
En 1983, con el fin de la dictadura militar y el triunfo del radical Raúl Alfonsín, se sentaron las bases de una nueva Argentina democrática. Ese liderazgo había logrado la democracia real, complicado luego por la crisis económica. Pero el país se acostumbraba a la pluralidad, la ética pública, la solidaridad, la honradez institucional y la libertad de opinión.
Pero en el transcurso de los 42 años de democracia que vive el país, se fueron apreciando algunos cambios profundos en la vida política en la Argentina, que nos fue alejando de la dimensión ética de la democracia, que se había logrado en los años 80.
El primero, es el proceso de gradual erradicación del pluralismo político, de una política que tomó a los adversarios como enemigos, intimidó a la prensa libre, debilitó las defensas institucionales de la democracia, incluidos los tribunales de Justicia, los servicios de inteligencia y las oficinas de ética y convirtieron a los partidos políticos en laboratorios de autoritarismo.
El segundo, es el paulatino declive de la dimensión ética de la democracia a partir de los años 90, donde aparece la corrupción en el estado.
El tercer y último cambio que se percibe en los últimos años, es el progresivo proceso de despolitización de la ciudadanía argentina.
Hoy sigue siendo la inflación uno de los temas de mayor preocupación de la sociedad, pero a la par está el flagelo de la corrupción que azota al país desde los años 90.
La corrupción es un complejo fenómeno social, político y económico que afecta a todos los países del mundo. En diferentes contextos, la corrupción perjudica a las instituciones democráticas, desacelera el desarrollo económico y contribuye a la inestabilidad política. La corrupción destruye las bases de las instituciones democráticas al distorsionar los procesos electorales, socavando el imperio de la ley y deslegitimando la justicia.
Pero en nuestro país es un tema mucho más grave.
Recibimos con satisfacción cuando salió la Ley de Ética Pública, la que debía mejorar el sistema, para lograr una democracia orgánica que se entienda como un modo de vida en el que estén integradas la economía, la organización política y la ética social. La persona humana considerada como una totalidad y el fin en todo, tanto en el aspecto individual como en lo social. Pero, lamentablemente no funcionó.
Son vergonzosos los hechos de corrupción descubiertos, denunciados, condenados y en procesos judiciales ocurridos en gobiernos nacionales anteriores y en el actual ( al pie de la columna detallo los principales). Por lo que la lucha contra los responsables debe ser implacable.
Me parece bueno recordar que un tiempo antes de morirse, el Papa Francisco arremetió duro contra los corruptos. Bergoglio emitió una reprobación contra quienes, desde los gobiernos o las empresas, hacen de la corrupción su sistema de vida: “Tal vez comienzan con un pequeño sobre, pero esto es como las drogas: el hábito del soborno se convierte en una adicción. ¡Dan de comer a sus hijos pan sucio! Y sus hijos, tal vez educados en colegios costosos, tal vez crecidos en ambientes cultos, habrán recibido de su papá como comida suciedad, porque su papá, llevando el pan sucio a la casa, ¡habrá perdido la dignidad! ¡Y esto es un pecado grave! Porque se comienza tal vez con una pequeña mordida”.
Para Francisco la connivencia con la corrupción no es general, pero sí está muy extendida. “El corrupto camina por la vida por los atajos del ventajismo, y tiene cara de “yo no fui” y de estampita”.
Sería bueno difundir más estos conceptos del extinto Papa para comenzar a cultivar la ética, la que crea valores, es decir virtudes, como honestidad, justicia, igualdad, respeto a la dignidad humana, sinceridad, fortaleza moral, solidaridad, responsabilidad, iniciativa y espíritu de trabajo, valores todos ellos que contribuyen al desarrollo y perfección del individuo y de la sociedad.
La corrupción manifiesta hoy es la práctica de antivalores. En la antigua Grecia, y luego en Roma, no existía en los filósofos otra exigencia más sobresaliente que la ética para el ejercicio de un cargo público, para el gobierno de un pueblo. “Los que gobiernan un Estado no tienen mejor medio para ganarse fácilmente la benevolencia de la multitud que la moderación y el desinterés” de la riqueza, de los privilegios o de los favores, aconsejaba Cicerón a los políticos en su tratado sobre los deberes.
Hay que tratar de lograr lo que planteaba Platón en su famosa obra “La República”: que la política no degenere en intrigas, en corrupción y en arbitrariedades. Platón sostuvo que para que eso no pasara se debe proceder con principios éticos fundamentales, que obligan al político a ser justo y a tener como verdadera motivación el bien común de sus súbditos.
Nada tendría que estar más claro en el ejercicio de la política que el concepto de ética, sus límites, las obligaciones que acarrea y sin embargo, nada parece más difuso en la realidad.
Los hechos de corrupción más conocidos de 1990 a 2025:
-La creación de empresas fantasmas para vender al Estado guardapolvos o leche adulterada.
-El pedido de coimas a empresas extranjeras para instalar maquinarias cárnicas.
-Las primeras valijas con dinero, acaso del narco, que pasaron por Ezeiza y ante los ojos de un jefe de aduanas que no hablaba español pero era el marido de la secretaria de Audiencias de la Rosada y cuñada del Presidente.
-El contrabando de armas a Europa y a países hermanos del continente en guerra con otros países hermanos.
-La voladura de una fábrica militar como plan para borrar pruebas de ese contrabando.
-El pedido de coimas a una multinacional para informatizar las 535 sucursales del Banco Nación.
-Los escándalos en el PAMI.
-El pago de sobresueldos a funcionarios con dinero del Presupuesto destinado a seguridad.
-Los jueces afines al gobierno apuntados en una servilleta por un ministro.
-El intento de sobornar a algunos senadores para que aprobaran una ley de reforma gremial.
-El cerco financiero a los ahorros públicos.
-El asesinato de cinco personas en los alrededores de la Plaza de Mayo, veintiocho en todo el país, durante la represión a las protestas que siguieron a ese “corralito”.
-La debacle institucional de los seis presidentes en una semana.
-La droga en aviones de empresas privadas.
-Las bolsas con dólares colgadas en los baños de los ministerios.
-Los agentes extranjeros que intentaron ingresar al país.
-Más bolsas con dólares.
-La compra de dólares previos a una devaluación por parte del ex presidente Néstor Kirchner.
-Los sobreprecios en las obras públicas.
-El triple crimen de la efedrina.
-El intento del vicepresidente de hacerse con la empresa impresora de moneda.
-La compra de chatarra como trenes confiables.
-La estafa de Sueños Compartidos al amparo del Estado.
-Funcionarios que revolearon bolsos cargados de dólares y sobre un convento.
-La exigencia del pago de coimas a empresarios, anotadas con fidelidad de entomólogo por un chofer y conocido hoy como “La causa de los cuadernos”.
– Correo Argentino, se perdonó una deuda con el Estado que asciende a 70 mil millones de pesos.
-El polémico acuerdo con Qatar.
-Giro de dinero de una empresa emparentada a Odebrecht, el gigante brasileño acusado de coimas en Brasil.
-Contrabando de municiones a Bolivia.
-Compra y venta de parques eólicos.
-Irregularidades en la concesión de peajes.
-Irregularidades en la gestión de seguros
– Caso del senador Kueider.
-Promoción de la criptomoneda $Libra
-Sospechas de una red de recaudación de sobornos en la compra de medicamentos.
Fuente Mendoza Today