Lima – 3 Julio 2026 – Total News Agency – TNA — El Jurado Nacional de Elecciones (JNE) proclamó oficialmente este viernes a Keiko Fujimori Higuchi como presidenta electa de Perú, luego de una segunda vuelta extremadamente ajustada que dejó al país partido en dos y cerró casi un mes de incertidumbre política, reclamos opositores y revisión de actas.
La ceremonia fue encabezada por el presidente del JNE, Roberto Burneo, quien declaró electa a la fórmula de Fuerza Popular para el período 2026-2031. La líder conservadora asumirá el próximo 28 de julio, día de la independencia peruana, y se convertirá en la primera mujer elegida por voto popular para conducir el país.
De acuerdo con el cómputo oficial de la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE), Fujimori obtuvo 9.223.396 votos, frente a 9.173.755 sufragios de Roberto Sánchez, candidato de Juntos por el Perú. La diferencia final fue de apenas 49.641 votos, una distancia mínima en una elección con más de 18 millones de votos emitidos y una de las definiciones más estrechas de la historia reciente peruana.
El resultado confirmó el regreso del fujimorismo al poder después de 25 años de la caída política de Alberto Fujimori, ex presidente entre 1990 y 2000, fallecido en 2024, cuya figura continúa dividiendo a la sociedad peruana entre quienes lo reivindican por la derrota del terrorismo y la estabilización económica, y quienes lo recuerdan por las condenas por corrupción y violaciones a los derechos humanos.
Para Keiko Fujimori, de 51 años, la proclamación marca el final de una larga carrera por llegar al Palacio de Gobierno. Había perdido las elecciones presidenciales de 2011, 2016 y 2021, siempre en escenarios de fuerte polarización. Esta vez, en su cuarto intento, logró imponerse por una diferencia mínima, apoyada principalmente en el voto de Lima, sectores urbanos conservadores y el sufragio exterior, que terminó siendo decisivo para compensar la ventaja de Sánchez en parte del voto nacional y rural.
La victoria de Fuerza Popular se produce en un contexto de alta fragmentación institucional. Perú arrastra una década de inestabilidad crónica, con sucesivos presidentes, crisis parlamentarias, destituciones, protestas sociales y una profunda desconfianza ciudadana hacia la clase política. Fujimori será la novena persona en ocupar la Presidencia peruana en apenas diez años, un dato que refleja la fragilidad del sistema político del país andino.
Uno de los ejes centrales de su campaña fue la seguridad. La presidenta electa prometió una línea dura contra el crimen organizado, la extorsión, las bandas transnacionales y la inmigración ilegal asociada a redes delictivas. Entre sus propuestas figuran la construcción de nuevas cárceles, un establecimiento penitenciario inspirado en el modelo salvadoreño del CECOT, trabajo obligatorio para presos y militarización de fronteras.
En materia económica, Fujimori llega con un discurso favorable a la inversión privada, la minería, la estabilidad jurídica y la recuperación de proyectos paralizados. Los mercados recibieron positivamente su triunfo, mientras analistas internacionales observan la posibilidad de una mayor previsibilidad económica, aunque advierten que el nuevo gobierno deberá negociar con un Congreso fragmentado y sin mayoría absoluta propia.
La proclamación no despeja por completo el clima de conflicto. Roberto Sánchez rechazó reconocer la derrota y denunció presuntas irregularidades, especialmente en el voto exterior, aunque hasta el momento no presentó pruebas concluyentes que modifiquen el resultado oficial. Su sector llevó reclamos al plano legal e incluso internacional, en medio de movilizaciones de simpatizantes de izquierda que cuestionan la legitimidad del proceso.
El mapa electoral expuso una fractura territorial. Fujimori logró imponerse en centros urbanos estratégicos y entre peruanos residentes en el extranjero, mientras Sánchez conservó respaldo en zonas rurales y regiones del interior. Esa división será uno de los mayores desafíos del nuevo gobierno, que deberá evitar que la estrecha victoria derive en una crisis de gobernabilidad desde el inicio del mandato.
La llegada de Keiko Fujimori al poder también tiene impacto regional. Su triunfo se suma a una serie de avances de fuerzas de derecha y centroderecha en América Latina, en un contexto marcado por la preocupación ciudadana por la inseguridad, el crimen organizado, la inflación y el desgaste de gobiernos de izquierda. Diversos líderes conservadores de la región celebraron el resultado como parte de un giro político continental.
A partir de ahora, la atención estará puesta en la transición, la conformación del gabinete y las primeras señales hacia el Congreso, las Fuerzas Armadas, los empresarios, las regiones del interior y los sectores sociales que no votaron por ella. La presidenta electa recibirá un país con enormes expectativas, pero también con una legitimidad electoral ajustada, una oposición activa y una memoria histórica cargada por el apellido Fujimori.
El próximo 28 de julio, Keiko Fujimori asumirá formalmente la Presidencia de Perú. Su desafío será demostrar si puede transformar una victoria mínima en autoridad política suficiente para gobernar uno de los países más inestables de la región.





