Washington desistió de lanzar nuevos ataques contra los hutíes mientras el movimiento respaldado por Irán aseguró que no atacará buques estadounidenses en el Mar Rojo. La decisión llega cuando los combatientes hutíes consolidaron posiciones sobre Bab el-Mandeb, golpearon objetivos sauditas y colocaron a Riad ante una amenaza simultánea sobre sus dos principales corredores petroleros. Donald Trump busca evitar que la guerra regional se extienda a un nuevo frente mientras mantiene concentradas sus fuerzas sobre Irán y el estrecho de Ormuz.
Saná – 21 Septiembre 2026 – Total News Agency – TNA- Estados Unidos y los hutíes de Yemen parecen haber alcanzado una precaria fórmula de no agresión en medio de una de las fases más peligrosas de la guerra regional. Un alto funcionario hutí aseguró este lunes que el movimiento no atacará buques estadounidenses que naveguen por el Mar Rojo y el estrecho de Bab el-Mandeb, mientras medios estadounidenses revelaron que el presidente Donald Trump estuvo a punto de ordenar nuevos bombardeos contra posiciones hutíes pero desistió finalmente de hacerlo después de intensas consultas con Arabia Saudita.
Mohamed al-Bukhaiti, integrante del buró político hutí, confirmó que Washington se comunicó con representantes del movimiento después de su rápida ofensiva por la costa occidental yemení. “Confirmamos que no tenemos como objetivo a Estados Unidos ni a ninguna otra nación en el estrecho, con la única excepción del enemigo saudí”, afirmó. Al-Bukhaiti advirtió, sin embargo, que los hutíes están preparados para combatir en varios frentes si otros países se suman militarmente a Arabia Saudita.
La declaración no aparece aislada. Funcionarios estadounidenses y representantes hutíes mantuvieron recientemente contactos en Mascate, Omán, donde reafirmaron elementos de la tregua acordada en 2025: el movimiento se comprometía a no atacar barcos norteamericanos y Washington evitaba nuevos ataques aéreos directos. Estados Unidos mantiene formalmente a los hutíes dentro de su lista de organizaciones terroristas, pero la administración Trump considera prioritario impedir que la actual guerra con Irán se extienda hacia otro teatro militar que obligue al Pentágono a dividir recursos.
El cambio resulta significativo porque apenas horas antes Trump había evaluado seriamente ordenar bombardeos. Según Axios, el presidente recibió reiterados pedidos del príncipe heredero saudita Mohammed bin Salman para que Washington interviniera directamente contra las posiciones hutíes. La preocupación saudita aumentó después de la caída de Mokha, la ocupación de islas estratégicas y el avance sobre Bab el-Mandeb. Trump resolvió no abrir fuego y optó por sostener apoyo de inteligencia y asistencia no cinética a Riad, mientras unos 200 militares estadounidenses ya colaboran en territorio saudita.
El presidente también habló el domingo con el presidente del Consejo de Liderazgo Presidencial yemení, Rashad al-Alimi, cuyo gobierno cuenta con respaldo saudita. Alimi solicitó mayor asistencia militar estadounidense para contener la ofensiva hutí, pero Trump evitó comprometer fuerzas norteamericanas. La posición confirma una línea que Washington viene sosteniendo durante septiembre: proteger la libertad de navegación y asistir a sus aliados sin involucrarse directamente en otra guerra terrestre o aérea en Yemen.
La cautela estadounidense está directamente relacionada con la transformación del mapa estratégico. Los hutíes capturaron Mokha, avanzaron sobre las islas Hanish y posteriormente llegaron a Mayyun o Perim, la isla volcánica situada en medio de Bab el-Mandeb y que divide el estrecho en dos canales de navegación. Con las fuerzas del gobierno yemení en retirada, el movimiento respaldado por Irán quedó en condiciones de ejercer control militar sobre uno de los pasos marítimos más importantes del planeta.
Ese avance adquiere una importancia excepcional porque Irán mantiene simultáneamente severas restricciones sobre el estrecho de Ormuz. Arabia Saudita había construido durante décadas una estrategia destinada precisamente a no depender completamente de ese paso: el oleoducto Este-Oeste transporta crudo desde los campos orientales hasta Yanbu, sobre el Mar Rojo, permitiendo exportarlo sin atravesar Ormuz. Los ataques hutíes contra infraestructura saudita y la amenaza sobre Bab el-Mandeb debilitan ahora esa alternativa y colocan a Riad frente a lo que especialistas denominan un problema de “dos estrechos”.
Los hutíes ya demostraron que pueden trasladar esa presión estratégica hasta el interior del reino saudita. Durante el fin de semana lanzaron misiles balísticos, misiles de crucero y drones contra Riad y contra instalaciones de Saudi Aramco en Yanbu. La coalición liderada por Arabia Saudita afirmó haber interceptado un misil dirigido contra la capital, aunque se registraron explosiones y un incendio en un tanque de combustible próximo al aeropuerto. Según el portavoz militar hutí Yahya Saree, las operaciones buscaron alcanzar “sitios sensibles” de Riad e instalaciones energéticas sauditas.
El ataque contra la capital saudita atravesó además un umbral político que Riad había logrado evitar durante buena parte de la reciente escalada. Estados Unidos reaccionó ampliando sus advertencias de seguridad y restringiendo los desplazamientos de empleados gubernamentales hacia Taif y Yanbu, ciudad esta última que alberga una de las principales terminales petroleras del Mar Rojo. El Departamento de Estado advirtió que el enfrentamiento puede “escalar rápidamente” y recomendó a sus ciudadanos extremar precauciones en toda la región.
Al-Bukhaiti condicionó cualquier negociación con Riad al levantamiento del bloqueo sobre las zonas controladas por los hutíes y al libre acceso de embarcaciones a sus puertos del Mar Rojo. Mientras eso no ocurra, aseguró, continuarán los ataques contra Arabia Saudita. Al mismo tiempo, el movimiento insiste en que el resto de la navegación internacional no está amenazada y sostiene que sus acciones se concentran exclusivamente contra objetivos sauditas.
La promesa deberá ser observada con cautela. Los hutíes ya atacaron anteriormente buques comerciales bajo criterios amplios de vinculación con Israel, Estados Unidos y otros países, y su control territorial actual les otorga una capacidad mucho mayor para condicionar el tránsito marítimo. Bab el-Mandeb conecta el océano Índico y el golfo de Adén con el Mar Rojo y el canal de Suez, por lo que cualquier interrupción obliga a desviar buques alrededor del cabo de Buena Esperanza, incrementando tiempos, seguros y costos logísticos.
El efecto ya se percibe en los movimientos marítimos. Reuters informó que durante el último fin de semana atravesaron Bab el-Mandeb 51 buques, frente a 57 la semana anterior, mientras no se observaron cargas de crudo saudita desde Yanbu desde el 16 de septiembre. Paralelamente, el tránsito por Ormuz permanece muy por debajo de los niveles anteriores a la guerra y Arabia Saudita volvió a utilizar esa ruta para sacar una proporción mayor de su producción, precisamente cuando había intentado reducir esa dependencia.
La ofensiva hutí tiene además un costo humano creciente. La reanudación de la guerra desplazó a más de 110.000 personas, según cifras de Naciones Unidas recogidas por diversas agencias, mientras otras estimaciones elevan el número por encima de 125.000. Los combates dejaron cientos de muertos y obligaron a miles de civiles a abandonar zonas costeras mientras fuerzas sauditas y unidades del gobierno yemení intentan reorganizar una defensa que hasta ahora mostró profundas divisiones internas.
El episodio coloca a Trump ante una ecuación particularmente compleja. Una intervención directa podría fortalecer a Arabia Saudita y dificultar la consolidación hutí sobre Bab el-Mandeb, pero también podría romper la tregua con el movimiento, reactivar ataques contra buques estadounidenses y abrir un segundo gran frente cuando Estados Unidos continúa involucrado militarmente contra Irán. No intervenir permite conservar recursos y evitar nuevas bajas, aunque deja a uno de sus principales aliados regionales enfrentando una amenaza que afecta directamente sus exportaciones de petróleo.
Por ahora, Washington eligió contener antes que escalar. Los hutíes recibieron el mensaje y respondieron prometiendo inmunidad para los buques estadounidenses, pero no para Arabia Saudita. La paradoja es que Estados Unidos puede mantenerse temporalmente fuera del combate directo mientras el mapa militar de Yemen continúa modificándose a favor de una fuerza respaldada por Teherán y que ya no controla solamente montañas y ciudades: posee posiciones capaces de condicionar uno de los corredores marítimos de mayor valor económico y estratégico del mundo.
Fuentes consultadas: Reuters, Associated Press, Axios, Euronews, Financial Times, Departamento de Estado de Estados Unidos, antecedentes de las conversaciones de Omán, fuentes gubernamentales yemeníes y sauditas, y material suministrado a Total News Agency – TNA.
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