La habana-10 de Febrero de 2025-Total News Agency-TNA-. El régimen de Cuba se encuentra inmerso en la peor crisis energética, económica y social desde el denominado “Periodo Especial” de los años noventa, con un riesgo creciente de desintegración estatal y malestar popular ante la escasez de combustibles, el colapso de servicios básicos y la incapacidad del Gobierno para revertir la espiral descendente.
La isla hoy enfrenta un escenario de escasez extrema de petróleo y derivados, con falta de combustible para transporte, generación eléctrica y servicios públicos, situación que se ha traducido en extensos apagones, altos niveles de incertidumbre y la adopción de medidas de emergencia por parte del Ejecutivo.El déficit de insumos energéticos ha llevado incluso a que Cuba no pueda ofrecer reabastecimiento de queroseno a las aerolíneas internacionales en al menos nueve aeropuertos nacionales hasta el 11 de marzo, decisión que impacta directamente en el turismo y el transporte aéreo.
La coyuntura actual es resultado, en gran medida, de la interrupción de los suministros de petróleo que históricamente provenían de Venezuela y, en menor medida, de México, tras la presión ejercida por la Administración del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien impuso sanciones, aranceles y bloqueos a los países que intentaran sostener el flujo de hidrocarburos hacia la isla. Al mismo tiempo, la política de aislamiento energético estadounidense ha obligado a otras naciones proveedoras a reducir o cesar sus envíos, exacerbando la escasez.
En respuesta, el Gobierno de Miguel Díaz-Canel implementó un plan de emergencia que prioriza el uso de combustible para servicios esenciales y sectores generadores de divisas, como el turismo, e incluye cambios en la modalidad de trabajo y educación, así como incentivos para impulsar fuentes de energía alternativa, como paneles solares, en un intento por mitigar el desabastecimiento. Sin embargo, estas medidas llegan en un contexto en el que las redes eléctricas acumulan años de deterioro, mientras que la producción interna de combustible resulta insuficiente ante la demanda nacional.
Las restricciones en el suministro energético ya han generado efectos severos en la vida cotidiana de la población: apagones que pueden superar las doce horas diarias, escasez de gas doméstico, reducción drástica del transporte público y dificultades para acceder a servicios básicos, alimentarias y de salud, agravando una crisis humanitaria que preocupa a organismos internacionales.
La presión estadounidense, además de medidas económicas, incluye la amenaza de imponer aranceles a cualquier país que continúe exportando petróleo a Cuba, lo que ha obligado a algunos países a detener sus envíos o replantear su cooperación energética ante el temor de sanciones. ( En este marco, la ONU y México han expresado su interés en colaborar para evitar un colapso humanitario, aunque Cuba se ha mostrado reticente a adoptar cambios estructurales significativos que puedan ser exigidos como condición para la asistencia.
La fractura interna del régimen se evidencia también en su estructura de poder: sectores militares conservan el control de funciones estratégicas del Estado y la economía, lo que mantiene una cohesión formal del sistema, pero al mismo tiempo limita la capacidad de adaptarse a la crisis. La falta de reformas políticas y económicas profundas, combinada con la severa presión externa, plantea un escenario en el que el desgaste institucional continúa agravándose, con consecuencias todavía impredecibles para la estabilidad de la isla y la supervivencia del modelo político vigente.
La crisis energética cubana ha provocado ya decisiones drásticas en el sector aéreo internacional, como la suspensión de vuelos de importantes aerolíneas —entre ellas Air Canada— y la reprogramación de rutas con escalas obligatorias para reabastecimiento fuera del espacio nacional, reflejo de un problema cuyos efectos trascienden las fronteras y afectan la conectividad global con la isla.
Mientras tanto, el Ejecutivo insiste en responsabilizar a las sanciones exteriores —especialmente de Estados Unidos— por las dificultades actuales y acusa a potencias extranjeras de intentar desestabilizar a la nación caribeña, en un discurso oficial que busca reforzar la narrativa de resistencia frente a lo que califica como “agresión externa”.
En este contexto social y político convulsionado, la población cubana enfrenta un deterioro profundo de sus condiciones de vida, marcado por la falta de servicios básicos, la inflación creciente y la incertidumbre sobre el futuro inmediato de la isla, que se debate entre la prolongación de un modelo agotado y la presión por transformaciones que puedan aliviar la crisis multidimensional que atraviesa. (TIME)
Fuentes consultadas
Infobae
CBS News / AP
Al Jazeera
Reuters
The Guardian
Time
El País
Cuballama
El Litoral
Cadena 3





