Buenos Aires, 14 de diciembre de 2025-Total News Agency-TNA-La economía argentina atraviesa una fase de reacomodamiento marcada por un giro abrupto en las expectativas financieras luego del proceso electoral. Tras meses de fuerte dolarización preventiva, la demanda de divisas para ahorro se derrumbó un 95% en apenas dos meses, mientras el Gobierno proyecta que la inflación mensual caiga por debajo del 2% a partir de enero, en un escenario de mayor estabilidad cambiaria, desplome de las tasas de interés y reformas estructurales en debate en el Congreso.
El comportamiento del mercado cambiario refleja con claridad este cambio de clima. En septiembre, en pleno pico de incertidumbre política, la demanda de dólares para atesoramiento había alcanzado los USD 4.600 millones. Sin embargo, en noviembre ese monto se redujo a apenas USD 200 millones, una contracción inédita que marca el fin del proceso de dolarización defensiva que dominó los meses previos a las elecciones. Pese al shock, el tipo de cambio se mantuvo dentro de las bandas establecidas y logró estabilizarse en torno a los 1.460 pesos, incluso en un contexto de baja liquidación del sector agroexportador.
Desde el equipo económico destacan que la clave fue el fortalecimiento de la credibilidad del esquema cambiario. Según explicó el vicepresidente del Banco Central, Vladimir Werning, tras los comicios se produjo una recomposición de expectativas tanto en el mercado como entre los analistas, lo que redujo drásticamente la presión sobre el dólar. El funcionario describió la corrida previa como un verdadero “cisne negro”, al señalar que más del 50% del M2 —circulante más depósitos a la vista— se volcó a la compra de dólares o instrumentos de cobertura en moneda dura.
En este marco, el Tesoro Nacional comenzó a intervenir de manera moderada para evitar una apreciación excesiva del peso, y se espera que acelere las compras de divisas en las próximas semanas. El objetivo inmediato es reunir los dólares necesarios para afrontar vencimientos de deuda por unos USD 4.200 millones en enero. Más adelante, será el Banco Central el que tome protagonismo, en el marco de un plan de remonetización que prevé emitir pesos sin esterilizar contra la compra de dólares, fortaleciendo el balance de la autoridad monetaria.
La oferta de divisas también jugaría a favor de esta estrategia. En el corto plazo se espera el ingreso de los dólares provenientes de una campaña récord de trigo, a lo que se suman más de USD 5.000 millones captados recientemente por empresas y provincias en los mercados internacionales que aún no fueron volcados al mercado local. A esto se agrega el regreso parcial de la Argentina al financiamiento externo, evidenciado por la reciente colocación del Bonar 2029, la primera emisión en dólares desde 2018, aunque con una tasa superior al 9% que reflejó las limitaciones que impone un riesgo país cercano a los 650 puntos básicos.
La estabilidad cambiaria comenzó a trasladarse al resto de las variables financieras. Las tasas de interés registraron una fuerte baja: los principales bancos pagan entre 21% y 23% anual por plazos fijos, mientras que las entidades de menor tamaño ofrecen alrededor del 25%. También se redujeron las tasas de financiamiento de corto plazo, como la caución bursátil y el descuento de cheques, generando un alivio parcial para el crédito.
En paralelo, las expectativas de inflación muestran una tendencia descendente. El 2,5% registrado en noviembre habría marcado un techo, y las proyecciones oficiales y privadas anticipan una desaceleración gradual en diciembre para ubicarse por debajo del 2% desde enero. El último Relevamiento de Expectativas de Mercado del Banco Central proyecta incluso un índice del 1,5% mensual hacia abril de 2026.
No obstante, el frente productivo sigue encendiendo luces de alerta. Informes privados señalan caídas interanuales significativas en sectores industriales clave, con retrocesos superiores al 30% en ramas como textiles y descensos marcados en metalurgia, automotriz y caucho y plástico. La apertura comercial, el auge del comercio electrónico y el ingreso de productos importados abarataron precios en varios rubros, pero al mismo tiempo golpearon a la producción local.
En este contexto, el Gobierno apuesta a que la reforma laboral y, más adelante, la impositiva, permitan reducir el denominado costo argentino y otorguen margen de supervivencia a empresas que enfrentan una competencia externa cada vez más intensa. Para el oficialismo, se trata de una ventana decisiva para consolidar la estabilización macroeconómica y transformar el actual alivio financiero en un proceso de crecimiento sostenible.





