Buenos Aires, 3 de enero de 2026-Total News Agency-TNA- La vicepresidenta venezolana Delcy Rodríguez, primera en la línea de sucesión del régimen chavista, habría abandonado Caracas en un avión con destino a Rusia horas antes de que comenzara el ataque militar de Estados Unidos contra Venezuela, según información conocida en las últimas horas y confirmada por mensajes difundidos desde Moscú. Su ausencia del país en el momento de los bombardeos y de la captura de Nicolás Maduro refuerza las especulaciones sobre un movimiento preventivo ante un escenario que ya se anticipaba crítico para el poder chavista.
El presidente estadounidense Donald Trump anunció durante la madrugada de este sábado la captura de Maduro y de su esposa, Cilia Flores, tras lo que describió como un “ataque a gran escala” sobre objetivos estratégicos en Venezuela. Minutos después del anuncio, el régimen denunció una “gravísima agresión militar” y declaró el estado de excepción, luego de que se registraran fuertes explosiones en Caracas.
En un comunicado oficial, las autoridades chavistas repudiaron la ofensiva estadounidense y llamaron a la movilización interna. “Venezuela rechaza, repudia y denuncia ante la comunidad internacional la gravísima agresión militar perpetrada por el gobierno actual de los Estados Unidos de América contra territorio y población venezolanos”, señaló el texto difundido por los canales oficiales del régimen, en un tono que contrastó con la ausencia física de su principal figura de continuidad política.
La información sobre la salida anticipada de Delcy Rodríguez cobró relevancia cuando, ya iniciado el ataque, la vicepresidenta emitió un mensaje desde Moscú, confirmando de hecho que no se encontraba en territorio venezolano. Su presencia en Rusia —uno de los principales aliados estratégicos del chavismo— se produjo antes de que comenzaran los bombardeos estadounidenses, un dato que genera interrogantes sobre el nivel de conocimiento previo que tenía la cúpula del régimen respecto de la inminencia de la ofensiva.
En la madrugada del sábado, Rodríguez rompió el silencio con un audio transmitido por la televisión estatal venezolana, en el que afirmó desconocer el paradero de Maduro y de la primera dama. “Ante esta brutal situación y ante este brutal ataque, nosotros desconocemos el paradero del presidente Nicolás Maduro y de la primera dama, Cilia Flores”, expresó. En el mismo mensaje, exigió al gobierno de Trump una “fe de vida inmediata” de ambos, reclamando pruebas de que se encontraban con vida tras la operación militar.
La vicepresidenta reiteró además que permanecen activos los llamados “planes de defensa integral de la nación”, luego de que el régimen decretara el estado de excepción. En los hechos, su pronunciamiento la posicionó como la principal voz institucional del chavismo en medio del colapso del mando político y militar que siguió a la captura de Maduro.
Mientras tanto, otras figuras centrales del régimen intentaron mostrar cohesión interna. El ministro del Interior, Diosdado Cabello, apareció en la televisión estatal para lanzar consignas de resistencia. “No es la primera lucha ni la primera batalla contra este pueblo. Al final de estos ataques, nosotros venceremos”, afirmó, cerrando su mensaje con consignas de lealtad al proyecto chavista.
En paralelo, el canciller venezolano Yván Gil anunció que el régimen solicitó una reunión urgente del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. “Ante la agresión criminal cometida por el gobierno de los EE. UU. en contra de la Patria, hemos solicitado una reunión urgente del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, responsable de hacer valer el Derecho Internacional”, escribió en su canal oficial de Telegram.
Desde Estados Unidos, el senador Marco Rubio volvió a pronunciarse en términos contundentes tras la caída del líder chavista, al sostener que “Maduro no es el presidente de Venezuela”, en línea con la postura histórica de Washington sobre la ilegitimidad del régimen.
La confirmación de que Delcy Rodríguez se encontraba fuera del país, específicamente en Rusia, antes del inicio del ataque estadounidense, agrega un elemento clave a la reconstrucción de los hechos y plantea interrogantes sobre el futuro inmediato del poder en Venezuela, en un contexto marcado por el vacío de liderazgo, la presión militar externa y la fractura del mando político chavista.

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