Buenos Aires, 19 de diciembre de 2025-Total News Agency-TNA-La política argentina volvió a exhibir esta semana una de sus constantes más persistentes: la distancia entre los discursos públicos y los acuerdos reales de poder. Mientras La Libertad Avanza avanzó en el Congreso con un entendimiento explícito con el kirchnerismo para repartirse cargos clave en la Auditoría General de la Nación (AGN), el jefe del bloque PRO en Diputados, Cristian Ritondo, estalló en críticas, denunció una violación constitucional y amagó con judicializar el procedimiento. Sin embargo, casi en paralelo, un dirigente de su máxima confianza acababa de asumir un cargo estratégico en la provincia de Buenos Aires gracias a un acuerdo con Axel Kicillof, lo que dejó expuesta una contradicción política difícil de disimular.
El detonante del conflicto fue el reparto de cargos en la AGN impulsado por el presidente de la Cámara baja, Martín Menem, con el aval de los libertarios y el kirchnerismo. La votación, realizada sin consenso de los principales bloques opositores, derivó en la designación de auditores vinculados a La Libertad Avanza, La Cámpora y al gobernador salteño Gustavo Sáenz, dejando afuera al PRO, la UCR, Provincias Unidas y la izquierda. El acuerdo fue leído en el Congreso como un pacto político de conveniencia entre el oficialismo libertario y el kirchnerismo duro para asegurarse el control de un organismo clave de fiscalización del Estado.
Ritondo reaccionó con dureza. En el recinto, advirtió que el procedimiento utilizado viola la Constitución Nacional, citó el artículo 65 y sostuvo que la AGN no puede ser tratada como un asunto de funcionamiento interno durante sesiones extraordinarias. Desde el PRO confirmaron que evalúan presentar una acción judicial para impugnar las designaciones y anunciaron que dejarán de garantizar el quórum automático en futuras sesiones. El mensaje público fue de defensa institucional y de ruptura política con los libertarios.
Sin embargo, esa postura de principios choca con un dato político reciente que relativiza el enojo. Hace apenas dos semanas, el 4 de diciembre, Matías Ranzini, dirigente de extrema confianza de Ritondo y uno de los operadores centrales del PRO bonaerense, asumió como director titular del Banco de la Provincia de Buenos Aires (BAPRO). El nombramiento no fue casual ni técnico: fue el resultado de una negociación política directa con el gobernador Axel Kicillof.
El acuerdo se cerró en la Legislatura bonaerense durante una sesión maratónica del Senado provincial, que se extendió hasta la madrugada. La “moneda de cambio” fue clara: el sector del PRO que responde a Ritondo aportó quórum y votos para que el oficialismo bonaerense aprobara un endeudamiento de hasta 3.685 millones de dólares, y a cambio Kicillof habilitó el ingreso de Ranzini al directorio del banco público más importante de la provincia. Un pacto clásico de gobernabilidad, pero que contrasta con el discurso de indignación que el PRO exhibe en el plano nacional.
La simultaneidad de ambos episodios dejó al descubierto una dinámica conocida en la política argentina: los acuerdos con el kirchnerismo son inaceptables cuando los cierran otros, pero perfectamente admisibles cuando sirven a los intereses propios. En el Congreso, Ritondo acusa a los libertarios de pactar con el kirchnerismo; en la provincia, uno de sus hombres más cercanos accede a un cargo clave gracias a un acuerdo directo con el gobernador peronista.
La escena recordó inevitablemente aquella célebre ironía de Groucho Marx: “Estos son mis principios. Si no le gustan, tengo otros”. Una frase que parece describir con precisión el doble estándar que atraviesa hoy a buena parte de la dirigencia política.
Mientras tanto, el pacto libertario-kirchnerista en la AGN ya está consumado y tendrá impacto en el control del gasto público nacional. Y el acuerdo Ritondo-Kicillof en la provincia refuerza la gobernabilidad bonaerense a cambio de espacios de poder que se traduce en dinero. Dos escenarios distintos, un mismo método: negociaciones cruzadas, discursos duros hacia afuera y pragmatismo absoluto puertas adentro.
El resultado es un clima parlamentario más tenso, con el PRO amenazando con endurecer su postura en Diputados y un oficialismo libertario que, pese a su relato antisistema, no dudó en cerrar acuerdos con el kirchnerismo para garantizarse control institucional. En el medio, la credibilidad de los discursos queda nuevamente en entredicho.

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