WASHINGTON, 10 de enero de 2026 – Total News Agency-TNA-El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, volvió a sacudir la agenda internacional al referirse públicamente al Premio Nobel de la Paz otorgado a la líder opositora venezolana María Corina Machado, al confirmar que mantendría un contacto directo con ella “el martes o el miércoles” y al sugerir que podría recibirla en la Casa Blanca si decide ofrecerle simbólicamente su galardón.
Las declaraciones se produjeron durante una extensa conferencia de prensa posterior a una reunión de alto nivel con ejecutivos de grandes compañías petroleras, convocada para avanzar en un ambicioso plan de inversiones privadas en Venezuela que, según Trump, podría alcanzar los 100.000 millones de dólares. En ese marco, el mandatario combinó definiciones geopolíticas, gestos teatrales y comentarios personales, manteniendo el foco mediático incluso cuando interrumpió el encuentro para observar las obras del futuro ballroom presidencial.
Trump evitó mencionar a Machado por su nombre y la describió reiteradamente como “la señorita que recibió el Nobel de la Paz”, un premio que el propio mandatario considera injustamente negado a su figura. “Tenemos a la joven que recibió el Nobel de la Paz. Va a venir y retribuirle a nuestro país… a mí, aunque yo solo represento al país”, afirmó, insinuando que Machado podría visitarlo en los próximos días.
Consultado sobre si ese gesto modificaría su posición respecto de un eventual rol de Machado en el gobierno venezolano, Trump se mostró ambiguo. Si bien volvió a descartar que la dirigente opositora asuma en este momento la conducción política de Venezuela —al sostener que “no tiene apoyo ni respeto suficiente”—, reconoció que deberá hablar con ella y dejó abierta la posibilidad de algún tipo de participación futura. “Tengo que hablar con ella. Podrían involucrarse de alguna manera”, afirmó.
El episodio volvió a exponer la obsesión personal de Trump con el Nobel de la Paz, un reconocimiento que considera merecido por haber puesto fin, según su relato, a “ocho guerras”. En ese contexto, arremetió contra el Comité Nobel y recordó que el expresidente Barack Obama recibió el premio “sin saber por qué”, reforzando su narrativa de agravio personal.
La eventual entrega simbólica del Nobel por parte de Machado generó especulaciones sobre el impacto político y simbólico del gesto, que podría dejar en una posición incómoda a los organizadores del premio en Oslo. Sin embargo, el Instituto Nobel fue tajante: su portavoz, Erik Aasheim, recordó que el galardón “no puede revocarse ni transferirse”, aunque aclaró que el ganador es libre de disponer del dinero del premio como considere.
El debate se vio alimentado por declaraciones del exasesor de Seguridad Nacional de Trump, John Bolton, quien recomendó públicamente a Machado entregar la medalla al presidente estadounidense como forma de desactivar tensiones. Bolton incluso ironizó con la posibilidad de que Trump retire de la Casa Blanca el Nobel otorgado en 1906 a Theodore Roosevelt, cuyo premio cuelga en la Sala Roosevelt.
Más allá del Nobel, la jornada estuvo marcada por el tono personalista del mandatario. Trump exhibió un pin con su caricatura, al que llamó “Happy Trump”, leyó en voz alta una nota privada que le pasó el secretario de Estado Marco Rubio, y bromeó con el vicepresidente JD Vance frente a las cámaras. En uno de los momentos más comentados, interrumpió el discurso para observar por la ventana el avance de las obras del futuro salón de baile presidencial, un proyecto de 200 millones de dólares inspirado en su residencia de Mar-a-Lago.
Trump explicó que el nuevo ballroom, con capacidad para unas 650 personas y con sistemas de seguridad reforzados, resolverá —según dijo— las limitaciones de espacio de la Casa Blanca y permitirá recibir a cientos de empresarios interesados en invertir en Venezuela. “No habrá nada igual en el mundo”, prometió, en un cierre que volvió a mezclar política, espectáculo y ambiciones personales.
Entre el Nobel que no obtuvo y el ballroom que sí tendrá, Trump volvió a dejar en claro que su agenda internacional se mueve tanto por cálculos geopolíticos como por impulsos simbólicos, con María Corina Machado y la crisis venezolana como telón de fondo de una escena cuidadosamente protagonizada por él mismo.
Fuentes consultadas:
Reuters, Associated Press, EFE, declaraciones oficiales de la Casa Blanca, Instituto Nobel, coberturas internacionales sobre Estados Unidos y Venezuela.

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