Miami, 21 de diciembre de 2025-Total News Agency-TNA-a política de presión de Estados Unidos sobre el sector petrolero venezolano dio en las últimas horas un nuevo paso de escalada, con la interceptación de un tercer buque tanque en aguas internacionales próximas a Venezuela, en menos de dos semanas. La medida confirma el refuerzo del bloqueo dispuesto por la administración de Donald Trump y profundiza el cerco sobre la principal fuente de ingresos del régimen de Nicolás Maduro.
Según información difundida por Bloomberg News y replicada por agencias internacionales, el petrolero Bella 1, de bandera panameña y alcanzado por sanciones estadounidenses, fue interceptado por fuerzas norteamericanas cuando se dirigía a cargar crudo venezolano. El abordaje se produjo en aguas internacionales cercanas al país caribeño y se suma a otras acciones similares realizadas durante la última semana.
La secuencia de operativos comenzó días antes, cuando la Guardia Costera de Estados Unidos abordó al superpetrolero Centuries, también con pabellón panameño, en las inmediaciones de Venezuela. Aunque esta embarcación no figura formalmente en la lista de buques sancionados, la Casa Blanca aseguró que transportaba petróleo extraído por la estatal Petróleos de Venezuela S.A. (PDVSA), una de las compañías más castigadas por las sanciones económicas de Washington.
La vocera presidencial Anna Kelly afirmó en la red social X que el cargamento tenía origen en PDVSA, lo que justificó la intervención. El antecedente inmediato fue el decomiso, el pasado 10 de diciembre, del buque Skipper, cuyo crudo fue retenido por autoridades estadounidenses como parte del mismo esquema de presión.
La escalada se enmarca en una decisión adoptada el 16 de diciembre, cuando Trump ordenó un “bloqueo total y completo” para impedir el ingreso y la salida de buques sancionados desde puertos venezolanos. En paralelo, su gobierno avanzó un paso más al designar a la administración de Maduro como una “organización terrorista extranjera”, una calificación de alto impacto político y jurídico que amplía el margen de acción de las autoridades estadounidenses.
De acuerdo con datos del sitio especializado TankerTrackers.com, decenas de buques sujetos a sanciones permanecen actualmente fondeados o navegando en aguas del Caribe asociadas a rutas de exportación venezolanas, en una señal del creciente temor de las navieras a quedar atrapadas en el endurecimiento del bloqueo.
Desde Caracas, el gobierno venezolano reaccionó con dureza y calificó la interceptación de los buques como un acto de “piratería”. En comunicados oficiales, denunció que Washington busca profundizar el bloqueo económico y forzar cambios políticos en el país y en la región, utilizando al sector energético como principal herramienta de presión.
El impacto de estas medidas es particularmente sensible para Venezuela. Las exportaciones de petróleo representan la principal fuente de divisas del país y constituyen un pilar central de su ya frágil estabilidad económica. Cada buque detenido o disuadido de operar en rutas venezolanas implica un golpe directo a los ingresos del Estado y agrava las tensiones financieras internas.
Con tres embarcaciones interceptadas en menos de dos semanas y un marco sancionatorio cada vez más amplio, la ofensiva estadounidense marca un nuevo capítulo en la confrontación con el régimen chavista. El refuerzo del bloqueo petrolero no solo eleva la presión sobre Caracas, sino que también envía una señal clara al mercado energético internacional sobre los riesgos de operar con crudo venezolano bajo el actual escenario geopolítico.

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