Buenos Aires, 30 de mayo de 2026-Total News Agency-TNA- Las principales consultoras privadas anticipan que la inflación de mayo volverá a mostrar una desaceleración respecto de abril, aunque el índice seguiría ubicado por encima del 2% mensual, un nivel todavía alto para el objetivo del Gobierno de Javier Milei de consolidar una baja más marcada del costo de vida.
Las estimaciones preliminares ubican al Índice de Precios al Consumidor (IPC) de mayo entre 2,1% y 2,5%, por debajo del 2,6% registrado oficialmente en abril por el INDEC, pero todavía lejos de una convergencia clara hacia niveles internacionales. De confirmarse esa tendencia, sería el segundo mes consecutivo de desaceleración después del pico de 3,4% registrado en marzo, el valor más alto del año.
El dato oficial será publicado por el Instituto Nacional de Estadística y Censos el 11 de junio, mientras que la inflación de la Ciudad de Buenos Aires, habitualmente leída por el mercado como un anticipo parcial de la dinámica nacional, se conocerá días antes. En el Gobierno esperan que el número confirme que el proceso de estabilización volvió a tomar impulso tras el rebrote de marzo.
La estimación más optimista surge de Fundación Libertad y Progreso, que proyectó una inflación cercana al 2,1% hacia el cierre del mes. Según el economista Julián Neufeld, el rubro de mayor incidencia volvió a ser Alimentos y bebidas no alcohólicas, que mostró una aceleración respecto de registros previos y aportó una parte importante del movimiento del nivel general.
EcoGo y C&T Asesores Económicos estimaron un IPC de alrededor del 2,2%, también por debajo del registro de abril. En una línea similar, LCG señaló que los componentes estacionales y regulados habrían ejercido una presión menor sobre el índice general, ayudando a moderar la variación mensual.
Algo más arriba se ubicó Equilibra, que calculó una inflación de 2,3% para mayo. La consultora explicó que el principal impulso provino de los precios estacionales, con una suba aproximada de 3,6%, mientras que la inflación núcleo se mantuvo en torno al mismo ritmo de abril. Para Lorenzo Sigaut Gravina, la baja mensual de precios frente a abril no impediría que la medición interanual siga mostrando rigidez.
La proyección más elevada entre las estimaciones relevadas corresponde a Analytica, que ubicó la inflación de mayo en torno al 2,5%. La economista Rosario Vidaurreta advirtió que Alimentos y bebidas mostró aceleración en las últimas semanas, especialmente por aumentos en verdulería, lo que podría limitar el efecto favorable que habían tenido los precios estacionales durante abril.
El último Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central de la República Argentina también proyectó una inflación cercana al 2,3% para mayo, en línea con el consenso privado. Esa medición es seguida de cerca por el mercado porque reúne estimaciones de consultoras, bancos y centros de investigación, y sirve como termómetro de expectativas para los próximos meses.
El ministro de Economía, Luis Caputo, buscó reforzar la expectativa oficial de desaceleración y afirmó que el IPC de mayo será menor al de abril. Durante su exposición en el Latin American Forum, el funcionario sostuvo que las expectativas están “ancladas” y que para los próximos doce meses el mercado espera una inflación en torno al 20%, por lo que descartó un cimbronazo en materia de precios.
La lectura oficial es que el programa económico logró recuperar cierto control sobre la nominalidad después del mal dato de marzo. Para el Gobierno, el equilibrio fiscal, la restricción monetaria, la estabilidad cambiaria y la expectativa de mayores ingresos de dólares por energía, minería y agro constituyen la base para que la inflación continúe bajando durante el segundo semestre.
Sin embargo, las consultoras advierten que el descenso todavía es lento. El hecho de que mayo siga por encima del 2% confirma que la inflación mantiene núcleos de resistencia en alimentos, servicios, tarifas, alquileres y algunos precios estacionales. La baja respecto de abril representa una señal positiva para la Casa Rosada, pero no elimina la preocupación por el impacto cotidiano sobre salarios, jubilaciones y consumo.
El rubro alimentos vuelve a ser el punto más sensible. Aunque la inflación general desacelere, cualquier aumento en productos básicos tiene un efecto inmediato sobre el bolsillo de los sectores medios y bajos. Verduras, frutas, carnes, lácteos y productos de almacén son observados con especial atención porque definen la percepción social de la inflación mucho más que el promedio estadístico.
La evolución de los precios regulados también será clave. En abril, el INDEC había informado que los regulados aumentaron por encima del promedio general, impulsados por transporte y servicios públicos. Para mayo, el menor peso relativo de algunos ajustes ayudó a moderar el índice, aunque el esquema tarifario seguirá siendo un factor de presión en los próximos meses.
El Gobierno enfrenta así una doble necesidad: mostrar que la inflación baja, pero también lograr que esa desaceleración se sienta en la economía real. La caída del consumo, la presión sobre comercios, la situación de la industria y la pérdida de poder adquisitivo siguen condicionando la lectura social del programa económico. Un IPC menor al de abril será celebrado por el oficialismo, pero difícilmente alcance por sí solo para despejar el malestar si los ingresos no acompañan.
En términos políticos, el número de mayo tendrá peso propio. Si el IPC se ubica cerca del 2,1% o 2,2%, el Gobierno podrá presentar el dato como una señal clara de consolidación del sendero descendente. Si se acerca al 2,5%, la lectura será más moderada: habrá desaceleración, pero no una baja lo suficientemente contundente como para hablar de un quiebre definitivo.
La clave estará en junio y julio. El mercado espera que la inflación mensual se acerque gradualmente al 2% y eventualmente perfore ese nivel durante el segundo semestre. Para que eso ocurra, el Gobierno necesitará sostener la estabilidad cambiaria, evitar saltos bruscos en tarifas y combustibles, contener expectativas y lograr que alimentos no vuelvan a marcar una aceleración significativa.
Por ahora, el dato que anticipan las consultoras deja una conclusión equilibrada: la inflación afloja, pero no desaparece como problema. El Gobierno recupera una señal favorable después del salto de marzo, aunque el proceso de desinflación sigue siendo frágil, lento y todavía condicionado por precios sensibles que golpean de lleno en el bolsillo de los argentinos.





