Buenos Aires, 6 de enero de 2026 – Total News Agency-TNA-El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, volvió a generar impacto e incertidumbre al referirse públicamente a la situación en Venezuela, al asegurar que “van a cerrar” El Helicoide —la emblemática prisión del aparato represivo chavista— y burlarse del exmandatario Nicolás Maduro, aunque sin ofrecer precisiones concretas sobre los pasos que seguirá Washington tras la destitución del líder venezolano.
Las declaraciones se produjeron durante un encuentro con legisladores republicanos en el Kennedy Center de Washington, donde Trump combinó anuncios políticos y militares con sarcasmo y gestos teatrales. En ese marco, ironizó sobre las últimas apariciones públicas de Maduro antes de su captura. “Se sube ahí y trata de imitar mi baile”, dijo, en alusión a los actos en los que el dirigente chavista se mostraba bailando bajo el lema “No War, Yes Peace”.
En el mismo discurso, el mandatario estadounidense afirmó que “están cerrando” El Helicoide, sin detallar quién impulsa la decisión ni bajo qué marco institucional se llevaría adelante. “Tienen una cámara de tortura en pleno centro de Caracas que están cerrando”, agregó, sin precisar plazos ni el alcance efectivo de la medida.
El Helicoide, originalmente concebido como un centro comercial y de exposiciones con una estructura espiralada, se transformó con los años en la sede del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (SEBIN) y en uno de los principales centros de detención de opositores políticos en Venezuela. Organismos internacionales como la Organización de los Estados Americanos, Human Rights Watch y Amnistía Internacional denunciaron en reiteradas oportunidades detenciones arbitrarias, torturas y graves violaciones a los derechos humanos en ese lugar.

Trump realiza un gesto burlon ante senadores
Trump también rechazó las críticas demócratas contra la captura de Maduro y recordó que durante la gestión de Joe Biden también se reclamaba el arresto del líder venezolano por cargos vinculados al narcotráfico. “Han estado detrás de este tipo durante años”, sostuvo, y afirmó que existía un consenso bipartidista en Washington respecto de que Maduro no era el presidente legítimo de Venezuela.
En otro tramo de su exposición, el mandatario se permitió una digresión al celebrar su política económica y arancelaria, e incluso imitó al presidente francés Emmanuel Macron, teatralizando una supuesta conversación sobre precios de medicamentos, en un gesto que provocó risas entre los legisladores republicanos.
Más allá del tono, el discurso dejó en evidencia la ambigüedad de la estrategia estadounidense hacia Venezuela. Declaraciones previas de Trump y del secretario de Estado, Marco Rubio, sugieren por momentos que Estados Unidos controla las principales palancas de poder en Caracas, mientras que en otras instancias descartan una administración directa del país y avalan la continuidad provisional de funcionarios subordinados al esquema chavista.
Esa falta de definiciones volvió a quedar expuesta cuando Trump aseguró que Estados Unidos “no está en guerra” con Venezuela, aunque admitió que Washington podría involucrarse durante un período prolongado. En ese contexto, mencionó que un equipo integrado por Rubio, el secretario de Defensa Pete Hegseth, el asesor Stephen Miller y el vicepresidente JD Vance supervisaría el proceso, sin precisar funciones ni límites. Consultado sobre quién sería la máxima autoridad, respondió sin rodeos: “Yo”.
Posteriormente, Miller afirmó que Trump encomendó a Rubio encabezar la implementación de reformas económicas y políticas en Venezuela y aseguró que Washington cuenta con una cooperación “plena y total” del gobierno en Caracas, una afirmación que contrastó con la ausencia de anuncios concretos. Trump descartó además elecciones en el corto plazo, al sostener que “primero hay que arreglar el país”.
Rubio, por su parte, señaló que Estados Unidos utilizará el régimen de sanciones, especialmente sobre el sector petrolero y las bandas criminales, como principal herramienta de presión. Sin embargo, una sesión informativa a puertas cerradas con legisladores no logró disipar las dudas sobre el alcance, la duración y los límites del involucramiento estadounidense.
La falta de claridad alimentó la preocupación de sectores del Congreso, en especial entre los demócratas, que temen que Trump esté avanzando hacia una nueva etapa de expansionismo sin un plan detallado ni consulta legislativa. El presidente de la Cámara de Representantes, Mike Johnson, afirmó que no espera un despliegue de tropas ni una operación de “cambio de régimen”, aunque los líderes opositores coincidieron en que la sesión no aportó definiciones sustantivas.
La incertidumbre actual contrasta con los extensos procesos de planificación que precedieron a intervenciones militares pasadas, como la de Irak en 2003, y deja abierto el interrogante sobre cuál será el verdadero rumbo de la política estadounidense en Venezuela tras la caída de Maduro.
Fuentes consultadas:
Associated Press (AP); ANSA; The New York Times; NBC News; declaraciones públicas de Donald Trump; comunicados del Departamento de Estado de Estados Unidos; informes de organismos internacionales de derechos humanos.

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