Buenos Aires, 21 de mayo de 2026-Total News Agency-TNA- La actividad económica volvió a mostrar una señal positiva en marzo y le dio al Gobierno de Javier Milei un dato clave para sostener su discurso de recuperación. Según el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) difundido por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), la economía creció 5,5% interanual, avanzó 3,5% frente a febrero en la medición desestacionalizada y registró la mejor suba desde junio de 2025.
El dato llegó después de un febrero flojo, atravesado por factores estacionales, menor cantidad de días hábiles y el impacto de un paro general. En marzo, en cambio, la actividad mostró un rebote amplio, con crecimiento en casi todos los sectores y con una composición más favorable para el Gobierno: ya no empujaron solamente el agro y la minería, sino que también se sumaron la industria, la construcción, el comercio, el transporte y los servicios financieros.
En el acumulado del primer trimestre, el EMAE registró una mejora de 1,7% respecto del mismo período del año anterior. El número, aunque todavía moderado, permite al oficialismo defender la idea de que la economía empezó a dejar atrás la fase más dura del ajuste y que la estabilización macroeconómica comienza a trasladarse, lentamente, a la actividad real.
El principal motor del mes volvió a ser Agricultura, ganadería, caza y silvicultura, con una suba interanual de 17,9%. El sector agropecuario fue, además, el de mayor incidencia positiva en el resultado general. En una economía históricamente necesitada de dólares, el campo volvió a aparecer como una pieza central para sostener exportaciones, reservas y actividad en el interior productivo.
También se destacó Explotación de minas y canteras, con un crecimiento de 16,3%, impulsado por el dinamismo de la energía, la minería y el desarrollo de recursos estratégicos. Este rubro viene ganando peso dentro de la economía argentina y confirma una tendencia de fondo: el país empieza a apoyarse cada vez más en sectores capaces de generar divisas genuinas, como Vaca Muerta, hidrocarburos, minería y actividades vinculadas a la exportación.
La Industria manufacturera, que venía golpeada en meses anteriores, mostró una mejora de 4,6% interanual. El dato es relevante porque se trata de un sector sensible para el empleo urbano, las pymes, las cadenas de proveedores y el clima económico general. Si bien la recuperación industrial todavía debe consolidarse, marzo ofreció una señal distinta frente a la heterogeneidad que se venía observando desde comienzos de año.
La Construcción también repuntó con fuerza y creció 7,6% interanual, en línea con otros indicadores que ya habían mostrado una mejora del sector. El rubro había sido uno de los más afectados por el freno de la obra pública y por la caída inicial de la inversión, pero empieza a exhibir una recomposición parcial, empujada por proyectos privados, menor incertidumbre y expectativas de reactivación.
Otro dato significativo fue el avance del Comercio mayorista, minorista y reparaciones, que subió 2,2%. Aunque no se trata de un salto explosivo, marca una diferencia respecto de meses previos, cuando el consumo aparecía rezagado frente a otros sectores más ligados a exportaciones o recursos naturales. Para el Gobierno, ese punto es sensible: la recuperación será políticamente más sólida si empieza a sentirse en comercios, salarios, crédito y consumo cotidiano.
El sector de Pesca encabezó el ranking de variaciones con una suba de 30,9%, aunque su peso relativo dentro del índice es menor que el del agro, la industria o la minería. También crecieron Intermediación financiera, con 8,8%; Electricidad, gas y agua, con 5,7%; Transporte y comunicaciones, con 4,7%; Actividades inmobiliarias, empresariales y de alquiler, con 2,4%; Servicios sociales y de salud, con 1%; Hoteles y restaurantes, con 0,9%; Otras actividades de servicios comunitarios, sociales y personales, con 0,8%; y Enseñanza, con 0,1%.
El único sector que retrocedió fue Administración pública y defensa; planes de seguridad social de afiliación obligatoria, con una baja de 1,2% interanual. Ese dato encaja con la línea de ajuste del gasto estatal que impulsa la administración libertaria. Mientras la mayoría de los sectores privados comenzaron a mostrar señales positivas, el componente ligado al Estado siguió en terreno negativo y restó 0,1 puntos porcentuales al resultado general.
El ministro de Economía, Luis Caputo, había anticipado que marzo mostraría una mejora importante. En declaraciones previas, había señalado que el Índice de Producción Industrial Manufacturero había crecido 3,2% en términos desestacionalizados y 5% interanual, mientras que la construcción había avanzado 12,7% interanual. El dato del EMAE terminó confirmando esa lectura oficial y fue rápidamente utilizado por el Gobierno como prueba de que el programa económico empieza a mostrar resultados.
El presidente Javier Milei también celebró el indicador, en línea con su discurso de que la economía está saliendo del pozo luego del ordenamiento fiscal, la desaceleración inflacionaria y la recomposición de expectativas. Para la Casa Rosada, el número de marzo sirve para reforzar una idea política: el ajuste fue duro, pero empieza a ser reemplazado por una etapa de crecimiento.
El economista Iván Cachanosky, jefe de la Fundación Libertad y Progreso, sostuvo que enero y febrero suelen ser meses estructuralmente difíciles por vacaciones, menor actividad industrial y, en este caso, factores adicionales como el paro general y dos días hábiles menos. En esa línea, consideró que marzo fue el primer mes “limpio” del año y que el dato despejó dudas sobre la tendencia de fondo.
La lectura más optimista apunta a que el proceso de desinflación, la menor incertidumbre electoral y la normalización de la demanda de pesos podrían empezar a empujar el consumo en los próximos meses. Si eso ocurre, la recuperación dejaría de depender exclusivamente de sectores exportadores o de baja intensidad laboral y comenzaría a sentirse más claramente en la economía doméstica.
Sin embargo, el rebote no elimina todos los desafíos. La economía argentina todavía arrastra salarios golpeados, crédito limitado, presión tributaria elevada, incertidumbre regulatoria y sectores productivos que necesitan más tiempo para recomponerse. El dato de marzo es fuerte, pero deberá sostenerse durante varios meses para confirmar que no se trata sólo de una recuperación estadística después de un febrero débil.
Desde una mirada económica de derecha, el resultado refuerza una tesis central: cuando se baja el déficit, se ordenan las cuentas públicas, se reduce la emisión y se envían señales de disciplina macroeconómica, la actividad puede empezar a recuperar terreno. Pero también deja una advertencia: la estabilidad no alcanza si no se profundizan reformas que reduzcan impuestos, simplifiquen regulaciones, impulsen inversión privada y liberen definitivamente la capacidad productiva del país.
El Gobierno tiene ahora un dato favorable para exhibir, pero también una obligación política: convertir el rebote en crecimiento sostenido. La Argentina ya conoció muchas recuperaciones cortas que terminaron chocando contra inflación, falta de dólares, cepos, gasto público desbordado o reglas cambiantes. La diferencia, esta vez, deberá estar en la continuidad del rumbo y en la capacidad de transformar estabilidad macroeconómica en empleo, inversión y mejora real del poder adquisitivo.
Marzo dejó una señal clara: la economía repuntó, la mayoría de los sectores creció y el sector privado empezó a mostrar mayor dinamismo. Para Milei y Caputo, el dato llega en el momento justo. Para la oposición, será difícil negar el rebote, aunque insistirá en discutir su impacto social. Para los argentinos, la pregunta de fondo es más simple: cuándo esa mejora estadística se convertirá en alivio concreto en el bolsillo.




