
Guillermo Martínez: Porque “La última vez” se desarrolla a partir del desafío que se le plantea a Merton, joven y temible crítico literario: encontrar la clave, el sentido oculto, de la nueva novela de A., notorio y consagrado escritor argentino que reside en Barcelona. Interpretaciones hay muchas, pero cómo hace para dar con la que intenta ofrecer el autor y que está en el trasfondo de lo que cuenta. A. quisiera que su obra se lea en la clave que él propuso. Cuando escribía pensaba en la cantidad de interpretaciones a las que ha dado lugar la obra de Borges, muchas contradictorias entre sí. Un Borges vanguardista, clásico, filosófico, religioso, apologista de la Revolución Rusa, populista, liberal, anarquista, y no puede ser todo eso a la vez. Hay que jerarquizar de algún modo el modo de leer a los autores. Esa es la tragedia que le ocurre al escritor A. al final de su vida, supone que se va a decir cualquier cosa de él y de su obra, y que todas las interpretaciones van a estar al mismo nivel.
P.: ¿Un autor consagrado puede considerar que hay un malentendido con su obra?
G.M.: No creo que pueda pensar que nunca lo han entendido, pero sí que no se leyó lo central que quería decir, que no se vio algo que para él era lo original o decisivo. Puede sentir que se lo lee, se sigue la trama, pero no se percibe el trasfondo. Como se dice en “La última vez” se patina sobre el lago y no se ve lo que hay bajo el hielo. Los escritores tienen muchos propósitos mientras escriben, ponen elementos simbólicos, detalles, referencias, críticas, cuestiones que esperan que surjan de la lectura y que se pasan por alto.
P.: ¿A. es una mezcla de Borges y Cortázar?
G.M.: Yo pensé en Ricardo Piglia y en Roberto Fontanarrosa por la enfermedad que A. sufre, dos escritores que hasta el final de su vida estuvieron escribiendo a pesar de estar cada vez más impedidos. Eso me resultó muy impresionante.
P.: La novela especulativa, filosófica, de pronto se desliza hacia lo erótico, lo sexual. El crítico está entre la mujer del escritor enfermo y su lolita hija.
G.M.: Quería que “La última vez” se leyera como una novela policial. Lo que reemplaza al suspenso de la sucesión de crímenes o los hechos de violencia en el policial se da acá en la evolución de una especie de triángulo sexual de los distintos personajes. No tanto en la del enfermo A. con las dos mujeres que lo atienden, sino en la que tiene Merton con Morgana, la esposa de A., y con esa hija adolescente lectora del Kama-Sutra, mujeres que lo llevan a un descubrimiento que le permite entender al escritor A.
P.: ¿Eso tiene que ver con la referencia que hace A. a un cuento de Henry James?
G.M.: En “La próxima vez” James pone frente a dos escritores, uno, una mujer, de éxito infalible, el otro, el narrador de un fracaso espléndido. Me tentaba hacer una versión con personajes del mundo literario contemporáneo y fundir los dos personajes en uno solo. A A. se lo puede ver como un escritor de éxito, al que entienden demasiado, y también del escritor para pocos, de culto, que alguna vez fue. Dos imágenes que a veces conviven en ciertos escritores. El afán de que el libro llegue a muchos y la vida austera, solitaria, silenciosa, dos facetas que aparecen mucho en la obra de James.
P.: Eso le permite mostrar cómo es el mercado de la literatura.
G.M.: Más que el mercado quise señalar las diferentes maneras en que leen los distintos actores de la vida literaria. Gente que decide si conviene o no publicar una novela. Cómo leen el agente literario, el editor, el crítico. Eso está ligado a las interpretaciones que admite un texto, a veces tan diferentes y contradictorias. Para Eco la obra está abierta a que cada lector se la apropie y haga lo quiera con el texto, para Said o Sontag hay que jerarquizar la interpretación, apegarse al texto.
P.: Además, se juega con la novela en clave. La gente literaria de A. Núria Monclús es la famosa Carmen Balcells, personaje ya usado con ese nombre por Donoso y Fuentes.
G.M.: A Carmen le gustaban los “romans á clef”, un recurso de intriga que hace que se lea como si todo hubiera ocurrido, da verosimilitud. Pero esta no es una novela de chismes en la que se busca saber quién es quién. A Núria Monclús la hemos usado varios escritores. Es la primera vez que yo utilizo un personaje real para una ficción. Monclús responde a anécdotas y modos de hablar que le oí a Balcells. Además, hay referencias al mundo literario de los 90.
P.: ¿Qué está escribiendo ahora?
G.M.: Una novela policial filosófica. Luego la tercera parte de la trilogía que ocurre en Oxford.





