Buenos Aires, 5 de enero de 2026 – Total News Agency-TNA-El gobierno de Javier Milei atraviesa horas de extrema cautela en su lectura sobre el futuro del chavismo en Venezuela, luego de la captura y extracción de Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, en una operación encabezada por Estados Unidos. En la Casa Rosada predomina una estrategia de bajo perfil comunicacional y un marcado alineamiento con Washington, bajo la convicción de que el desenlace político en Caracas dependerá casi exclusivamente de las negociaciones que la administración de Donald Trump mantenga con los resabios del poder chavista.
Tras las primeras declaraciones públicas realizadas el sábado posterior al operativo, el Presidente y su círculo más cercano optaron por un esquema de “wait and see”. Funcionarios de alto rango sostienen que las señales ya fueron dadas y que ahora se abre una etapa sensible, en la que cualquier definición apresurada podría alterar un proceso de transición que consideran frágil y todavía en construcción. Desde Balcarce 50 insisten en que la Argentina acompañará “sin matices” el camino que marque Estados Unidos.
El sábado mismo de la captura de Maduro, Trump había afirmado que su país “gobernaría” Venezuela, una frase que generó ruido diplomático y que fue luego matizada por el secretario de Estado, Marco Rubio. El jefe de la diplomacia estadounidense habló de una suerte de “cuarentena” militar y energética, especialmente sobre las exportaciones petroleras, como herramienta de presión para condicionar al nuevo liderazgo político que comienza a delinearse en Caracas. En la Casa Rosada interpretan que el discurso de Washington se irá modulando en función de la respuesta interna del chavismo y del comportamiento de las Fuerzas Armadas venezolanas.
Una de las certezas que manejan en el Gobierno argentino es que la Casa Blanca eligió a Delcy Rodríguez como figura central del proceso de transición. En el entorno de Milei consideran que Washington apuesta a su capacidad para comprender y ejecutar reformas económicas que faciliten una apertura controlada, con incentivos vinculados a inversiones petroleras. Rodríguez es vista como una dirigente pragmática dentro del régimen, con antecedentes en la flexibilización de algunas políticas de corte socialista, lo que explicaría la decisión estadounidense de otorgarle un margen de maniobra limitado pero concreto.
La Argentina, sin embargo, evita involucrarse de manera directa en esas definiciones. Milei se limitó a expresar su respaldo total a las decisiones que adopte Estados Unidos y dejó en claro que, si Washington requiere apoyo político o diplomático, “lo va a tener”. Desde la cúpula gubernamental remarcan que el objetivo final es colaborar para que, una vez resuelta la transición, Venezuela pueda encaminarse hacia un gobierno democrático y republicano. En ese marco, subrayan que la Casa Rosada es el único gobierno de la región dispuesto a una cooperación tan explícita con la Casa Blanca.
En las horas posteriores al operativo, el Ejecutivo argentino había deslizado que figuras como María Corina Machado y Edmundo González Urrutia debían ocupar un rol relevante en el corto plazo. El propio Milei llegó a afirmar que González Urrutia había ganado las elecciones y contaba con un mandato legítimo. No obstante, esa postura se fue ajustando tras declaraciones de Trump que relativizaron el papel del ex candidato opositor y cuestionaron la capacidad de Machado para liderar el país en esta etapa.
Puertas adentro, la lectura que se impuso en la Casa Rosada es más cruda: Maduro construyó un Estado paralelo, con lealtades profundas en los sectores políticos, empresariales y militares. Colocar de manera abrupta a un dirigente sin anclaje real en esas estructuras podría derivar en un escenario de caos. Por eso, entienden que cualquier salida deberá ser gradual y negociada, con participación de distintos actores opositores en una etapa posterior.
Mientras tanto, el Gobierno argentino sigue con atención la reacción de las Fuerzas Armadas venezolanas, especialmente del ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, quien en las últimas horas exigió la liberación de Maduro y denunció un supuesto “colonialismo” estadounidense. En Buenos Aires observan si Delcy Rodríguez logra despegarse de esa línea dura o si termina subordinada a la presión militar.
Funcionarios con diálogo fluido con Washington creen que, pese a la tensión, se encamina un acuerdo de transición y descartan, por ahora, una nueva oleada de ataques. Coinciden con Rubio en que la ventana de oportunidad es acotada, de semanas o pocos meses, y que las decisiones que se tomen en ese lapso serán determinantes.
En ese contexto, Milei no mantiene contactos formales con Machado ni con González Urrutia, aunque sí se confirmaron intercambios permanentes con la administración Trump, el Congreso estadounidense y distintos centros de pensamiento. El mensaje argentino es claro: respaldo inequívoco a la operación que terminó con la captura de Maduro y disposición plena a colaborar en el rediseño político de Venezuela, sin interferir en las decisiones estratégicas que adopte Estados Unidos.
Fuentes consultadas:
Declaraciones oficiales de la Presidencia de la Nación; comunicados del Departamento de Estado de Estados Unidos; declaraciones públicas de Donald Trump y Marco Rubio; información diplomática aportada por la embajada argentina en Washington; reportes de agencias internacionales y medios regionales.

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