Liberación.
En este contexto, la figura de Xi Jinping adquiere centralidad. Sin formación militar y con un estilo de conducción crecientemente personalista, el líder chino habría profundizado las purgas por temor a deslealtades internas, generando un clima de miedo, parálisis y autocensura dentro de la estructura castrense. Analistas advierten que este tipo de dinámicas produce cámaras de eco, donde los mandos evitan contradecir al poder político incluso frente a diagnósticos estratégicos equivocados.
La inestabilidad del liderazgo militar tiene implicancias directas sobre el escenario de Taiwán. En paralelo a las purgas, China intensificó ejercicios militares que simulan bloqueos e invasiones sobre la isla, considerada por Pekín como parte inalienable de su territorio. Tanto Estados Unidos como las autoridades taiwanesas evalúan que China podría intentar una acción militar a partir de 2027, aunque reconocen que se trataría de una operación extremadamente compleja por razones geográficas, logísticas y políticas.
Paradójicamente, la debilidad interna del Ejército podría incrementar el riesgo externo. Especialistas señalan que, en regímenes autoritarios, las crisis de control suelen derivar en acciones agresivas hacia el exterior como mecanismo para recomponer autoridad y cohesión interna. En ese marco, algunos sectores del mando podrían verse tentados a impulsar una operación limitada sobre Taiwán, con el riesgo de que el conflicto se descontrole rápidamente.
La salida abrupta de figuras experimentadas dejó al Ejército chino con vacíos de conducción, moral debilitada y una estructura atravesada por la sospecha. La combinación de purgas, acusaciones de espionaje nuclear, desconfianza política y presión geopolítica conforma un cóctel de alta volatilidad que alimenta la tensión en todo el Indo-Pacífico.
Lejos de exhibir fortaleza, la purga expone a un aparato militar poderoso en recursos, pero frágil en cohesión y liderazgo, con una conducción cada vez más concentrada y un margen de error peligrosamente reducido. En ese escenario, Taiwán emerge como el principal punto de fricción, mientras la comunidad internacional observa con creciente preocupación una crisis que pone en duda la solidez interna del poder militar chino.
Fuentes consultadas:
Análisis audiovisual de VisualPolitik; informes de especialistas en defensa y seguridad internacional; evaluaciones de analistas militares occidentales y asiáticos; antecedentes públicos sobre la Comisión Militar Central y el Ejército Popular de Liberación.

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