La UIA aprovechó el Día de la Industria para reclamar al Gobierno condiciones que permitan competir con las importaciones sin destruir capacidad productiva. Martín Rappallini advirtió que la actividad continúa 10% por debajo de 2022 y que se perdieron unos 90.000 puestos formales. La escasa presencia del Ejecutivo en una de las principales celebraciones empresarias agregó una señal política al creciente distanciamiento entre los industriales y la Casa Rosada.
Buenos Aires – 2 de septiembre de 2026 – Total News Agency – TNA – La Unión Industrial Argentina (UIA) convirtió este miércoles la celebración del Día de la Industria en un fuerte llamado de atención al gobierno de Javier Milei: reclamó una transición que permita a las empresas competir con productos extranjeros sin continuar perdiendo producción y empleo y advirtió que estabilizar las variables macroeconómicas no alcanza si simultáneamente se deteriora la estructura productiva.
El mensaje adquirió mayor peso político por la escasa presencia del Gobierno en el encuentro realizado en la planta de Laboratorios Elea, en Los Polvorines. Frente a más de 200 empresarios y representantes de diferentes ramas productivas, la principal presencia del Poder Ejecutivo fue Pablo Lavigne, secretario de Coordinación de Producción y Comercio. La ausencia de funcionarios de primera línea contrastó con la relevancia histórica que los gobiernos nacionales suelen otorgar al encuentro anual de la principal central fabril del país.
El presidente de la UIA, Martín Rappallini, evitó plantear una impugnación general del programa económico y reconoció la importancia de la estabilización, pero expuso números que describen una situación industrial todavía crítica. Según la entidad, la producción manufacturera permanece aproximadamente 10% por debajo de los niveles de 2022, mientras algunas actividades acumulan retrocesos cercanos al 30%. Desde agosto de 2023, agregó, el sector perdió alrededor de 90.000 empleos registrados.
Los últimos indicadores del Centro de Estudios de la propia UIA refuerzan esa advertencia. La actividad industrial habría mejorado 1,4% interanual en julio, favorecida en parte por una base de comparación baja, pero retrocedió 0,6% respecto de junio en la medición desestacionalizada. Durante los primeros siete meses de 2026 acumuló además una caída cercana al 2% frente al mismo período de 2025, mientras sectores relacionados con la construcción continúan más de 20% por debajo de los niveles de 2022.
“La economía no puede medirse solamente por la inflación”, advirtió Rappallini al sintetizar una diferencia cada vez más visible entre el discurso económico del Gobierno y la percepción de buena parte del entramado manufacturero. Para la UIA, reducir la inflación y conservar el equilibrio fiscal son condiciones necesarias, pero no suficientes para desarrollar un sector industrial competitivo si continúan elevados los costos financieros, impositivos, logísticos, laborales y energéticos.
El concepto elegido por Rappallini fue la construcción de un “puente” entre la economía que la Argentina intenta dejar atrás y aquella que el Gobierno pretende integrar plenamente al mercado internacional. Ese puente, explicó, debería incluir recuperación del crédito, reducción acelerada del denominado costo argentino, combate contra el contrabando y la competencia desleal, energía a precios competitivos en todo el territorio, infraestructura destinada a exportar, disminución de la morosidad empresaria y modernización de las relaciones laborales.
La apertura comercial apareció como el principal punto de tensión. El titular fabril sostuvo que cuando Argentina abre su economía no coloca a todos los sectores nacionales bajo la misma competencia internacional, sino fundamentalmente al aproximadamente 25% de la economía que produce bienes y servicios transables, entre los cuales se encuentra gran parte de la industria manufacturera. “La industria queda expuesta a precios internacionales, pero sigue pagando costos argentinos”, resumió.
La discusión no pasa entonces únicamente por abrir o cerrar la economía. La UIA viene aceptando públicamente la necesidad de una mayor integración internacional, pero reclama que la reducción de barreras a las importaciones avance simultáneamente con reformas internas que reduzcan los costos soportados por las fábricas argentinas. Para Rappallini, si la industria es uno de los sectores que enfrenta directamente la exigencia de competir con el mundo, también necesita disponer de las herramientas necesarias para atravesar esa transformación.
Las estadísticas elaboradas por otros centros económicos describen incluso un deterioro mayor. Un análisis del Centro de Economía Política Argentina (CEPA) sobre registros de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo calculó que entre noviembre de 2023 y mayo de 2026 se perdieron 97.312 trabajadores registrados en unidades productivas industriales, una reducción del 8%, mientras la cantidad de establecimientos manufactureros con personal registrado habría pasado de 49.622 a 45.602, es decir, unas 4.020 unidades menos.
Rappallini introdujo además una advertencia de largo plazo: un país puede disponer de capital y abundantes recursos naturales, pero cuando pierde su capacidad para transformar esos recursos también reduce su posibilidad de generar riqueza adicional. La definición apunta a una discusión que atraviesa el modelo económico argentino: cuánto espacio tendrán las manufacturas dentro de una economía que busca expandirse apoyándose fuertemente en energía, minería, hidrocarburos y producción agropecuaria.
El discurso incluyó finalmente un mensaje político poco habitual en una celebración empresaria. El presidente de la UIA pidió terminar con las “descalificaciones y agresiones hacia quienes producen”, admitiendo que pueden existir diferencias profundas sobre las políticas económicas pero reclamando que el respeto forme parte de la convivencia democrática. La frase fue interpretada dentro del auditorio como una respuesta al deterioro del vínculo entre sectores industriales y funcionarios libertarios durante las discusiones sobre apertura comercial, protección industrial y competitividad.
El Día de la Industria encontró así a la UIA reconociendo los avances alcanzados en materia de estabilización pero reclamando que el Gobierno incorpore una política productiva capaz de evitar que la apertura ocurra antes que la reducción de los costos internos. La incógnita que queda después del encuentro de Los Polvorines es cómo responderá la Casa Rosada a un sector que no está pidiendo volver al proteccionismo tradicional, sino llegar a la competencia internacional con impuestos, crédito, energía, infraestructura y costos semejantes a los que enfrentan las empresas extranjeras que hoy ingresan al mercado argentino.
Fuentes consultadas: Unión Industrial Argentina (UIA); Centro de Estudios UIA; declaraciones de Martín Rappallini durante el Día de la Industria; Superintendencia de Riesgos del Trabajo; Centro de Economía Política Argentina (CEPA); Bloomberg Línea; BAE Negocios y publicaciones especializadas en actividad industrial.
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