Madrid/Brasilia/Ciudad de México, 7 de enero de 2026-Total News Agency-TNA- Seis países gobernados por coaliciones o liderazgos de izquierda expresaron un rechazo coordinado y contundente a la intervención militar de Estados Unidos en Venezuela y a la captura de Nicolás Maduro y Cilia Flores, al denunciar una vulneración de la soberanía regional y advertir sobre el peligro que corren los recursos estratégicos del país caribeño. La postura conjunta marca una clara distancia política e ideológica con la estrategia impulsada por Washington y refuerza un eje diplomático crítico de la vía militar.
El comunicado fue firmado por España, Brasil, Chile, Colombia, México y Uruguay, todos con gobiernos de signo progresista o de centroizquierda. Según trascendió en ámbitos diplomáticos, la respuesta fue coordinada y buscó enviar una señal política inequívoca frente a lo que calificaron como acciones unilaterales del gobierno de Donald Trump.
En el texto, los firmantes sostienen que el operativo militar estadounidense constituye un quiebre de las normas básicas del derecho internacional y sienta un precedente peligroso para la región. En ese marco, identifican tres puntos críticos que, a su entender, amenazan la estabilidad continental. En primer lugar, rechazan de manera explícita el uso y la amenaza de la fuerza, recordando que la integridad territorial de los Estados es un principio innegociable del sistema internacional. En segundo término, expresan una preocupación específica por la soberanía sobre los recursos naturales venezolanos, al vincular directamente la intervención con el interés estratégico de Estados Unidos en las vastas reservas energéticas del país. Finalmente, reafirman el concepto de América Latina y el Caribe como “zona de paz”, basada en la no intervención y el respeto mutuo entre naciones.
El comunicado subraya que la caída de Maduro no debería derivar en un tutelaje externo ni en una reconfiguración forzada del poder bajo presión militar. Por el contrario, los gobiernos de izquierda sostienen que la crisis venezolana debe resolverse exclusivamente por vías pacíficas y a través de un proceso político inclusivo, liderado por los propios venezolanos, sin injerencias extranjeras ni condicionamientos geopolíticos.
En línea con esa posición, el bloque elevó un pedido urgente a los organismos internacionales y reclamó la intervención de la Organización de las Naciones Unidas. En particular, exhortó al secretario general António Guterres a asumir un rol activo de mediación para desescalar la tensión y evitar una expansión del conflicto. Al mismo tiempo, convocaron al resto de los países del continente a preservar la estabilidad regional y a impedir que la crisis venezolana derive en un escenario de confrontación abierta.
La postura adoptada por España, Brasil, Chile, Colombia, México y Uruguay contrasta de forma directa con la de otros gobiernos de la región que respaldaron la intervención estadounidense o celebraron la caída del régimen chavista. En particular, el comunicado deja en evidencia una fractura política en América Latina, con un bloque de países alineados con una lectura soberanista y crítica del accionar de Washington, frente a otros que priorizan la cooperación estratégica con Estados Unidos.
En los círculos diplomáticos, se interpreta que España, Brasil y México emergen como los principales articuladores de este rechazo a la vía militar, promoviendo una salida negociada bajo el paraguas de las Naciones Unidas. Para estos gobiernos de izquierda, el precedente venezolano no solo pone en discusión el futuro del país caribeño, sino también el equilibrio regional y el control de recursos estratégicos en un contexto de creciente disputa global.
El pronunciamiento conjunto refuerza así un mensaje político claro: más allá del colapso del régimen de Maduro, la intervención armada extranjera es considerada por este bloque como una amenaza mayor que la crisis que pretende resolver, y abre un debate de fondo sobre soberanía, recursos y poder en América Latina.

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