Tel Aviv, 22 noviembre 2025-Total News Agency-TNA-.En un pacto que podría redefinir la medicina personalizada y catapultar avances contra enfermedades crónicas, el titán tecnológico Nvidia ha forjado una alianza tripartita de tres años con el Centro Médico Sheba de Israel –clasificado como el hospital número uno de Oriente Medio y entre los 10 mejores del mundo por Newsweek– y la Escuela de Medicina Icahn del Hospital Mount Sinai de Nueva York. La colaboración, anunciada el 18 de noviembre, despliega modelos de lenguaje grandes (LLM) de inteligencia artificial para descifrar el 98% del genoma humano no codificante –largo tiempo tildado de “ADN basura”–, un territorio genético inexplorado que alberga mecanismos reguladores clave para la salud y la enfermedad, con un potencial impacto global en diagnósticos predictivos y terapias a medida.
El proyecto, bautizado como Genomic Large Language Model (gLLM) o Genomic Foundation Model (gFM), representa un salto cuántico en la genómica computacional, integrando vastos datasets de 15.000 genomas de pacientes de Mount Sinai –a través de su programa Million Health Discoveries– con la expertise clínica de Sheba, que atiende a 4,5 millones de personas anualmente y lidera en innovación digital vía su hub ARC (Accelerate, Redesign, Collaborate). Nvidia, con su arquitectura de supercomputación BioNeMo y plataformas como DGX Cloud, aporta la potencia bruta para entrenar algoritmos que procesen terabytes de secuencias de ADN, revelando patrones invisibles a los métodos tradicionales.
“Tenemos datos masivos, y ahora enseñaremos al cerebro artificial a leerlos”, declaró el profesor Yitzhak Kreiss, director general de Sheba, en la ceremonia de firma virtual. “Esta iniciativa no es solo vanguardia en salud; es una transformación económica y científica que acelerará descubrimientos para miles de millones”. Eric J. Nestler, decano de la Icahn School, enfatizó el “poder de la colaboración global”: “Desbloqueamos el genoma inexplorado para avances que beneficiarán a pacientes en todo el mundo”. Por su parte, Michael Kagan, CTO de Nvidia, destacó el rol de sus LLMs –similares a los que impulsan ChatGPT– adaptados a la “lengua biológica” del ADN: “La IA no solo analizará variaciones genéticas; prediciendo respuestas terapéuticas, revolucionará la prevención de cánceres, enfermedades cardíacas y trastornos neurológicos”.
El foco en el ADN no codificante –regiones que regulan la expresión génica pero que representan el 98% del genoma humano secuenciado en 2003– aborda un vacío crítico. Estudios recientes, como los del Proyecto ENCODE de 2024, revelan que estas secuencias influyen en el envejecimiento, inmunidad y susceptibilidad a patógenos, pero su complejidad ha frustrado análisis convencionales. El gLLM de esta alianza empleará machine learning para mapear funciones reguladoras, identificando variantes que causan enfermedades raras o responden a fármacos como los mRNA de vacunas COVID. Inicialmente, procesará datos de Sheba’s AI Center –recién inaugurado– y Mount Sinai’s Charles Bronfman Institute for Personalized Medicine, con un equipo de 20 expertos dedicados y una inversión de decenas de millones de dólares compartida.
El impacto proyectado es monumental: diagnósticos genéticos más precisos podrían reducir en un 30% los ensayos clínicos fallidos, según estimaciones de McKinsey, ahorrando 50.000 millones de dólares anuales en pharma. En Israel, epicentro de biotecnología con 8.000 startups y exportaciones de 10.000 millones de dólares en 2024, Sheba –que ya colabora con Google y Microsoft– ve en esto un catalizador para su “medicina 4.0”. Mount Sinai, con su Windreich Department of AI and Human Health, integrará hallazgos en su red de 7 hospitales, beneficiando a 2 millones de neoyorquinos. Nvidia, líder en GPUs para IA con 80% del mercado, acelera su pivot a healthcare, tras alianzas como BioNeMo para drug discovery.
El modelo resultante será de dominio público tras validación, pero la IP derivada –patentes en terapias genéticas– quedará en manos de Sheba y Mount Sinai, fomentando spin-offs. Líderes como el profesor Gidi Rechavi de Sheba’s Cancer Research Center enfatizan: “Decodificar esta variabilidad es la llave para terapias futuras”. Alexander Charney de Mount Sinai añade: “Hacia un futuro donde cada genoma secuenciado beneficie a todos”.
Esta unión no es casual: Israel, con 1.000 patentes genómicas anuales, y EE.UU., hogar del 60% de la investigación mundial en genómica, convergen con Nvidia’s cuota del 90% en chips para IA. En un mundo post-pandemia, donde CRISPR y terapias génicas valen 20.000 millones de dólares, esta iniciativa podría acortar en años el desarrollo de curas para Alzheimer o cánceres raros. Críticos advierten riesgos éticos –privacidad de datos genéticos–, pero los socios prometen protocolos GDPR-compliant.
En Tel Aviv y Nueva York, laboratorios bullen: el gLLM no solo leerá el genoma; lo narrará, transformando “basura” en tesoro para la humanidad.

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