
“La Academia condena las acciones del señor Smith”, dijo en un comunicado. “Hemos iniciado oficialmente una revisión formal del incidente y estudiaremos otras acciones y consecuencias en concordancia con nuestros estatutos de conducta y la ley de California”. Ayer existían especulaciones de todo tipo, que incluían que a Smith le retiraran el Oscar que había ganado como Mejor Actor por “King Richard”, entre otras sanciones. Aunque, como Chris Rock declaró varias veces que no “presentará cargos” en la Justicia contra su agresor, Smith al menos evitará la eventualidad de una pena de prisión de hasta seis meses y una multa de 100.000 dólares.
Las opiniones, ayer, dividieron a Hollywood: estaban los que defendían la reacción de Smith porque lo que había hecho, decían, fue actuar como un hombre dolido ante quien se burla de una enfermedad de su esposa (alopecía) y no de un modelo de vestido o corte de pelo, y también quienes sostenían que se había excedido y, con eso, no sólo estropearía su carrera sino también alimentaría el prejuicio de que los afroamericanos son violentos de por sí.
Lo cierto es que, en la prensa internacional, no hubo nadie quien no le diera el primer plano a esta noticia y sus repercusiones, opacando con ello el resto de la ceremonia y hasta sus ganadores. En mal año, pues, triunfó como Mejor Película “C.O.D.A.; señales del corazón”, una producción independiente que ni siquiera era favorita, que no se estrenó en los cines, que está producida por la plataforma de Apple, y que transcurre en una comunidad de sordomudos.
Después del sopapo nada parecía importar demasiado, ni siquiera el premio a Kenneth Branagh o a Jane Campion como Mejor Directora. Todas las miradas se dirigían a Smith (ayer la CNN aseguró que, durante algunos minutos, los oficiales de la Academia consideraron expulsarlo de la sala). Además, faltaba que él mismo subiera al escenario a recibir su Oscar. Se disculpó, como es sabido (salvo con Rock), pero eso no impedirá que la Academia inicie formalmente las investigaciones.
Los ganadores del Oscar, como aseguró una vez Morgan Freeman, suelen olvidarse al año siguiente. Pero lo que queda para siempre en la memoria de la gente son estos escándalos. Y éste es el cuarto, de los que nunca se olvidan.
El primero ocurrió en 1973, cuando Marlon Brando, Mejor Actor por “El Padrino”, envió en su lugar a la actriz apache Sacheen Littlefeather, quien dio un discurso sobre las condiciones de vida de los aborígenes en los EE. UU. El segundo, más gracioso, tuvo lugar al año siguiente, mientras David Niven invitaba a Liz Taylor a subir al escenario para anunciar la película ganadora. Mientras hablaba Niven, a sus espaldas apareció un “streaker” (una forma de protesta de aquella época que consistía en correr completamente desnudo), lo que produjo un enorme asombro en el auditorio (salvo en Niven, que tuvo que darse vuelta para ver lo que ocurría). El streaker resultó ser el artista George Opel. Y el último papelón fue hace apenas 5 años, cuando Faye Dunaway anunció erróneamente el título del Mejor Film, que era “Moonlight” y no “La La Land” como leyó ella.





