Todos buscan de cualquier manera sumar títulos a su historial. Aunque sea con un golpe de escritorio como este, más allá de los méritos deportivos.
El ganador de la tabla anual tenía una recompensa: ir directo a grupos de la Libertadores, privilegio de pocos y envidia de muchos. Además, desde que se inventó en 2022 la Supercopa internacional para que Racing pudiera ser el rival de Boca en un partido en Abu Dhabi, también juega una final por otra “estrella”. Y si la gana, tiene una nueva Recopa de Campeones.
No le pareció suficiente a la AFA para premiar a Central, y metió por escritorio un trofeo y un título oficial por lo que ya se había jugado y definido. Un título a medida. En el mundo del fútbol se extiende la indignación: el principio básico de no cambiar las reglas con los campeonatos ya empezados y, en este caso, ¡ya terminado!, otra vez fue pisoteado.
Pero en el Comité de la LPF no hubo un solo dirigente que pusiera una objeción o pidiera la palabra. Se habla después en off, o se tuitea, pero delante de Claudio Tapia y Pablo Toviggino son una seda, un rebaño.
Cero rebelión, cero planteos, status quo, no tomar riesgo ( arbitrajes, tribunal, programación de partidos), o saben que las ayudas pueden ir y venir, o tienen directamente una lealtad indestructible, digna de mejor causa.
Los méritos deportivos de Rosario Central son indiscutibles; este título no. Uno de los efectos indeseados es que este premio puede afectar la imagen de un grande como Fideo Di María, ovacionado con justicia en todas las canchas. No parece esta la mejor forma de preservarlo.
Holan, Cristinziano, Belloso, Broun y Di María vinieron de apuro en una camioneta a buscar la copa.
Estudiantes se despegó con un comunicado, pero estuvo en la reunión de la LPF y no dijo nada. Toviggino tuitea provocaciones.
Fuente OLE

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