Tel Aviv, 25 de diciembre de 2025-Total News Agency-TNA-Una de las operaciones encubiertas más audaces del siglo XX tuvo lugar en la víspera de Navidad de 1969, cuando agentes del Mossad lograron sacar clandestinamente de un puerto francés cinco lanchas misileras destinadas a la Armada israelí, desafiando un embargo de armas, tormentas en alta mar y el riesgo permanente de una crisis diplomática internacional. Aquella maniobra no solo humilló a Francia, sino que alteró de manera decisiva el equilibrio militar en Medio Oriente.
El episodio se desarrolló en el puerto de Cherburgo, en el norte de Francia, donde cinco lanchas misileras de última generación habían sido construidas para Israel. Sin embargo, tras la victoria israelí en la Guerra de los Seis Días de 1967, el entonces presidente francés Charles de Gaulle decidió imponer un embargo de armas que dejó a Israel sin acceso a equipamiento militar clave, pese a que los buques ya estaban prácticamente terminados y pagos.
La decisión francesa supuso un golpe estratégico para Israel, cuya doctrina naval dependía de estas lanchas rápidas armadas con misiles. Frente a la negativa de París, el Mossad diseñó un plan basado en el engaño, la paciencia burocrática y una ejecución milimétrica. A través de contratos ficticios y reportes técnicos falsos, los agentes israelíes lograron convencer a las autoridades francesas de que las embarcaciones serían vendidas a una supuesta empresa civil para tareas de perforación petrolera en el Mar del Norte.
Como condición, Francia exigió que los buques fueran desmilitarizados. El requisito se cumplió de manera formal, con la remoción visible de sistemas de armas, aunque la inteligencia israelí ya había previsto su reinstalación una vez que las naves llegaran a Israel. El financiamiento de la operación contó con el respaldo de empresarios judíos influyentes, lo que añadió una apariencia de legitimidad comercial al ardid.
La fase decisiva se activó la noche del 24 de diciembre de 1969. Mientras la ciudad celebraba la Navidad y la vigilancia portuaria se relajaba, tripulaciones israelíes abordaron las lanchas y zarparon en silencio. La salida coincidió con una fuerte tormenta en el Canal de la Mancha y el Golfo de Vizcaya, una amenaza letal para embarcaciones de ese tamaño, pero también una aliada táctica: el mal tiempo reducía las posibilidades de detección y persecución.
La travesía fue extrema. Las lanchas cargaban combustible adicional, aumentando el riesgo de incendio o explosión, y debieron navegar durante días sin apoyo visible. En alta mar, un buque mercante israelí camuflado ejecutó una operación de reabastecimiento en condiciones casi suicidas, con olas violentas y marineros exhaustos luchando por mantener las embarcaciones a flote.
Cuando la desaparición de los buques fue descubierta en Cherburgo, Francia reaccionó con furia diplomática. Oficiales franceses fueron sancionados y el episodio se convirtió en un escándalo internacional, aunque en círculos militares occidentales la operación fue observada con una mezcla de indignación y admiración por su audacia.
El verdadero impacto se vería años después. Las lanchas, ya plenamente armadas, se integraron a la Armada israelí y demostraron su valor estratégico durante la Guerra de Yom Kippur de 1973. En la Batalla de Latakia, frente a la costa siria, esas mismas naves enfrentaron a buques enemigos equipados con misiles soviéticos de mayor alcance. Gracias a sistemas avanzados de guerra electrónica y contramedidas, los israelíes lograron neutralizar los ataques y destruir a la flota siria, marcando la primera batalla naval de la historia dominada por misiles guiados.
Aquella victoria confirmó que el “robo de Cherburgo” no fue solo un golpe de inteligencia, sino un punto de inflexión doctrinal. Israel pasó a consolidar una supremacía naval regional basada en tecnología, sorpresa y doctrina ofensiva, mientras Francia pagó el costo político de un embargo que terminó siendo burlado de forma espectacular.
Más de medio siglo después, la operación sigue siendo estudiada en academias militares y servicios de inteligencia como un ejemplo extremo de cómo la combinación de engaño estratégico, decisión política y audacia operativa puede alterar el curso de la historia.





