Buenos Aires, 11 de diciembre de 2025 – Total News Agency-TNA-El gobierno de Javier Milei avanzó en la redacción final de un proyecto de reforma laboral que será enviado al Congreso de la Nación en las próximas horas, con el objetivo declarado de modernizar el régimen laboral vigente y adaptarlo a las necesidades productivas actuales. La iniciativa, fruto de meses de debates en el denominado Consejo de Mayo entre funcionarios nacionales, legisladores, gobernadores, empresarios y representantes sindicales, propone cambios profundos en aspectos como vacaciones, indemnizaciones, despidos, jornadas de trabajo y la incorporación de nuevos mecanismos como el denominado “banco de horas”. El proyecto ya generó fuertes reacciones cruzadas: mientras sectores empresariales y algunos analistas ven en sus artículos una oportunidad para dinamizar la creación de empleo, central sindicales como la CGT y la CTA lo consideran regresivo y una amenaza a derechos laborales consolidados.
El texto recoge y amplía varias de las ideas anticipadas en borradores difundidos durante las últimas semanas. Uno de los puntos centrales es la reorganización de las vacaciones: se garantiza el derecho a vacaciones anuales pagas, como establece la Ley de Contrato de Trabajo, pero se habilita la posibilidad de que empleadores y trabajadores acuerden el fraccionamiento de ese período en tramos no menores a siete días y se extiende el período obligatorio de otorgamiento entre el 1 de octubre y el 30 de abril del año siguiente. Asimismo, se prevé que al menos una vez cada tres años los trabajadores puedan gozar de sus vacaciones durante el verano, siempre bajo condiciones pactadas y respetando el mínimo legal.
En materia de jornada laboral, el proyecto incorpora un sistema de “banco de horas”, mecanismo mediante el cual las horas extraordinarias pactadas pueden ser compensadas con períodos de descanso en lugar del pago tradicional de horas extras. El acuerdo sobre este banco deberá ser formalizado por escrito y respetar los descansos mínimos legales, tales como un intervalo de 12 horas entre jornadas y 35 horas de descanso semanal. La iniciativa también abre la puerta a que las convenciones colectivas definan métodos de cálculo de la jornada máxima por promedios y modalidades adaptadas a sectores productivos específicos.
Una de las secciones más polémicas del proyecto es la reforma del régimen de indemnizaciones por despido. La propuesta sugiere reemplazar el modelo de indemnización única vigente por un sistema de fondos o seguros sectoriales de cese laboral, financiados mediante aportes patronales, y la creación de un Fondo de Asistencia Laboral (FAL) que funcionará como respaldo para cubrir despidos en el sector privado. Según la iniciativa, cada empresa contribuiría con un porcentaje de la masa salarial –ubicado en torno al 3%– destinado a financiar futuras indemnizaciones, sin alterar en principio las obligaciones indemnizatorias del empleador al trabajador.
Adicionalmente, el proyecto redefine cómo se calculan las indemnizaciones por despido sin justa causa, excluyendo del cómputo conceptos no mensuales, como el sueldo anual complementario o gratificaciones no habituales. Esto, según expertos laborales, podría abaratar los costos indemnizatorios para las empresas, pero implicar una merma en los montos efectivamente percibidos por los trabajadores. Las modificaciones también abarcan procedimientos judiciales en casos de despido, acotando la posibilidad de reclamos adicionales por daños cuando la ruptura del vínculo laboral se produce antes del término convenido.
Desde el ámbito sindical la respuesta no se hizo esperar: la Confederación General del Trabajo (CGT) y otras organizaciones denunciaron la iniciativa como una ofensiva regresiva sobre los derechos laborales, que podría debilitar la capacidad de negociación colectiva, precarizar las condiciones de empleo y favorecer la flexibilización en detrimento del ingreso, la estabilidad y la protección social de los trabajadores. La eliminación de la ultraactividad de los convenios colectivos –que impide su prórroga automática tras el vencimiento– y la priorización de acuerdos por empresa son dos de los puntos más criticados por las centrales obreras.
El gobierno, por su parte, sostiene que la reforma no busca suprimir derechos esenciales, sino dotar al mercado laboral de reglas claras y previsibles que reduzcan la judicialización de los conflictos y estimulen la inversión productiva. Según fuentes oficiales, la intención es aprobar la ley en las sesiones extraordinarias convocadas en el Congreso, con miras a su implementación a partir de 2026. La iniciativa forma parte de un paquete más amplio que incluye también reformas tributarias y cambios en el código penal, en un contexto en el que el oficialismo confía en avanzar con su agenda legislativa tras los resultados electorales de octubre pasado.
Analistas laborales advierten que, de avanzarse con la aprobación en términos similares a los debatidos, el impacto de la reforma será profundo y podría reconfigurar tanto las relaciones individuales como colectivas de trabajo en todo el país. Los críticos sostienen que, lejos de estimular la formalización laboral, la norma podría favorecer la precarización y la reducción de derechos adquiridos por trabajadores en décadas de legislación laboral establecida. El choque entre el discurso oficial y la resistencia sindical promete prolongarse en las próximas semanas, con la espera de movilizaciones y debates intensos en el recinto legislativo.

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