Buenos Aires-28 de Febrero de 2026-Total News Agency-TNA- En sintonía con su estrategia de alineamiento internacional, el Gobierno de Javier Milei respaldó el operativo militar de Estados Unidos e Israel contra Irán y ordenó elevar a “alto” el nivel de seguridad en todo el territorio nacional. La decisión, comunicada desde Casa Rosada, incluye el refuerzo preventivo de la custodia sobre “objetivos sensibles”, la infraestructura crítica, sedes diplomáticas y la comunidad judía, mientras el Sistema de Inteligencia Nacional quedó instruido para monitorear la evolución del conflicto en coordinación con agencias internacionales.

La medida se anunció en un contexto de guerra abierta en Oriente Próximo, luego de una ofensiva conjunta sobre objetivos en Teherán y otras ciudades iraníes, y de una respuesta inmediata del régimen con misiles y drones que se extendió a Israel y a bases estadounidenses en países del Golfo. Con el tablero regional en plena escalada —y con cierres de espacio aéreo, interrupciones de vuelos y alertas consulares en cadena— el Ejecutivo argentino optó por anticiparse a posibles derivaciones locales: desde intentos de represalias, hasta amenazas contra intereses vinculados a Estados Unidos e Israel en el exterior.
Según el comunicado oficial, el esquema de protección se ampliará “de modo preventivo” sobre los blancos considerados prioritarios. Esto incluye, además, el refuerzo de la custodia de representaciones diplomáticas extranjeras y el despliegue de dispositivos adicionales en áreas sensibles. En el mismo paquete, se activó un protocolo de alerta en fronteras que implica mayor control de ingreso y egreso, incremento de la trazabilidad de movimientos transfronterizos y revisión de alertas tempranas en zonas críticas, con coordinación entre la Secretaría de Inteligencia de Estado, el Ministerio de Seguridad Nacional, la Dirección Nacional de Migraciones y las Fuerzas Federales de Seguridad.
El tono político del mensaje no fue neutral. La Cancillería apoyó públicamente las acciones en Medio Oriente bajo el argumento de “neutralizar la amenaza” que representa el régimen iraní para la estabilidad internacional. En el entorno del Presidente remarcaron que, a su criterio, Irán no desmanteló por completo su programa nuclear y mantiene una conducta desestabilizadora en la región a través de estructuras militares y redes de apoyo a grupos armados. En ese marco, el Gobierno también condenó los contraataques iraníes, que impactaron sobre Israel y alcanzaron objetivos en Emiratos Árabes Unidos, Bahréin, Qatar, Arabia Saudita y Kuwait, ampliando la percepción de riesgo regional.
La posición argentina se enmarca en una línea de decisiones previas. En enero, la Oficina del Presidente anunció la designación de la Fuerza Quds —brazo externo de los Cuerpos de la Guardia Revolucionaria Islámica— y de un grupo de individuos vinculados como organización terrorista. El Gobierno justificó esa medida por el historial de operaciones atribuidas al aparato iraní fuera de sus fronteras y por los atentados que golpearon a Argentina en los años 90, con foco en la voladura de la Embajada de Israel en Buenos Aires (1992) y el ataque contra la AMIA (1994). La Casa Rosada volvió a subrayar, además, la falta de cooperación del régimen iraní en el esclarecimiento y juzgamiento de los acusados señalados por la Justicia argentina.
En las últimas horas, el Ejecutivo buscó equilibrar un mensaje de firmeza con un registro humanitario: mientras apoyó el operativo para frenar lo que definió como una amenaza estratégica, expresó solidaridad con el pueblo iraní “que ha manifestado con valentía su aspiración a vivir en libertad” y con respeto por los derechos humanos. La lectura oficial es clara: se trata de diferenciar a la población de un régimen al que considera responsable de exportar violencia, sostener estructuras militares clandestinas y desafiar mecanismos de no proliferación.
En el plano operativo, el conflicto ya repercute sobre el despliegue argentino en la zona. La Embajada Argentina en Arabia Saudita emitió recomendaciones de máxima precaución para ciudadanos argentinos en Medio Oriente, y la representación en Israel pidió seguir las instrucciones del Home Front Command y ubicar el refugio más cercano. En paralelo, fuentes del propio Gobierno indicaron que el personal diplomático argentino en Irán fue trasladado a Azerbaiyán, desde donde se canaliza la asistencia consular.

La decisión de endurecer la seguridad interna también se explica por el recuerdo vigente de los atentados en Buenos Aires y por el historial de alertas sobre potenciales amenazas contra objetivos comunitarios y diplomáticos cuando se produce una escalada entre Irán e Israel. En una coyuntura donde la guerra ya incluye ataques a bases y ciudades del Golfo, y donde distintas capitales ordenaron evacuaciones o recortes de personal, la Casa Rosada eligió un mensaje que combina alineamiento estratégico y prevención doméstica: apoyo a la operación y refuerzo de la protección interna.
En términos políticos, el Gobierno interpreta que el escenario internacional valida su doctrina de política exterior: cercanía con Estados Unidos e Israel, ruptura de ambigüedades con el régimen iraní y construcción de un perfil de “tolerancia cero” frente a estructuras que define como terroristas. Con el conflicto en expansión y el riesgo de nuevas oleadas de represalias, la apuesta oficial es sostener el rumbo sin dejar flancos abiertos en el plano local.





