
En estas horas, Laboratorios Raffo, uno de los más importantes de la Argentina en lo que refiere a elaboración y comercialización de medicamentos, se encuentra bajo cuestionamiento.
No por la cualidad de sus productos, que no están en discusión. Tampoco por sus finanzas, que son crecientes y millonarias.
Lo que se cuestiona es el trato a su personal, al cual, desde hace algunos meses, se le vienen recortando los beneficios. No a todos, sólo a aquellos que ofician como delegados o presuntos amigos de estos.
A ellos les niegan los viáticos, comidas y nafta. También los oportunos préstamos para que puedan cambiar su automóvil cada cuatro años. Y muchos otros tópicos. En buen romance, se trata de un castigo, hecho y derecho.
Hay un caso puntual, de un visitador médico salteño —o Agente de Propaganda Médica, para ser más precisos— que está siendo hostigado para que renuncie. No se atreven a echarlo, porque deberían indemnizarlo. Entonces lo aprietan.
Apelan a cuestiones polémicas, como impulsar a médicos a declarar contra él. Les ofrecen a cambio viajes a ostentosos congresos que se hacen fuera del país. Y presionan a otros visitadores para que no lo apoyen.
Hay un juicio en ciernes, que Raffo intenta tirar abajo a través de onerosos abogados, pero no lo logra. Intentan hacer desistir al visitador en cuestión del juicio que lleva adelante contra ellos.
La situación es grave. Muy. Y promete replicarse con otros empleados del laboratorio, que se muestran molestos por situaciones similares. Habrá novedades.
Fuente Periodico Tribuna
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