Y un día el volcán explotó. Tormentas eléctricas, lluvias torrenciales y ventarrones pavorosos de material calcinante arrasaron en dos fases -la primera moderada, la segunda letal- con aquella tierra vasta y fecunda. Luego de la maldición de la ceniza, llegó una nevada sobrenatural, y entonces la ganadería, y las industrias y comercios que vivían de su pujanza quedaron definitivamente al borde de la quiebra.Por Jorge Fernández Díaz

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