Buenos Aires, 2 de mayo de 2026 – Total News Agency – TNA-La Argentina conmemora hoy un nuevo aniversario del hundimiento del crucero ARA General Belgrano, uno de los episodios más dramáticos y heroicos de la Guerra de Malvinas, donde 323 marinos entregaron su vida en cumplimiento del deber y otros 770 lograron sobrevivir en condiciones extremas en el Atlántico Sur.

El 2 de mayo de 1982, a las 16:01, el buque de la Armada Argentina, ex USS Phoenix —que había sobrevivido al ataque japonés a Pearl Harbor— fue alcanzado por torpedos lanzados por el submarino nuclear británico HMS Conqueror. Dos impactos bastaron para sellar el destino del crucero, que en pocos minutos comenzó a escorarse de manera irreversible.
A bordo viajaban más de mil hombres. Pese a los daños críticos, la tripulación ejecutó con disciplina y profesionalismo cada fase del protocolo de combate y abandono. Los grupos de control de averías combatieron las inundaciones hasta el límite de sus capacidades, mientras los oficiales mantuvieron el orden en un escenario donde cada segundo definía la vida o la muerte.
El comandante, Héctor Bonzo, demoró la orden de abandono todo lo posible para garantizar la evacuación de heridos y organizar a la tripulación en las balsas. Recién a las 16:23, con el buque escorado y sin capacidad de recuperación, se ordenó abandonar la nave. Minutos después, el crucero desapareció bajo las aguas heladas del Atlántico Sur.
Combate, disciplina y supervivencia en condiciones extremas
Las condiciones eran adversas: temperaturas cercanas a un grado centígrado, vientos de hasta 40 nudos y un mar en estado 4/5 que se agravaría durante la noche. Las balsas, golpeadas por olas de hasta nueve metros y vientos que alcanzaron los 60 nudos, se transformaron en el último bastión de resistencia de los sobrevivientes.
El frío extremo, el agotamiento físico y el mareo pusieron a prueba la resistencia de los marinos. Sin embargo, no se registraron actos de indisciplina. Por el contrario, el liderazgo, la cohesión y la moral se mantuvieron firmes. Canciones, rezos y la conducción de los cuadros superiores sostuvieron el espíritu de combate incluso en medio de la adversidad.
La operación de rescate: una carrera contra la muerte
Desde el momento del hundimiento, la Armada Argentina desplegó un operativo de búsqueda y rescate sin precedentes. Aeronaves de exploración y unidades navales iniciaron un rastreo en condiciones meteorológicas extremas.
El 3 de mayo por la mañana, una aeronave logró detectar una mancha de combustible y restos flotantes. A partir de ese punto, los destructores ARA Piedrabuena y ARA Bouchard, junto a otras unidades como el ARA Gurruchaga, el buque polar ARA Bahía Paraíso y el buque chileno Piloto Pardo, desplegaron un operativo coordinado para localizar las balsas.
A las 13:15 se produjo el momento clave: el avistamiento de las primeras balsas. La señal de bengalas confirmó que había sobrevivientes. Comenzó entonces un rescate que permitió salvar a 770 hombres, en una operación que, por su magnitud y complejidad, quedó registrada como una de las más exigentes en la historia naval argentina.
El testimonio del combate
Relatos de protagonistas reflejan la dimensión humana del episodio. Oficiales que participaron en la búsqueda describieron noches enteras recalculando la deriva de las balsas, enfrentando un mar embravecido y una incertidumbre total sobre el destino de sus camaradas.
Las maniobras de rescate se realizaron en condiciones límite, con buques sometidos a impactos violentos del mar que incluso provocaron daños estructurales. Sin embargo, la misión se sostuvo con determinación, bajo una premisa central: no abandonar a ningún camarada.
Honor, sacrificio y memoria
El lema del crucero, “Irse a pique antes que rendir el pabellón”, no fue una consigna simbólica: fue una realidad cumplida en combate. Los marinos del ARA General Belgrano honraron ese principio con su entrega total.
Hoy, a 44 años del hundimiento, la Argentina recuerda a quienes permanecen en su último puesto de guardia en el fondo del mar, custodiando el pabellón nacional. Y reconoce también a los sobrevivientes, que enfrentaron condiciones extremas con valor, disciplina y espíritu de cuerpo.
El episodio trasciende el hecho militar: es una expresión de profesionalismo, coraje y compromiso con la Nación. En un contexto de guerra desigual, los hombres de la Armada Argentina demostraron capacidad operativa, liderazgo y una vocación de servicio que sigue siendo referencia para las nuevas generaciones.
El desafío actual no es solo recordar, sino también preservar la memoria histórica, honrar a quienes combatieron y garantizar que su sacrificio no sea relativizado ni olvidado.
A los caídos, honor y gloria eterna. A los sobrevivientes, respeto y reconocimiento. Y a todos los veteranos, el deber permanente de mantener viva la historia de quienes defendieron a la Patria con valor en el mar.




