
El desafío de la segunda vuelta es convencer a los indecisos y a los abstencionistas, que en la primera vuelta superaron el 26% del padrón. Especialmente importante será movilizar al electorado de izquierda, árbitro de esta ajustada carrera.
Movimientos
Desde la publicación de los resultados de la primera vuelta, ganada por Macron (27,8%) por delante de Le Pen (23,1%), los dos candidatos retomaron su campaña, multiplicando los desplazamientos, los baños de multitudes y sus intervenciones en radio y televisión.
Después de una corta pausa de Pascua, las campañas lanzarán su esprint final.
La dirigente de extrema derecha efectuará un viaje antes de sumergirse en la preparación del debate del miércoles, según su entorno, y organizará su último gran mitin el jueves en Arras, en el norte del país.
Macron retomará también los desplazamientos en la recta final de una campaña que, según los candidatos, es nada menos que un “choque de civilizaciones”.
Seducción
Desde el cierre de la primera vuelta el 10 de abril, los dos finalistas no han dejado de hacer promesas ecológicas y sociales dirigidas al electorado del líder de izquierda radical Jean-Luc Mélenchon, que quedó en tercera posición con casi 22% de los votos.
El sábado, Macron, a menudo criticado por su gestión medioambiental, prometió que, si es reelegido, su política “será ecologista o no será”, mientras Le Pen se presentó como una “madre de familia” protectora de los “más vulnerables”.
A una semana de la segunda ronda, en un contexto de campaña tenso y con la extrema derecha más cerca del poder que nunca, el debate televisado del miércoles se anuncia decisivo.
El tradicional duelo celebrado desde 1974 entre ambas vueltas de todas las elecciones presidenciales en Francia estará moderado por una periodista de la cadena pública France 2 y otro de la privada TF1.
Le Pen y Macron “se juegan mucho”, estimó el sociólogo y especialista de comunicación política Philippe Riutort. En 2017, el debate fue desastroso para Le Pen, que se mostró agresiva y poco preparada ante el dirigente centrista lo que, según muchos analistas, provocó en gran parte su derrota.
Novedad
Cinco años después, la líder de extrema derecha ha suavizado su imagen, ha trabajado su programa y ha desplegado una campaña de proximidad, consiguiendo un perfil más “presidenciable”.
“Estoy preparada porque tengo experiencia, he trabajado mucho el proyecto, he afinado mi proyecto con ellos (los franceses), lo he acercado a sus realidades, sus esperanzas. Es un proyecto serio, equilibrado, presupuestado”, afirmó el viernes la candidata.
Por su lado, el presidente saliente no subestima un debate “extremadamente ajustado”, admite su entorno.
Macron, que ya no cuenta con la frescura de hace cinco años, debe intentar desmontar el programa de su adversaria, señalando los aspectos radicales que ha intentado maquillar en cuestiones como la inmigración, el islam y las instituciones.
También tratará de corregir su imagen a veces percibida demasiado a la derecha para los electores de izquierda.
Miles de manifestantes contrarios a la extrema derecha marcharon el sábado por toda Francia, un intento de recrear el frente republicano capaz de derrotar a Marine Le Pen.
Fuente Ambito





