Washington / Caracas, 24 de diciembre de 2025-Total News Agency-TNA-El gobierno de Estados Unidos intensificó en las últimas horas su presencia militar en el Caribe con el envío de aeronaves de operaciones especiales, aviones de transporte pesado y personal militar, en un contexto de creciente presión política y estratégica sobre el régimen de Nicolás Maduro. El movimiento se produce mientras el presidente estadounidense Donald Trump evalúa abiertamente escenarios de acción más contundentes frente a Caracas, en medio del deterioro interno venezolano y del recrudecimiento del conflicto regional.
De acuerdo con información obtenida de fuentes militares estadounidenses, al menos diez aeronaves CV-22 Osprey —aviones de rotor basculante utilizados por fuerzas de operaciones especiales— arribaron a la región caribeña durante la noche del lunes procedentes de la Base Aérea Cannon, en Nuevo México. Estas aeronaves están diseñadas para misiones de inserción rápida, rescate, evacuación y operaciones de alta complejidad, lo que marca un perfil claramente táctico del despliegue.
En paralelo, aviones de transporte estratégico C-17 Globemaster III provenientes de instalaciones militares en Fort Stewart y Fort Campbell aterrizaron en Puerto Rico, según registros de seguimiento aéreo. Estas plataformas son empleadas habitualmente para el traslado de tropas, vehículos, equipos pesados y logística avanzada, lo que refuerza la hipótesis de un movimiento militar planificado y no meramente simbólico.
Fuentes del Departamento de Defensa confirmaron además el traslado de personal militar y equipamiento adicional, aunque evitaron precisar la composición exacta de las unidades desplegadas. No obstante, el perfil de las aeronaves involucradas sugiere la participación de fuerzas de operaciones especiales, en línea con escenarios de contingencia rápida en el Caribe y el norte de Sudamérica.
El refuerzo militar se inscribe en una estrategia más amplia del Comando Sur de Estados Unidos (Comando Sur de Estados Unidos), que en los últimos meses incrementó ejercicios, patrullajes y despliegues en la región bajo el argumento de combatir el narcotráfico, el crimen transnacional y las amenazas a la estabilidad hemisférica. Venezuela ocupa un lugar central en ese esquema, señalada por Washington como un nodo clave del narcotráfico regional, el contrabando de armas y la proyección de actores extrahemisféricos.
Desde la Casa Blanca, Trump endureció su retórica contra Maduro, a quien volvió a calificar como dictador y responsable del colapso institucional, económico y humanitario del país. En círculos políticos y militares estadounidenses se interpreta que el aumento de capacidades en el Caribe busca reforzar la disuasión, enviar una señal directa al régimen venezolano y mantener abiertas opciones de respuesta rápida ante eventuales escaladas.
El despliegue también tiene un componente regional. Puerto Rico, por su posición estratégica y su infraestructura militar, funciona como plataforma logística clave para operaciones en el Caribe y el norte de América del Sur. La llegada simultánea de aeronaves de operaciones especiales y transporte pesado refuerza esa función y amplía el margen de maniobra de Washington en el teatro venezolano.
Mientras tanto, el régimen de Maduro enfrenta una situación interna cada vez más frágil, con crisis económica persistente, aislamiento diplomático y tensiones crecientes dentro de sus propias fuerzas de seguridad. En ese contexto, el refuerzo militar estadounidense añade presión adicional y profundiza el mensaje de que Washington no descarta opciones más duras si Caracas continúa desafiando el orden regional y los compromisos internacionales.
Fuentes consultadas: funcionarios del Departamento de Defensa de Estados Unidos; reportes del Wall Street Journal; datos de seguimiento aéreo; información del Comando Sur de Estados Unidos; análisis de seguridad regional.

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