
Manel Loureiro: Es la mezcla de recursos narrativos que están en la cabeza de la gente. Somos hijos de la generación audiovisual, eso hace que a la hora de escribir puedas aprovechar esos mecanismos para hacer una obra visual, entretenida. “La ladrona de huesos” es una historia que tiene una parte de atraco, como la película “La gran estafa”, una de espionaje, una de engaños y revelaciones, de búsqueda y descubrimiento. Es un thriller montado en un ritmo narrativo frenético para que el lector pase las páginas rápido. Hoy este tipo de novela tiene que ser una experiencia inmersiva.
P.: Muy a la época, la protagonista es una mujer de acción.
M.L.: Los personajes femeninos admiten matices de los que los masculinos carecen. Al enfrentar problemas, hombres y mujeres lo hacemos de modo distinto, racionalmente somos iguales, pero a nivel emocional muy diferentes. Nosotros tenemos tendencia a embestir el problema, las mujeres a darles vueltas y buscar la manera de abordarlo. A Laura la enfrentan a un robo imposible, en un país que no conoce, sin nadie que la ayude, sin recursos. Ella no embiste esos problemas sino que los desmenuzará y va descubriendo quién es ella. Eso hacía importante que fuera una mujer que afrontase de manera pausada y meditada los desafíos.
P.: Ya de chica era muy inteligente, ¿por eso la secuestra la KGB?
M.L.: Las escuelas de formación de espías en la Unión Soviética se basaban en la pérdida de la identidad para luego dotar de una nueva. El problema de Laura es que la han convertido en la mejor ladrona de guante blanco del mundo. Ser capaz de hacer lo que nadie logra puede ser una bendición, o una maldición. Al comenzar la novela ha perdido la memoria tras un atentado en el Santuario de Guadalupe, en México, y luego, tras sufrir el secuestro extorsivo de su pareja, está haciendo el Camino de Santiago, en Compostela, buscando, entre otras cosas, recobrar su memoria. Para un escritor que su personaje no tenga pasado es una pesadilla porque es lo que le permite definirlo y hacer que los lectores empaticen. A Laura no tener pasado la hace no tener remordimientos, que está muy bien, pero a la vez carece de todo lo que la hace única, no sabe quiénes son sus amigos, sus enemigos. Y le imponen algo tan absurdo como robar un saco de huesos que lleva siglos en el fondo de una catedral.
P.: Hay reliquias que aún mantienen un valor inmenso.
M.L.: Las reliquias tuvieron una importancia brutal en la Edad Media. No podía haber una iglesia sin su reliquia. La reliquia era la manera que tenía un ser humano de tocar la divinidad. Era lo físico de lo espiritual. Hoy ya nadie piensa que una reliquia puede ser una vía a Dios. Hay seis iglesias en seis lugares distintos de Europa que tienen el prepucio del niño Jesús. Nadie, de los cientos de miles de personas que todos los años hacen el Camino de Santiago, se plantea si los huesos son auténticos. Su importancia es un símbolo de lo que somos, de lo qué hemos sido. En un mundo pragmático como el actual, encontrar un reducto simbólico nos permite conectar con una parte de nosotros mismos que habíamos dado por perdida. Laura, que va a robar los huesos del apóstol, hace el camino que hace la gente para transformarse y se siente transformada.
P.: Su novela hace viajes al pasado y a distintas zonas del mundo.
M.L.: Tiene de puzzle. Me encantan las historias en las que no se puede dar nada por sentado, esas donde el lector tiene que ir descubriendo qué va a suceder a continuación, es una manera de conseguir una lectura que atrape. Considero que la literatura tiene que ser divertida porque va a servir como puerta a lecturas más densas y complejas, pero tiene que contener una peripecia que desafíe también a los grandes lectores, los que leen mucho y variado.
P.: ¿Defiende las literaturas de evasión?
M.L.: Cada generación tiene un género con el que se siente más identificado. Este es un momento amplio, desparejo, donde atraen el thriller, la novela negra, la histórica, la romántica, la de terror. Hay pequeños nichos que avanzan simultáneamente de forma tumultuosa.
P: ¿Comenzó con una trilogía sobre zombis para pasar los thrillers?
M.L.: Empecé a escribir ficción para escapar del ordenado mundo de la literatura jurídica, y no había nada más alejado de eso que una distopía, una historia de destrucción y caos. Es importante para un autor no quedarse en un género que se le da bien. Se corre el riesgo de caer en serie y perder mordiente.