Teherán-24 de marzo de 2026-Total News Agency-TNA- La guerra en Medio Oriente volvió a mostrar este martes que la pausa anunciada por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, dista de haberse traducido en una verdadera desescalada. El régimen de Irán denunció nuevos ataques sobre infraestructura gasífera en Isfahán y en un gasoducto que alimenta una central eléctrica en Jorramshahr, apenas horas después de que la Casa Blanca comunicara el aplazamiento por cinco días de un plan para golpear instalaciones energéticas iraníes. Con ello los ayatolas logran que el petroleo vuelva a subir.
La denuncia iraní apuntó a dos blancos concretos. Por un lado, un edificio administrativo y una estación de regulación de presión de gas en la calle Kaveh, en Isfahán, que habrían sufrido daños parciales. Por otro, un impacto sobre el gasoducto de una central eléctrica en Jorramshahr, en el suroeste del país. El señalamiento surgió desde la estructura informativa del propio régimen, que atribuyó los ataques al eje integrado por Israel y Estados Unidos. No hubo, hasta el momento, una confirmación independiente y completa sobre la magnitud material de los daños, pero el episodio sí reforzó una evidencia política y militar: la infraestructura energética iraní sigue dentro de la zona crítica del conflicto.
El punto más sensible es que estos golpes se produjeron inmediatamente después de que Trump informara que postergaba por cinco días los ataques estadounidenses contra plantas eléctricas y otros sitios energéticos iraníes. Sin embargo, esa pausa nunca terminó de despejar del todo el panorama. Un reporte citado por Reuters señaló que la suspensión se limitaba únicamente a los objetivos energéticos y no alcanzaba a instalaciones militares, bases navales, centros misilísticos ni a la industria de defensa iraní. Si esa lectura se confirma, la tregua no habría sido una tregua integral, sino apenas una acotación parcial dentro de una campaña militar que sigue activa.
A esa ambigüedad se sumó otro factor que volvió todavía más frágil cualquier expectativa de distensión: Irán negó que existan negociaciones reales en curso con Washington. Mientras Trump habló de conversaciones “muy buenas y productivas” y de posibles acuerdos de fondo, desde Teherán respondieron que no hubo contactos directos y que esas versiones forman parte de una operación de manipulación política y financiera. La contradicción no es menor. Si no hay negociación cierta, la pausa sobre infraestructura energética queda reducida a una señal unilateral, insuficiente para modificar el pulso general de la guerra.
La realidad del campo de batalla, de hecho, apuntó en la dirección contraria. Este martes, Irán lanzó nuevas oleadas de misiles sobre Israel, con sirenas antiaéreas en Tel Aviv y daños en edificios residenciales. En paralelo, la aviación israelí siguió golpeando objetivos en Teherán y otros puntos sensibles del aparato de seguridad iraní. Es decir, mientras en el plano discursivo aparecía una pausa limitada, en el terreno militar el intercambio no cedió y siguió afectando tanto infraestructura estratégica como zonas urbanas.
El episodio también volvió a poner en primer plano la lógica que dio origen a la ofensiva lanzada por Estados Unidos e Israel el 28 de febrero: impedir que el régimen iraní consolide una capacidad nuclear militar y un vector misilístico de largo alcance que ya no amenaza sólo a Israel, sino a un arco mucho más amplio de países. Pero esa decisión estratégica abrió, a su vez, un escenario de alto riesgo para toda la región. La guerra ya alteró severamente el tránsito por el estrecho de Ormuz, por donde normalmente circula cerca de una quinta parte del petróleo y del gas natural licuado del mundo, y volvió a empujar al crudo por encima de los US$100 tras la negativa iraní a reconocer contactos con Washington.
Así, la denuncia sobre Isfahán y Jorramshahr no representa sólo un episodio táctico más. Expone, en cambio, el verdadero estado del conflicto: una guerra todavía encendida, con señales diplomáticas débiles, con objetivos energéticos bajo amenaza y con un régimen iraní que intenta mostrarse en control mientras sigue recibiendo golpes sobre sectores vitales de su estructura. La tregua lanzada por Trump ofreció un respiro momentáneo a los mercados, pero no alcanzó para cambiar la realidad central: en Medio Oriente, la confrontación continúa, la infraestructura crítica sigue en la mira y cualquier promesa de descompresión puede romperse en cuestión de horas.





